Si la mano del hombre recorre la negra cascada brillante y sedosa que voluptuosamente desciende por la espalda de la mujer amada, se encienden los deseos más escondidos.
La entrega de los documentos fue efectuada en dos ceremonias, hecho que permite reafirmar el papel de la Autónoma de Tlaxcala en el desarrollo de la entidad
La gobernadora Lorena Cuéllar aseveró que el objetivo del proyecto de la denominada Ciudad de la Juventud es para ofrecer condiciones dignas de esparcimiento
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¡Entrelazando el cabello femenino, con mazorcas del campo tlaxcalteca, se teje la vida de esta tierra!… ¡terciados, alcanzan lo simbólico!... ¡nuestra vida agrícola! --la que pretende escapar de su destino--, en ese mundo sobresale, la trenza de las mujeres nuestras. La mujer tlaxcalteca que posee cabello largo, tiene un lujo tantas veces envidiado. Por la noche, lo trenza para dormir cómodamente. Pero en la mañana, rehace su lujo, de trenza acicalada y bella.
Asi, amorosamente cuida su entretejido pelo. Nuestras mujeres de la comunidad rural, se involucran en las tareas de siembra y cosecha del maíz. Esa es su cultura y su vida y en ella, nuestros pueblos han hilvanado en las décadas, sus tradiciones más preciadas. La trenza distingue, es tradición y símbolo.
Es elegancia y orgullo. Es digna de que el arte la exalte, y eso es lo que hace la tlaxcalteca Malena Díaz, quien dirige el museo del pulque en Soltepec y una galería de arte en Santa Barbara. De sus cavilaciones, y amor por esta tierra, construye una filosofía propia, a partir de las trenzas de la mujer del campo y las mazorcas.
Esas lindas mujeres que, con delicadeza, tejen su largo cabello en tres porciones que entrelazan y adornan con listones y portan con orgullo, a lo largo de su vida. Es una forma de peinarse, muy propia de la tierra, es costumbre unida a los quehaceres, pero que ahora Malena Diaz, le encuentra “parentesco”, entre la vida del campo y la alimentación; es baluarte que no debe ni olvidarse y menos desecharse. En los siglos, ha sido la abuela, “quien la siembra” a su hija y está con las nietas. El cabello femenino, en las artes del amor, entraña un placer callado sentimental y sensitivo.
Es un placer que no a cualquiera se permite --solo a aquel a quien se quiere--, porque ese recorrido sensitivo, llega a las intimidades más humanas. Las que él cuerpo guarda en sus rincones más sagrados, solo equiparables a los labios o a la piel. Exige respeto y se permite solo, que sea la mirada traviesa masculina quien contemple aquella hermosa cabellera larga y bien cuidada, que destella con el sol y despierta las codicias de las demás mujeres.
Cuando una cabellera relumbra, --ya sea castaña o en su negro de obsidiana--, es una invitación al amor, que flota entre la brisa y el andar. Malena Diaz, ama seguramente con profundidad a su tierra, porque en el símbolo de la trenza mira la complicidad social y cultural entre las mujeres y el campo.
Ella imagina que, en una larga trenza, bien pueden atarse y desatarse largas trenzas de mazorca. Atarse y desatarse los amores, los deseos y hasta las complicidades. Las mejores mazorcas de la cosecha nueva se preservan como futura semilla. Asi, sin manipulación genética de mercados ambiciosos, se han alcanzado especies mejoradas. Su preservación es una tarea social y cultural que logra lo que los ambiciosos no alcanzarán jamás.
Una mazorca es hermosa, es un regalo de los cielos, de los soles, de las lluvias, nos fue dada para la alimentación, y no se vale que el comercio despiadado la hiciera objeto de transformación industrial para someternos a la dictadura del estomago y del hambre. La cultura campesina ha encontrado en ella infinidad de alimentos que garantizan nuestra estancia y peregrinar en el planeta. Pero su cultivo, ha creado una prodigiosa cultura; igual su recolección y preservación. Ha producido conocimiento que asombran.
En el quehacer de su cultivo las familias se estrechan, los grupos de apoyan, se hermanan, se comprometen, se vuelven solidarios, y establecen parentescos y festejos, alegrías y sepultan sus tristezas. El maíz une a los hombres y mujeres. Ixtenco --pueblo mágico del maíz-- es comunidad que te recibe con sus portones hogareños trenzados de mazorcas, como símbolo de creencias del presente y el futuro.
En la trenza de las mujeres nuestras, unidas a las mazorcas, se entreteje la unión, entre lo cósmico y lo terreno, con la vida humana que siembra y cosecha. Por eso se dice, que en la trenza femenina encontramos entrelazada la vida campesina con la comunidad entera. Simón y Ana, --personajes bien conocidos en Ixtenco--, guardan con celo, un banco voluntario de maíz, que atesora hasta ciento ochenta colores distintos.
Son la riqueza social protegida de las mescolanzas artificiosas y convenencieras. Un patrimonio del pueblo, alejado de los codiciosos mercaderes, que en todo miran apropiarse de la riqueza ajena. Esa previsión garantiza su existencia y su pureza. La trenza femenina tlaxcalteca, como símbolo enlazado a una larga trenza de mazorcas, entreteje en sí, el amor de un pueblo. Y el cabello esplendoroso de la mujer joven o madura, la porta con orgullo. ¡es cierto! ..., un cabello largo requiere cuidados especiales.
La trenza de mi abuela, relumbraba de hermosa, y ella la peinaba en un ritual de asombro, lustrándola con grasa de cerdo frotada con esmero y ese lustre perduraba. Pero Malena Diaz logra verdaderas obras de arte, al continuar la trenza femenina tlaxcalteca, con entretejidas mazorcas de maíz que plasma, en admirables fotografías. En esta tierra nuestra la vida se trenza entre la mazorca, la mujer del campo y la alimentación de todos y de orgullo nos cabe que las trenzas sean lo mas hermoso de las lindas mujeres de la tierra tlaxcalteca.