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“Luis Nava Rodríguez es la figura más brillante que ha dado esta ciudad [Apizaco]”: Esta aseveración del maestro Hernández Xochitiotzin (ST. 14,531) me parece concreta, razonable y -quizá- incuestionable. Hasta entonces, quienes dominaron el escenario intelectual y editorial en la ciudad rielera a mediados del siglo XX, los 60 y 70 fueron Luis Nava, José Arámburu, Cástulo Sánchez, el mejor poeta apizaquense Ricardo Alva López, y el potosino Ángel Villaverde, así como el propio Xavier de León, aunque de forma más discreta este último, sin olvidar a Florentino Montiel y Bernabé Cruz, entre otros pocos.
Arámburu Garreta publicó algunos libros y varios opúsculos; por el contrario, Nava tuvo el buen tino de publicar tanto en formato libro, como también en opúsculos sus investigaciones, afrontando con ello todas las dificultades y riesgos que implica publicar por determinación propia. No fueron pocas las portadas de sus libros diseñadas por Desiderio H. Xochitiotzin. Luis Nava nace en Apizaco el día 20 de agosto de 1926.
Como breve apunte al respecto: su producción editorial fueron 16 libros y 16 opúsculos. Precisando: un opúsculo es una “obra científica o literaria de poca extensión” [en ese rubro, opúsculos, cae en su mayor parte la producción de Crisanto Cuéllar Abaroa, en su momento lo habremos de reseñar]; un opúsculo normalmente no alcanza siquiera las 60 u 80 páginas de extensión. Por otro lado, el rango promedio de un libro es de 200 páginas. Bajo este entendido, tenemos una excelente producción de 16 libros de Luis Nava, básicamente de historia todos, relacionados con distintos puntos de la geografía estatal, y uno que otro de tema o biografía especial.
En lo tocante a sus colaboraciones en El Sol de Tlaxcala -tema medular de esta columna- las mismas que abarcaron 40 años, vemos que su primera colaboración la tituló “Tlaxcala”, publicada el 13 de diciembre de 1955 en primera plana, y la última la tituló “Apizaquense o Apizacense” el 30 de noviembre de 1995 en la pág. 4. En total, fueron 267 colaboraciones que vieron la luz por conducto del Sol. Esto significa 6.6 colaboraciones por año, aunque hubo períodos de bonanza periodística y otras “temporadas de vacas flacas”, como escribiera Luis Humberto. Para mayor comprensión, veamos una síntesis de sus colaboraciones en temporalidades de 10 años:
En la década de los 50 escribió 42 colaboraciones; en los 60 fueron 50; en los 70 fueron 40 colaboraciones, y en los 80 esa cantidad se triplicó al haber aportado 123 colaboraciones; y en los noventas (en los primeros cinco años) solamente fueron 12, cuando tristemente sobreviene su lamentable fallecimiento. Mucho de ello, para no decir la gran mayoría de esas colaboraciones periodísticas, son de carácter inédito hoy día. Eso quiere decir que de esas 267 colaboraciones se puede obtener un gran filón literario histórico concretamente para el municipio de Apizaco, recordemos que Nava Rodríguez era un hombre generoso, y sus trabajos enfocados para innumerables regiones de Tlaxcala así lo demuestran.
Esas 267 colaboraciones, si fueran plasmadas en formato libro bien pudieran alcanzar alrededor de 600 páginas lo que, a mi parecer, resultaría una excelente fuente bibliográfica para enriquecer múltiples investigaciones encaminadas. No me resulta desconocido que fueron varias ocasiones que la producción editorial de Luis Nava fue minimizada y quizá hasta menospreciada por algún “sabelotodo” de esos que brincan ocasionalmente en busca de reflectores, atacando o minimizando a personas destacadas. Y alguna vez el propio don Desiderio, ante estulto comentario en detrimento de la obra de Nava comentó enfático: “Lo que ha hecho Luis Nava, nadie lo hahecho” hasta hoy. Toda obra, por modesta que pudiera parecer, aporta. Y la obra de Nava, reitero, son 16 libros, y 16 opúsculos (quizá uno más de c/lado). De la vieja guardia de intelectuales, ninguno de ellos iguala editorialmente a Nava.
