La figura de mayor peso literario, poético, histórico, clásico y filosófico, entre los consocios de la SGHEL fue sin discusión alguna la del maestro Juventino Sánchez de la Vega.
La familia de un joven de 22 años de edad tomó una decisión que, en medio de la pérdida familiar, se convirtió en un acto de vida para otros al donar sus órganos
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
Catedrático del Instituto de Estudios Superiores del Estado por más de 30 años, fue pieza clave en el devenir educativo y cultural de la entidad en la segunda mitad del siglo XX. En diversas épocas, participó también con publicaciones periodísticas en la Ciudad de México, Puebla y desde luego en este nuestro El Sol de Tlaxcala.
Su travesía periodística en El Sol, aunque discreta y breve, es interesante y un tanto irregular por los períodos de participación. De hecho: se aprecian colaboraciones de él, como respuesta a invitación para comentar sucesos especiales o a recordar personajes o localidades muy particulares, así como eventos cívicos institucionales y gubernamentales. Su primera colaboración, en El Sol, fue “El mensaje del Rocío de Navidad y Año Nuevo” el 24 dic. 1955; y la última fue “Tlaxcala, mano, signo y señal que dice: ¡México!” esto en febrero 26 de 1995. Para la década de los 90, don Juve ya estaba cansado tras largos años de actividad magisterial; además, seguía radicando, como siempre, en la ciudad de Puebla.
De hecho: al maestro de la Vega se le reconocía primordialmente como poeta, dado su magistral estilo de componer y declamar sonetos, versos, poesías de mediano y largo alcance. Nunca declamó o publicó alguna composición sin haberla revisado “a conciencia”. En ese aspecto era de lo más exigente; dominaba los sonetos clásicos, endecasílabos, alejandrinos, la musicalidad, la rima, el ritmo de cada uno de ellos, el manejo de las sílabas por cada verso, la acentuación y separación de las mismas y, muy especialmente el impecable manejo de términos complejos, y la creación de neologismos cuando así lo creía necesario.
Su producción poética es lo que sigue de impresionante. Es la más abundante que tlaxcalteca alguno ha escrito en todos los tiempos, pero también es la de mayor y mejor calidad que se ha generado. Para tristeza nuestra, el reducido nivel cultural del tlaxcalteca promedio es claro impedimento –más que evidente– para entender la enorme belleza e indiscutible calidad literaria en la producción del maestro De la Vega, oriundo de Tepeyahualco del municipio de Tlaxco, en que nace el 2 de junio de 1911.
Pero bueno: ¿qué es lo que publicó Juventino Sánchez de la Vega, consocio SGHEL, en El Sol de Tlaxcala? “Resurrecturus” en julio 14 de 1957 fue su segunda aportación. De ahí en adelante, tenemos las poesías “El Sarape de Contlan”, en el periódico 2,091; “pasajes con cruces y una sombra pálida”; “Altísimo Señor” en dic 24 del 61; y otra regia composición “La Canción de la Escondida”, como un tributo poético a Miguel N. Lira a poco más de un año de su fallecimiento. Y también para el autor de “La Escondida”, don Juve escribió “La Escala Estética del poeta” en dos partes, en el 3,486 y 3,493, a mediados de los 60; así como el titulado “Homenaje a Miguel N. Lira. Vuelta a la Tierra”.
Tenemos, además, las colaboraciones tituladas “Tetrasonetario de los Juegos Olímpicos de México, a su paso por Tlaxcala”, st.4,753; “Tizatlán tierra de los Xicohténcatl”; “Estudio crítico de la obra literaria y ensayo poético de Joaquín López Rguez” el 2 de junio de 1985; las poesías “Los Tres Soles de Tu pueblo. A San Bernardino Contla”, y otro soneto del mismo nombre; además: “El Sarape de Contlan es tu paisaje” el 14 de junio de 1987; tenemos otras dos propuestas: “Tozi, del corazón de Jade”, y la “Heroica ciudad de Huamantla” abarcando con ello otras municipalidades. Y ya así como de salida, tenemos “El albergue” que es una composición poética para don Desiderio Hernández Xochitiotzin, así como “Atlamaxac” en enero de 1989 y la titulada “Ciudad de Huamantla” ambas, poesías.
