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Volver a ver Interestelar en la pantalla grande es, como dice la canción, la gloria. Cuando Christopher Nolan estrenó Interestelar en 2014, nos presentó una experiencia que trasciende en el sentir artístico y, en resumen, una de las películas favoritas de muchos, de esas que se pueden ver cincuenta veces y luego perder la cuenta como si de copas de Martini se tratara.
La premisa, a grandes rasgos, es la búsqueda de un grupo de científicos y exploradores, encabezados por Cooper, para encontrar un lugar con las condiciones necesarias para reemplazar a la Tierra y garantizar el futuro de la raza humana en ese nuevo lugar.
En el corazón de Interestelar está la ciencia: agujeros de gusano, relatividad del tiempo y la teoría de dimensiones superiores, pero para qué adentrarse en complejidades científicas cuando el verdadero viaje es hacia lo más profundo de la humanidad.
¿Qué significa ser “humano”? es la pregunta que retumba durante varios días (o una década) después de verla por primera vez. La relación entre Cooper y su hija, Murphy (interpretada por Mackenzie Foy y Jessica Chastain), es el eje emocional de la historia. Aquí radica la más ambiciosa apuesta de la cinta: argumentar que el amor, aunque intangible y subjetivo, tiene un peso equiparable al de las fuerzas físicas que rigen el universo.
Por otro lado, Nolan nos recuerda su capacidad para crear un espectáculo visual sin depender exclusivamente de la animación digital. La película fue filmada en 35 mm y 70 mm IMAX, lo que maximiza la sensación de inmersión frente a lo infinito. De hecho, se dice que su representación de agujeros negros, en particular, marcó un antes y un después en el cine de ciencia ficción.
Otra de las grandes virtudes de la cinta es su banda sonora de Hans Zimmer, quien usó órganos para crear una atmósfera sonora que amplifica tanto la inmensidad del universo como los momentos más íntimos. Hoy, su concierto es uno de los más queridos en la industria musical.
Con una advertencia ecológica de por medio y unos planos que, lejos del surrealismo, se acercan a un estado emocional, Interestelar goza de una sensibilidad y belleza estética en la que uno quisiera quedarse a vivir. Vale bien la pena en este punto recordar uno de sus más famosos diálogos: “Te amo, para siempre. Y voy a volver. Voy a volver.” Y volveremos las veces que sean necesarias para seguirte admirando, no importa cuántas décadas más pasen. Interestelar.