La familia de un joven de 22 años de edad tomó una decisión que, en medio de la pérdida familiar, se convirtió en un acto de vida para otros al donar sus órganos
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El tema de la conducta humana (el bien y el mal), pero principalmente en este caso “el mal”, es y ha sido objeto de reflexiones de filósofos, historiadores, sociólogos, psicoanalistas, etcétera. No es nuevo. Siempre ha llamado la atención que aquellos a quienes se les ha considerado humanos puedan albergar en su interior sentimientos que traducen en actos de maldad y que se cree únicamente son propios de conductas animales. Entonces, ese es un tema que de tiempo en tiempo se presenta de manera recurrente. Cuando se observa que el mal se repite una y otra vez, se reaviva el impulso por repensar la conducta “mala” de los seres humanos.
La causa, el motivo inmediato de retomar el tema del origen del mal, son algunas de las notas informativas en medios tradicionales o las redes sociales en las que se habla de las pruebas por las que deben pasar los reclutados por los grupos criminales, por lo general de manera forzada. Esas pruebas incluyen a quienes no son forzados (los menos), sino que de manera voluntaria se integran a los grupos conocidos delictivos. En las redes ha surgido información acerca de las “pruebas” a las que son sometidos quienes son “incorporados” o se incorporan por su propia voluntad. El objeto de todos esos actos crueles son el cuerpo: desmembrar cuerpos humanos, ya sea vivos o muertos.
Es entendible y lo han expresado algunos de quienes han logrado escapar de las garras de los cárteles: llegan a cometer tremendos actos de crueldad que, bajo otras condiciones, seguramente, no harían. La razón es que son llevados a ese momento por engaños y la única manera de alcanzar a resguardar la vida es ejecutar lo que se les ordena como prueba. El marco general en el que se lleva a cabo ese acto es que, en términos generales, el desmembramiento de cuerpos es considerado por la sociedad como algo cruel, “malo”. Y ese acto de maldad es el que nos lleva considerar en esta entrega el tema del mal con el fin de contar con una visión que nos permita comprender lo particular.
De hecho, lo ocurrido en el estado de Jalisco, en Teuchitlán, en el Rancho Izaguirre, no es algo nuevo. Llamó la atención porque detrás de lo descubierto, es decir, la existencia de un lugar de reclutamiento del CJNG, la derecha mexicana levantó toda una campaña en contra del gobierno con el fin de desprestigiarlo, argumentando que se trataba de un lugar de exterminio. En el fondo, creo que quienes han llevado a cabo esa campaña de desprestigio muy bien pueden encuadrarse en el tipo de perfil de persona que por sus antecedentes políticos se encuentran vinculados a un tipo de crueldad humana de la que fueron y son responsables, y que encubrieron cuando gobernaron el país.
En ese sentido, la maldad no está en quienes en la búsqueda de un trabajo para sobrevivir personalmente o la familia caen en las campañas encubiertas de reclutamiento de los grupos criminales. Son los grupos criminales, entonces, en donde ese mal se ha arraigado y es transferido a personas que por el infortunio son enganchados a estos grupos. Lo que describió el profesor Luis Astorga, estudioso del tema, es que los actos de crueldad de seres humanos contra otros seres humanos (como los relatados por reclutados que escaparon) no son nuevos. Forman parte de una práctica que viene de lejos, del fondo de la historia, sobre todo de la historia de Occidente. La conformación de la estructura social actual tiene como matriz ese tipo de actos “malos”.
Y eso puede ser corroborado con una lectura de algún texto de historia universal, antropología, de la historia política o economía creado con un mínimo de seriedad. Se pueden encontrar ejemplos en los imperios que precedieron a la modernidad, como el chino, hindú, egipcio, asirio, romano, del que se desee analizar. En todos los casos es posible encontrar ejemplos de una crueldad hoy considerara inaudita desde la perspectiva del siglo XXI, casi imposible de creer pero que, efectivamente, es parte del pasado. Si se desea una experiencia un poco más reciente, pues ahí están los imperios coloniales que se crearon en América, Asia y África, que dieron origen a la modernidad.