La permanente personalidad del maestro “cristalitos” fue de sobriedad, éticamente correcto, congruente en el decir con el hacer; profesionalmente puntual y exigente en sus múltiples materias que generosamente atendía; siempre con su impecable traje se presentaba a la inquieta juventud a brindar sus múltiples conocimientos básicamente perfilados a materias relacionadas con las etimologías grecolatinas. Y más allá de los horarios de trabajo, participaba gustoso en cursos de verano, en la escuela normal de maestros; así como también con diversos proyectos que le presentaban desde la Dirección.
Como integrante de la Sociedad de Geografía, Historia, Estadística y Literatura de Tlaxcala cumplió con esmero y dedicación las múltiples actividades literarias que le eran asignadas; las participaciones en eventos cívicos, en concursos de declamación, entre otras varias actividades propias de la SGHEL. Fue un personaje que tuvo estrecha amistad con el ingeniero Candelario Reyes y con el propio Miguel N. Lira; con el pintor Xochitiotzin cultivó una amistad por varias décadas; de su autoría tenemos la épica composición “Las Trece Esmeraldas de la Reina” que es la epopeya del descubrimiento de América y de la Conquista de Tenochtitlán escrita en prácticamente 1,500 octavas reales ¡una reverenda locura, para quien ha intentado escribir una sola octava real.
Oriundo del municipio de Tlaxco como ya se apuntó, el poeta Juventino fallece el 28 de junio de 2002 en la ciudad de Puebla en su residencia particular; sus restos mortales fueron inhumados en el Panteón de la misma ciudad. Reitero: fue el consocio de la SGHEL que ostentaba impresionante nivel cultural de prácticamente todas las mitologías que la humanidad ha visto desfilar a lo largo y ancho del tiempo. Isaías Bello Pérez y otros tres compañeros escribieron, en su honor la tesis: “Juventino Sánchez de la Vega, valor necesario en las letras nacionales”.
Su obra ha sido poco difundida y poco divulgada; y en consecuencia: poco recordada y compartida por las generaciones actuales. Gran acierto de El Sol de Tlaxcala: brindar páginas y cientos de generosos espacios, por 70 años, a poetas tlaxcaltecas para la difusión de sus composiciones como valiosa contribución cultural y educativa; así pues, tenemos figuras como Juventino Sánchez (Tlaxco), Ricardo Alva (Apizaco), Miguel N. Lira (Tlaxcala) Francisco Xavier Juárez (Chiautempan), Susana Fernández (Tlaxcala), Delfino Carro (Panotla), Joaquín López Rodríguez (Huamantla) y otros muchos que han contribuido a la ilustración poética del pueblo tlaxcalteca.
En sus últimos meses de vida, tuvo la bondad de compartir con un servidor, como consecuencia de integrar materiales literarios y tenerlos disponibles para ser incorporados en la revista cultural “Maxixcatzin” que tuve el gusto de iniciar y mantener en circulación por al menos seis años, y de la que él fue miembro fundador; pero no solo ello: también compartió correspondencia con mi persona; además de permitirme cantidad importante de documentos originales de su autoría, para empezar a conjuntar su obra poética; y de otros tantos escritos de vital importancia.
Agradezco a la vida y, especialmente al maestro Juventino Sánchez de la Vega, permitirme dar continuidad a su obra, ante la imposibilidad física tanto de él, como de algunos probables familiares que pudo haber tenido en sus últimos días, puesto que, como es sabido, no tuvo descendencia. En octubre de 1995 el municipio de Tlaxcala le impone la “Presea Tlaxcala” como alta distinción a su trayectoria literaria, poética y académica de varias décadas en beneficio del estado de Tlaxcala. Honor permanente al indiscutible poeta tlaxcalteca de todos los tiempos, Juventino Sánchez de la Vega.