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El trabajo periodístico desarrollado por el inquieto Ricardo Escobar Flores en el lapso de tres lustros, a partir de la década de los ochentas, en El Sol de Tlaxcala, es muy interesante porque denota conocimiento, tenacidad y hasta cierto punto necedad (de persistencia) como acucioso chiautempense que fue. No olvidemos que también participó como consocio-SGHEL, como tal, escribió varias crónicas periodísticas.
En esa década de los ochentas, se da interesante bum, o crecimiento periodístico desde ámbitos personales, grupales, en beneficio de la propia sociedad, y Escobar Flores es un claro ejemplo de ello. Sus artículos primeros estuvieron perfilados a temas culturales de gran interés, en los que incluso un solo tema lo abordaba en varias partes; por ejemplo, en la “Mitología de los pueblos prehispánicos” desarrolla y ahonda el tema con gran claridad a pesar de haberla fraccionado en siete partes. Para esas mismas fechas da inicio a su columna “Panorama Cultural y Educativo de Tlaxcala”, en la que, como su nombre lo dice, analiza, reflexiona y comparte el quehacer que en tal materia se “mueve” la sociedad tlaxcalteca de entonces. Dicha columna finaliza a fines de 1983.
En este orden de ideas, hay otro tema vital que don Ricardo abordó a lo largo de al menos 12 años con mucho cuidado, me refiero al centro ceremonial Cacaxtla, con por lo menos 9 colaboraciones. Veamos: el 30 de enero de 1983 publicó “Cacaxtla, un lugar de Tlaxcala con historia”; poco tiempo después “La Niña Cacaxtla”, que es un cuento trágico y que, por cierto, el autor lo dedicó “a todos los miembros del ITC”, no sé por qué razón, pero bueno; el siguiente se titula “La pintura mural de Cacaxtla”, y dos meses después “Cacaxtla, la ciudad sagrada de los olmecaxicalancas” (así todo junto); en ese orden tenemos “Crónica de una visita a Cacaxtla” y después “El arte mural de Cacaxtla”, esto ya recién iniciada la década de los 90’s. Le sigue: “Cacaxtla 18 años después”, después “Descubren una ceja azul en las pinturas de Cacaxtla”, que es una suerte de entrevista con el arqueólogo Andrés Santana Sandoval; y por último “Cacaxtla en su XX [aniv]”, esto ya en el ocaso de 1995.
En cuanto a la crónica, el maestro Ricardo se movía como pez en el agua. En mi breve revisión tengo al menos una veintena de las mismas: De lo que se sufre por un monolito; De un “día de Calaveras”; De un adiós póstumo a René Armando Acosta Ramírez; De un amanecer en Chiautempan; De un encuentro generacional; De un día inolvidable; De un hecho inolvidable (la inauguración de la tienda “Blanco”); De un viaje histórico e inolvidable; De un viaje de la SGHEL; De una postura que vuelve casi Otomí a Tlaxcala; De ante gritos y pedradas, el chivo; De nosotros NO somos el frente juvenil; también una crónica para el olvido… y otra Para el recuerdo. Por espacio, no me es posible sintetizar todas.
Pero si en crónica se movía como pez en el agua, en cuanto a la historia don Ricardo era feliz escribiendo, veamos: “Abandonados en Tizatlán muros prehispánicos”, “Comentarios culturales. ¿Malintzi o Malintzin?”, “Doscientos años de arqueología en Tlaxcala”, “El ‘Arenismo’, movimiento campesino tlaxcalteca con historia e ideología propia”, “El Carnaval en Tlaxcala, la tradición popular que lucha contra la crisis económica”, “El Chac-mool, algo más que una escultura prehispánica”, “El Tecol y su castigo”, “El Tonalamatl de Aubin y Don Lorenzo Boturini”, “El zapatismo y el arenismo, dos ideales agrarios incumplidos”, “En el abandono la cuna de Juárez en la Sierra de Oaxaca”, “Entierros prehispánicos en Tizatlán”, “Fé por tierra en Nazareth, Atltzayanca y Tlaxcala”, “La cronología de los pueblos prehispánicos (3ra y ultima parte)”, “La cronología de los pueblos prehispánicos. 2da parte”, “La Independencia en Tlaxcala”, “La lengua náhuatl en Tlaxcala, a solo 25 años de su extinción total (1/2)”, “La poesía tlaxcalteca en los tiempos prehispánicos”, “Los constituyentes tlaxcaltecas de 1917 y su realidad”, “Los Reyes Magos (dedicado para C. Cuéllar Abaroa)”, “Manuel ‘El Pecoso’. Cuento”, “Mito y realidad de la Revolución Mexicana en el estado de Tlaxcala”, “Mito y realidad de los Eclipses”, “Pasaje político en la historia tlaxcalteca”, “Resurge Xochitécatl, después de más de un milenio”, “Tlaxcala, un pueblo que lucha por forjar su historia”, “Y los “Mahomas” de San Juan Totolac vencieron la crisis”. Estas aportaciones son de interés y consulta permanente.