Por otra parte, Nava nunca desperdició una columna periodística con quejas, lamentos, victimización o señalamientos inútiles, como sí lo hizo uno de sus paisanos, entrevistado para la columna “Gente de Apizaco” que, por evidente razón ni siquiera su nombre sirve en estas líneas porque no aporta nada. Pero bueno… ¿qué publicaba Luis Nava? Es difícil sintetizar, pero haré el intento: de esas 267 colaboraciones, al menos veinte tienen signos de interrogación: “¿Cuándo llegaron los tlaxcaltecas?”, “¿Cuándo se fundó la ciudad de Tlaxcala?”, “¿Por dónde llegaron los tlaxcaltecas a Tlaxcala?”, “¿Qué es un Concilio Ecuménico?”, “¿Qué opina usted del divorcio?”, “¿Por qué Tlaxcala es el estado más pequeño?”, “¿Qué significa: Guadalupe?” y así al menos otros dos tantos de títulos.
Otros muchos títulos tienen nombres de personas: Melitón Salazar, Amado Cordero, Miguel N. Lira, Enrique Cordero y Torres, Joaquín López Rodríguez, Andrés Angulo, Baltazar González, Angel Villaverde, Trinidad Sánchez Santos, Cástulo Sánchez Contreras, Diego Muñoz Camargo, Isaías Bello Pérez, Gerzayn Ugarte, José García Sánchez, Cuauhtémoc, etcétera. Y varios artículos más tienen nombres religiosos: Viernes Santo, el arte sacro, Paulo VI, el Vaticano, cruces atriales en Tlaxcala, Los franciscanos, Jueves Santo, los bienes del clero, La guadalupana en Tlaxcala, la Era cristiana, la biblia, etcétera.
Además, hay títulos de colaboraciones que tienen nombre de alguna ciudad, municipio o región: Tlaxcala, Nativitas, Acuitlapilco, Xiloxoxtla, Apizaco, Ocotlán, Atlihuetzía, Apizaquito, Ixtenco, Hueyotlipan, La Magdalena Tlaltelulco, etcétera. La gran mayoría de los restantes son títulos de temas muy diversos; no me es posible seguir ejemplificando, por limitante de espacio.
A pesar de sus múltiples compromisos con otras agrupaciones culturales, con otras casas editoriales, con otras parroquias y/o templos, de sus múltiples viajes internacionales y por el interior de la república, de sus programas de radio, se dio tiempo suficiente para enviar ocasionalmente sus respetables colaboraciones al Sol. En lo personal, reconozco que en esta ardua revisión hemerográfica que abarcó 40 años en El Sol, es muy probable que se me hayan pasado dos, cinco o quizá ocho colaboraciones por evidentes razones: el maremágnum de letras, en ocasiones es tremendo, y la mente frágil. Sostengo, porque la conozco, que su producción en El Sol, requiere una revisión y clasificación cuidadosa; el abanico de temas es amplio, el cual ofrece la posibilidad de integrar varias tesis, ensayos, investigaciones, etc.
La muerte fugaz de Luis Nava Rodríguez, consocio-SGHEL, lo alcanzó el bello y emblemático guadalupano 12 de diciembre de 1995 (de 69 años), quizá como celestial deferencia, en su propia ciudad natal, suceso que causó gran consternación en distintos foros sociales. Mucho de su brillante legado, de su biografía, bibliografía y de las dificultades que afrontó en vida, se conoce gracias a sus más acuciosos biógrafos: Francisco Xavier Juárez, de Chiautempan (para variar), Olimpia Guevara Hernández y Laura García Espinoza de Apizaco, Desiderio Hernández Xochitiotzin (+) de Tlaxcala, y hasta ahí la dejo, porque el espacio se ha terminado.