El Obispo presidió la misa exequial con la participación de sacerdotes, familiares y decenas de habitantes de la comunidad; sus restos descansan en la parroquia de San Bartolomé
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El próximo sábado conmemoraremos el 8M, Día de la Mujer. Habrán marchas por todo el planeta, se visibilizarán las desigualdades históricas, habrá foros, entrevistas, artículos, pero a diferencia de otros años, habrá por vez primera una mujer tomando decisiones en México.
La llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia marcó un antes y un después en la política nacional. Su elección no sólo rompió paradigmas en cuanto a la representación de la mujer en el poder, sino que también abrió la puerta a nuevas expectativas en materia de igualdad de género. Sin embargo, este hito viene acompañado de desafíos históricos que han condicionado y limitado la vida de millones de mujeres en el país.
Aquí, estimado lector, lectora, trataré de sintetizar los que a mi juicio son los principales retos que enfrenta su gobierno en materia de derechos y bienestar de las mujeres, al tiempo que procuraré plantear algunos caminos hacia una perdurable evolución en cuanto a igualdad entre mujeres y hombres.
México es un país con altos índices de violencia de género, discriminación y desigualdad estructural. La violencia contra las mujeres no distingue clases sociales, regiones ni contextos. A pesar de que las últimas administraciones han buscado implementar políticas de protección, los feminicidios, homicidios dolosos y la violencia sexual siguen siendo una realidad devastadora para cientos de miles de familias mexicanas. Este gobierno se enfrenta a la imperiosa necesidad de trabajar para erradicar estos flagelos, especialmente para eliminar las estructuras culturales que aun hoy permiten ver a las mujeres como objetos propiedad de alguien que puede hacer con la vida de ella lo que le pegue la gana.
La desigualdad económica y laboral es otro de los grandes desafíos que enfrentan las mujeres mexicanas. Las brechas salariales, la precariedad laboral y la falta de acceso a puestos de liderazgo continúan siendo una realidad para millones de mujeres que, a pesar de su capacidad y compromiso, se ven relegadas a trabajos informales o mal remunerados. Este gobierno tiene la oportunidad de lograr la equidad salarial y el acceso de las mujeres a posiciones de poder en todos los sectores económicos. Esto además de fomentar el emprendimiento femenino, que puede ser una vía para la independencia económica, la transformación social y el combate a la violencia… ¿porqué? la razón es sencilla, una mujer económicamente independiente es mucho más feliz y valiente para dejar la relación con un violentador.
El acceso a servicios de salud de calidad y a la educación son sin duda elementos que empoderan y promueven la igualdad de género. México ha avanzado de manera importante en la matrícula de niñas, aunque el desafío ahora estriba en la calidad de la educación y la erradicación de los estereotipos de género. Mas niñas en la ciencia contribuirían al desarrollo de las personas y del país. En cuanto a salud, la administración actual debe priorizar la ampliación y el fortalecimiento de los servicios de salud, asegurando que ninguna mujer se quede rezagada por su lugar de residencia o su situación socioeconómica.
Otro reto fundamental es el de la participación política y la violencia política de género. Aun con el techo roto de la presidencia, las mujeres en política a menudo son objeto de ataques, hostigamientos y discriminación, que deben enfrentar cuestionamientos injustos sobre su capacidad y compromiso; la presencia femenina en espacios de poder es a la vez celebrada y repudiada. Es crucial que el gobierno implemente estrategias de protección y capacitación que aseguren su permanencia y crecimiento en el ámbito público.
La relación entre el gobierno y los movimientos feministas ha sido, en ocasiones, tensa. Las activistas han jugado un papel crucial en visibilizar las problemáticas que afectan a las mujeres y en presionar por cambios legislativos y políticas públicas. Es fundamental que la presidenta Sheinbaum establezca un diálogo abierto y constructivo con los movimientos feministas y la sociedad civil en general.
Es imposible que lleguemos todas, como tampoco han llegado todos, pero como hoja de ruta esa convicción es indispensable. La desigualdad es tan antigua y estructural que un solo lado no puede con todo. Es impostergable y moral; debemos tomamos de la mano gobierno y sociedad a favor de las mujeres, las niñas, las adolescentes y los niños. Son nuestro legado al planeta, preguntémonos: ¿qué legado estamos dejando?