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A este personaje oriundo de Panotla, profesor Héctor Cano, no tuve el gusto de conocerlo personalmente. Apenas unas 25 colaboraciones he encontrado de su autoría, en El Sol de Tlaxcala (tres de ellas en coautoría de José F. Pérez). Esas tres colaboraciones en coautoría son: La redención del Indio (23 dic. 1956); Lágrimas de navidad (30 dic. 1956); Educar, arte de filósofos (6 enero de 1957). Es decir: son colaboraciones tempranas, dado que El Sol apenas tenía poco más de un año de haber iniciado su circulación en el estado.
Extrañamente: debieron pasar varios años, muchos diría yo, 26, de esa última publicación del 57, para que don Héctor retomara su participación en dicho diario impreso. Es hasta junio de 1983 cuando vuelve a escribir. En esa década de los 80 es cuando escribe 20 artículos; y solamente dos en 1995, los últimos que he detectado. En este punto es importante precisar lo siguiente: esas colaboraciones, 25, están enfocadas al ámbito cultural. Don Héctor Cano Cano escribió otras varias, quizá muchas, pero son de carácter político, por tal razón no las consideré. Evidentemente en su corazón pesaba en tal rubro, y es válido desde luego; sin embargo para contenidos netamente culturales, no eran precisamente aptas para un análisis como el encaminado en estas líneas.
Digresión. Meses antes de que se publicara el número 1 de El Sol de Tlaxcala, varios jóvenes, inquietos, determinaron entrevistarse con los directivos de El Sol de México (en Puebla y/o en la ciudad de México). “Se entrevistaron varias veces en la Ciudad de México con los directivos de la Cadena de Periódicos de José García Valseca para solicitar el establecimiento en Tlaxcala, de un eslabón de la que después se llamaría Organización Editorial Mexicana” (escribe Domingo Grande, en El Sol el 7 de marzo de 1996). Parte de la crónica de don Domingo apunta el nombre de dos de esos inquietos jóvenes de entonces: Félix Pérez Amador y Héctor Cano Cano, ambos de Panotla. Por su parte, mi amigo Alex Pérez Cano me comenta (20 marzo 2025) que recuerda al menos cuatro nombres de ese dinámico grupo: Félix Pérez Amador, Héctor Cano Cano, Mateo Maravilla y Arnulfo Díaz Casales (don Félix, fue papá de Alex Pérez). Y remata Domingo Grande: “Así es como el 30 de julio del mismo año [1955] aparece por primera vez El Sol de Tlaxcala”. Cierro digresión.
Realmente no sé de quién de esos cuatro jóvenes (o más) surgió la idea de hacer tal solicitud a los directivos de la OEM, mejor lo dejo así. Sin embargo: qué bueno que se dio tal inquietud puesta en marcha, porque gracias a ello, a esa petición, es como se inició tan importante publicación diaria relacionada toda con Tlaxcala. Quizá se habría de implementar, ciertamente; sin embargo es probable habrían de pasar varios meses o años más, después de julio-1955, para que iniciara funciones. Así que en esta columna se destaca la figura de Héctor Cano por tal razón, y porque fue consocio-SGHEL, y porque aportó múltiples colaboraciones al diario que por sus propias gestorías inició funciones.
Pero veamos qué escribió Héctor Cano en relación a temas culturales: “El excesivo crecimiento vehicular en la ciudad capital Tlaxcala”, en la década de los 80 [si hoy día, marzo-2025, don Héctor viera el “crecimiento vehicular” que nos aqueja y en ocasiones nos atormenta en pleno centro de la ciudad capital, seguro se infarta en menos que canta un gallo]). También las obras de impacto social tales como “el auditorio infantil de Panotla”, “las complicaciones de la deuda exterior de México”, “el extremo cuidado del agua potable en el estado de Tlaxcala” eran temas que ocupaban y preocupaban al consocio Cano; compartía su sentir, y sus reflexiones en temas de impacto social y ambiental. Afortunadamente había varios articulistas que tocaban y desarrollaban temas ecológicos, forestales, la importancia de dotar de zonas verdes al municipio y al estado de Tlaxcala; la urgente necesidad del cuidado de los afluentes naturales y cuerpos de aguas, tales como el Zahuapan y la laguna de Acuitlapilco, respectivamente.
Y qué decir de los personajes ilustres, no solamente de Panotla, su querido municipio, sino de otros personajes destacados, por ejemplo de Crisanto Cuéllar Abaroa, de quien se ocupa en tres artículos. De igual forma, expone su preocupación por el uso de las drogas que, golpea en primera instancia a la juventud; pero también escribe bellas prosas al maestro, a la madre, y reseña con orgullo el Día de la Marina Nacional.
Sus aportaciones son las siguientes: Panotla y su auditorio infantil (12 junio 1983); El agua, fuente indispensable para la vida (10 julio 1983); La madre. Prosa. (st 11,436); El maestro. Prosa (st 11,443); Autodestrucción de las drogas. Prosa. (st 11,450); Día de la Marina Nacional. (1ro jun 1917). Prosa (st 11,457); Crisanto Cuéllar Abaroa (1/3) (st 11,631); Crisanto Cuellar Abaroa (2/3) (st 11,645); Crisanto Cuellar Abaroa, hasta los veinte años (3/3) (st 11,652); Hombres distinguidos de Panotla. (22 may 1988); Día de la Marina Nacional (1 junio 1917) (29 may 1988); Hombres distinguidos de Panotla (5 jun 1988); Hombres distinguidos de Panotla (II) (4 sept 1988); La deuda exterior (st 12,037).
En la sección “Tlaxcala, un punto de vista”, el profesor Cano escribió seis colaboraciones y fueron las siguientes: “participación de la Sociedad en la Cultura”, el 31 marzo 1989; “La Era Nuclear”, 6 julio 1989; y después un artículo en cuatro partes, “El agua, fuente indispensable para la vida”, el 18, 19, 20 y 21 de julio de 1989. Seis años después, sus dos últimas colaboraciones de carácter cultural: “Xicohténcatl Axayacatzin” el 12 de mayo de 1995, y “Mensaje a la juventud, de Juventino Sánchez de la Vega, el 7 de octubre de 1995. Repito: tuvo otras varias, o muchas colaboraciones, pero fueron del orden político, que para los fines de estos análisis, no tienen cavidad, ni interés, por la efímera importancia que pudo tener, en su momento, cada una de ellas.
Afortunadamente el profesor Héctor Cano Cano participó por varios años en las filas de la SGHEL y, principalmente, en la excelente época de bonanza periodística que tuvieron los consocios con el importante impreso tlaxcalteca; ahí tenemos a Yolanda Nelo Ríos, Salvador Cuéllar Zárate, Francisco Xavier Juárez Muños, Teófilo Pérez y Pérez, el propio Héctor Cano, Miguel Mitre Sanmartín, Ricardo Isaías Escobar Flores, entre varios más. Todos los relacionados tenían la gentileza de firmar como consocios de la Sociedad de Geografía, Historia, Estadística y Literatura.
Desgraciadamente esa época se terminó, y con ella un gran período de bonanza periodística y de resultados generados para la sociedad en general. Lamento no haber tenido acceso a una fotografía del profesor Héctor Cano para incluirla en esta página; en su lugar, se agrega el logotipo de la SGHEL, que es igual de importante. Enhorabuena, a la memoria de uno de los luchadores pioneros, para que nuestro periódico iniciara su importante actividad en nuestro estado, don Héctor Cano Cano.