Santo y Seña / Rumbo al 70 aniversario de El Sol de Tlaxcala
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Breve contexto, antes de iniciar: con este artículo se inicia una serie de colaboraciones perfiladas a resaltar y destacar las aportaciones periodísticas que fueron integradas en su momento por célebres tlaxcaltecas, todos ellos consocios de la Sociedad de Geografía, Historia, Estadística y Literatura de Tlaxcala A.C. (SGHEL), desde que inició funciones este periódico, nuestro Sol de Tlaxcala a partir del 30 de julio de 1955 en que se edita el número uno.
Como es evidente, la sociedad tlaxcalteca se ha visto beneficiada desde hace casi siete décadas en que puntualmente viene recibiendo este periódico; y también, porque el núcleo cultural de mayor raigambre y prestigio en Tlaxcala desde aquellos lejanos años, la SGHEL ha venido generando resultados culturales, históricos, artísticos, poéticos, geográficos, en múltiples modalidades dentro y fuera de la geografía estatal, y mucho de ello difundido generosamente desde las páginas de este periódico.
En calidad de colaborador especial de El Sol de Tlaxcala, en el que he participado desde hace algunos años (vale precisar que mi primera colaboración se publicó en noviembre 16 de 1986, hace casi cuatro décadas) y también en calidad de consocio de la SGHEL, 19 años de haber ingresado, representa para mi persona gran honor poder compartir con el amplio núcleo de lectores de este nuestro periódico, una serie de colaboraciones enfocadas básicamente a describir un poco de la personalidad y de la formación cultural de los consocios-sghel pioneros en escribir en El Sol de Tlaxcala desde la primera semana de edición.
Necesario es, pues, agradecer a Máximo Hernández Cervantes, director de este periódico, y a José Cruz Omar Zacatelco Sánchez, presidente de la SGHEL por el importante respaldo que brindan a mi persona estas dos instituciones de sólido raigambre cultural; razón que -considero- me obliga a realizar el mejor esfuerzo para presentar al respetable lector información de célebres consocios que han dejado a Tlaxcala grandes y brillantes páginas de cultura por conducto de este importante medio impreso de comunicación. Y como segunda etapa, habré de presentar diversas reflexiones emanadas desde las páginas del Diario de los Tlaxcaltecas. Iniciamos.
Desde el ejemplar no. 2 (julio 31, 1955) empezó a participar don José García Sánchez en este diario impreso con importante gama de artículos y colaboraciones literarias de múltiples géneros: historia, reflexión, cuento, crónica, poesía, incluso con diversos artículos de análisis, crítica, biografías, semblanzas, etcétera; es decir, amplia progresión de artículos. Su primera colaboración la tituló “El Sol de Tlaxcala y el periodismo en la provincia” y se incluyó justamente en ese segundo ejemplar.
Don Pepito nace en la ciudad de Huamantla el 22 de enero de 1919 y empieza a radicar en la ciudad capital Tlaxcala desde 1945 “acompañado de su esposa Elvira Arenas, con quien había contraído matrimonio meses antes de su llegada a la capital”, en razón de atender las múltiples ocupaciones laborales que a lo largo de su vida desarrolló en el Congreso del estado, en el gobierno del estado, en esta misma casa editorial periodística, en la feria de Tlaxcala en su calidad de secretario del Patronato por más de tres lustros; en la mesa directiva de la SGHEL, en los múltiples eventos socioculturales que debía atender, y en las comisiones especiales que le encomendaban cubrir en otras entidades federativas. Lo conocí en persona en razón de que éramos vecinos aunque nunca lo traté: en 1974 yo tenía 10 años, y pues él era todo un distinguido funcionario, historiador, y periodista de 55 años.