Y si la historia fue su pasión, sus tradiciones fueron su “mero mole”. Veamos: “476 años de Festejos de la Santa Cruz en Tlaxcala”, “Auténtico Valor de la cultura tlaxcalteca: El Mole Prieto”, “Carnaval. Origen y tradición”, “Crítica de una tradición abigarrada”, “Dos leyendas tlaxcaltecas. (1) Xochitécatrl; (2) Matlacueye”, “El autoexilio de los Xicohténcatl de Tizatlán, muestra de dignidad”, “El maguey y el pulque: símbolos tlaxcaltecas que se extinguen (I/II)”, “El Mole Prieto o Tlilmoc”, “En el olvido la tradición medicinal”, “En pensamiento del mundo náhuatl a través de su poesía”, “Los alabados del pulque en Tlaxcala, centenaria tradición en crisis. 2da ultima parte”, “Moros y Cristianos, bella tradición popular que solo se vive en Tlaxcala”, “Santa Ana Chiautempan. Mole prieto con motivo de las Siete Misas de la Concha”, “Tradición de la Candelaria en Tlaxcala”, “Tradición del Carnaval”.
Diversos personajes no escaparon al ojo visor del periodista: “32 años de lucha: José Guadalupe Hernández Xochitiotzin”, “Don Alfonso Reyes, su visión del Anáhuac y la literatura tlaxcalteca”, “En busca del palacio de Xicohténcatl”, “José Rumbia Guzmán, un mártir olvidado de la Revolución”, “Murió el revolucionario Erasmo González Rosete”, “Prof. Gabino Alejandro Palma, ilustre intelectual tlaxcalteca (nace: 9 feb 1896 en la Candelaria Teotlalpan)”, “Quince años de Verónica Solís”, “Se difunde la obra del escritor Miguel Nicolás Lira”, esto, por citar solamente a algunos personajes, porque el espacio ya se está acabando.
Con escasa posibilidad de equivocarme, puedo precisar que el artículo “Las alegrías del año según nuestros ancestros” fue su primera publicación en El Sol, esto el 5 enero 1982. Aunque es preciso señalar que para mediados de la década de los 60’s, siendo aún jovencito, se tiene la que, puedo sostener, es su primera publicación. Se trata de una breve composición poética dedicada a su mamá, firma como Ricardo Isaías Escobar Flores, y se incluyó junto a otros tantos pensamientos en honor al 10 de mayo.
Después de 1995 siguió colaborando en el impreso; sin embargo, se enfocó al ámbito de la política, mismo que, para nuestros análisis, dicho rubro carece de importancia histórica. Todavía me parece más conveniente apuntar algunas de sus colaboraciones un tanto chuscas o divertidas, como por ejemplo “Parecen las piernas de Hugo Sánchez”, el 12 de marzo de 1989; “Pásale pa’tras, era la cantaleta a dúo”, 14 de agosto del 88; y “Que tienes que recoger la limosna, dice el mayordomo”, el 19 marzo del 89. El autor tenía esa facilidad de intercalar colaboraciones lúdicas con base en algún suceso cotidiano.
En cuanto a colaboraciones digamos normales, de cotidianeidad, hay muchas, desde luego, que creo son mayoría: “De última hora”, “Atención a carencias y Demandas Sociales”, “Colosio y Tlaxcala”, “En total abandono el zoológico de Tlaxcala”, “Acciones quijotescas para el rescate de la lengua náhuatl en Tlaxcala”, “Continúan evaluando daños por granizada”, “Una fábula de la selva”, “Zacatelco y su legendaria tradición chicharronera”, “Un pintor, un mural y el magisterio tlaxcalteca”, “Santuario de Ocotlán, Cima de la Fé de los Tlaxcaltecas”, “Zacatelco y el alcoholismo”, “Ocotelulco resurge de sus cenizas”, “La Fábula del Idioma”, “Impedirán asentamientos sobre ductos de Pemex”, “Estamos contra manipuleo que venga del exterior”, “El día que el micrófono no fue problema para un discurso”, “El muralismo en provincia existe, pese a las flaquezas de sus detractores (Azael García J)”, “Jesús Reyes Heroles, el liberalismo mexicano y el periodismo”, “La feria educativa de Tlaxcala, al rescate de la cultura popular”, “La relación México-Vaticano se debe escribir con claridad: Jaime Ocejo”, “No tendrá ganancias la Feria del Sarape”, “Murales y Pinceles (para mi gran amigo Desiderio Hernández Xochitiotzin). Poesía”, “Inmutable, don Balta ante la emoción del homenaje”, “Es letra muerta la Ley de Monumentos Coloniales: Desiderio H. Xochitiotzin”.
Por último: lamento no haber conseguido una foto de don Ricardo Escobar Flores para adjuntarla a estas modestas líneas integradas en su honor. Personaje que, con el correr de los años, buscó nuevos derroteros fuera de las filas de El Sol de Tlaxcala; que abordó y confrontó nuevos retos y también nuevas formas de ejercer el periodismo pleno, de batalla, de valor y entereza. Fue uno de los pocos chiautempenses, de esos que se cuentan con los dedos de una mano, que orgulloso integraba colaboraciones históricas y culturales de gran valía de su tierra natal, allá, en Sarapelandia.