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Circula en redes un video donde en una fiesta en Oaxaca celebran el “matrimonio” de dos menores de edad, de no más de 12 o 13 años, a quienes además se les daba a beber alcohol. Usos y costumbres, le dicen. Violencia y destrucción de personas -especialmente de niñas-, es lo que debería entenderse en cada una de esas ilegales y abominables uniones. Vergonzoso que autoridades locales no solo no detengan, sino las permitan y hasta alienten.
El matrimonio infantil y las uniones tempranas son problemáticas con efectos devastadores que afectan a millones de jóvenes en todo el mundo, y México no es la excepción. A pesar de que se argumente la costumbre o lo que sea, la ley, la legislación mexicana, establece desde 2019 en todo México la prohibición de cualquier matrimonio o unión antes de los 18 años, eliminando las excepciones previas para menores de 16 o 14 años. Así pues, la edad mínima para contraer matrimonio es de 18 años, lo demás es ilegal. Nada más qué alegar.
Según datos de UNICEF, actualmente se estima que un 14 % de las mujeres en México se “casan” antes de los 18 años, con tasas que alcanzan hasta el 30 % en comunidades rurales de Chiapas, Guerrero y Oaxaca, estados notablemente vulnerables a este fenómeno, donde las tradiciones y la pobreza juegan un papel crucial. En estas regiones, las familias, muchas veces en condiciones económicas precarias, ven el matrimonio temprano como una solución a problemas económicos, así como un medio de proteger el honor familiar.
Sin embargo, estas uniones a temprana edad no solo son una violación de los derechos humanos, sino que perpetúan un ciclo de pobreza, violencia y desigualdad de género. Las niñas que se casan jóvenes enfrentan obstáculos significativos, como la interrupción de su educación y un mayor riesgo de violencia doméstica. Estos factores limitan las oportunidades de desarrollo personal y profesional, afectando sus vidas para siempre. Según la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2021, el 23 % de los embarazos en México sucedieron en adolescentes de 15 a 19 años, muchos de ellos en el contexto de “matrimonios” precoces.
A nivel internacional, diversos organismos han establecido recomendaciones claras. Por ejemplo, la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) y las Directrices de la ONU para la Prevención del Matrimonio Infantil instan a los países a abolir las uniones a temprana edad y promover la educación como una herramienta clave de cambio.
Para abordar esta problemática, es crucial implementar las siguientes recomendaciones:educación y concientización a través de campañas sobre derechos de los niños e igualdad de género en comunidades vulnerables; fortalecimiento legislativo para erradicar las excepciones de matrimonio por usos y costumbres; protección y apoyo psicológico: Crear programas para apoyar a niñas en riesgo de matrimonio infantil, proporcionándoles acceso a servicios de salud y educación, así como a información sobre sus derechos; e, involucrar a la comunidad para trabajar junto a líderes comunitarios para romper el ciclo de tradición que perpetúa estas prácticas, promoviendo historias de éxito de niñas que han logrado concluir su educación.
El compromiso del gobierno y de la sociedad civil es crucial. Solo a través de un enfoque multidimensional, que involucre educación, sensibilización y cambios legislativos de mayor avanzada, así como implementación efectiva, podremos asegurar un futuro más justo y equitativo para las nuevas generaciones en México. La lucha contra el matrimonio infantil no solo es un asunto de derechos, sino de dignidad humana y desarrollo integral.
Erradicar el matrimonio infantil y las uniones tempranas es un imperativo moral y social. La unión de esfuerzos entre el gobierno, la sociedad civil y las comunidades es fundamental para garantizar un futuro donde cada niño y niña tenga la libertad de decidir sobre su vida y su educación. La lucha por los derechos de los menores es más que un deber; es una inversión en un mañana más justo y equitativo.
Las niñas y niños, especialmente de comunidades originarias, no deben ser esposas o esposos, deben jugar, aprender, educarse, florecer y convertirse en Yalitzas, en Eufrosinas, en Hugos, Marichuys o en Toledos. Más atención y mano firme contra esos desusos y anti buenas costumbres.