Su última colaboración la tituló “Buenos días” y fue publicada en julio-30 de 1978 (ejemplar: 8,281). A lo largo de esos 23 años como colaborador de El Sol de Tlaxcala, se publicaron 992 artículos de su autoría, todos firmados; tuvo además algunas colaboraciones bajo el seudónimo de Vicent de Sanjo, lo que en sumatoria supera las 1,000 colaboraciones. Considero que más del 90 % de sus aportaciones son de especial importancia en razón de que, como son de carácter histórico, de investigación pues, tienen vigencia permanente, no “pasan de moda” porque más allá de cronista y de investigador, don José era todo un historiador autodidacta. En su domicilio en la ciudad de Tlaxcala, ubicado en la entonces calle Juan Cuamatzi no. 2 (hoy: Miguel N. Lira) tenía su magnífica biblioteca, a la cual le nombró “Tlacatoyatencocalli”, que significa “La casa del señor que escribe junto al río”.
La primera sección cultural que se implementó en El Sol de Tlaxcala, denominada “Voces y Pensamientos de Tlaxcala” estuvo a su cuidado y responsabilidad. Tuvo el conocimiento, la empatía y armonía necesarios para conciliar múltiples criterios y apreciaciones de carácter histórico. Incluso, en ocasiones especiales, en que se festejaba un acontecimiento o un personaje específico, toda la plana cultural se dedicaba a ello bajo la coordinación de don José García.
Si hubo un periodista pionero de sobrada cultura e historia en El Sol de Tlaxcala de principio a fin, ese fue mi tocayo García Sánchez. De hecho en su columna “Perfiles provincianos” se puede aprender cada día, actualmente, muchos temas que conjuntan impresionante cúmulo de conocimientos; de ahí mi aserto al precisar que más del 90 % de sus colaboraciones son de especial importancia hoy día, porque no pierden vigencia y porque además son altamente ilustrativas.
Escribía del origen y cotidianeidad de los municipios, de sus comunidades y costumbres; abordaba personajes hombres y mujeres de ayer y actuales sean artistas, escritores, políticos, revolucionarios; destacaba la obra plástica y artística de personajes como Xochitiotzin, Cutberto Escalante, Diego Rivera, etcétera; emprendía temas de la provincia tlaxcalteca y sus construcciones y tradiciones; reseñaba múltiples sucesos históricos y situaciones que cada ayuntamiento debía afrontar.
Miguel N. Lira, íntimo amigo de muchos años, le publicó algunos artículos en la interesante revista “Huytlale”; el maestro Xochitiotzin dejó plasmada la imagen de don José en los murales de palacio de gobierno. “Los cuentos de José García Sánchez: una propuesta de clasificación temática” es el título de la tesis autoría de la licenciada en literatura hispanoamericana Ma. Antonia Camacho Mendieta, cuya asesora fue la mtra. Olimpia Guevara Hernández. Un ejemplar de esa tesis obra en mi biblioteca gracias a la generosa deferencia de don Alejandro García Arenas. Vale apuntar que a una calle Huamantla, y también a una biblioteca, se le impuso el nombre “José García Sánchez”.
Desde las filas de la SGHEL participó en diversas encomiendas culturales, una de ellas fue la integración del boletín “Tlaxcala”, en el que se difundían parte de las actividades grupales; también participó en la ríspida deliberación de la selección del nombre del hoy estadio Tlahuicole de la ciudad de Tlaxcala en la que ambos grupos que propusieron nombres se enfrascaron en intensas deliberaciones en las que don José fue señalado por José Luis Galván (antes de que fuera presidente municipal de Tlaxcala) del grupo oponente, como “un rebelde sin causa” (1ra plana del ejemplar no. 1,659) dados sus múltiples conocimientos de historia local y nacional.
En fin: hablar, o escribir, del consocio-SGHEL José García Sánchez, es un tanto complicado por las múltiples líneas de investigación que abordó en El Sol, a lo largo de 23 años completos. De ninguna manera puedo traer a este espacio esos casi mil títulos de las colaboraciones de don José: necesitaría todo el periódico completo y posiblemente solo así saldría adelante. Sin discusión alguna, don José fue uno de los pilares culturales con los que inició El Sol de Tlaxcala, desde el segundo día de actividades. “Lo que el árbol tiene de florido, vive, de lo que tiene sepultado”. Tiempo, al tiempo…