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Análisisviernes, 2 de enero de 2026

Retahíla para cinéfilos / Saber soltar para aprender a recibir: El último regalo como ritual de fin de año

El último regalo, dirigida por Michael O. Sajbel, es una de esas películas cábala, puesto que exige hacer dos cosas que casi nunca aprendemos en la misma lección: dejar ir y saber recibir.

El abuelo de Jason, al negarle una herencia inmediata y someterlo a una serie de “regalos” disfrazados de pruebas, entiende algo que solemos olvidar cada diciembre: no todo lo que se pierde es castigo, y no todo lo que llega es ganancia.

Saber recibir implica no sabotear lo bueno por miedo, no devolver regalos por costumbre, no desconfiar de todo lo que llega sin lucha. Implica entender que hay cosas como el tiempo o la compañía que no se compran ni se ganan, sólo se aceptan.

El mensaje de Sajbel, aunque envuelto en un tono claramente moralizante, acierta en que entramos al año nuevo vacíos, o sea, disponibles. Disponibles para aprender, para amar mejor, para equivocarnos con más conciencia.

El verdadero “último regalo” es la posibilidad de reordenar el sentido de la vida, la cual no se mide por lo que poseemos, sino por lo que somos capaces de soltar y por lo que, finalmente, nos atrevemos a recibir.

Que el año viejo se vaya con lo que pesa.
Que el año nuevo llegue con lo que estamos listos para cuidar.

Y que sepamos, por fin, distinguir entre perder y liberar.

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