Culturadomingo, 31 de agosto de 2025
Ixtenco, el único pueblo otomí de Tlaxcala
Su gente preserva la identidad indígena a través de su lengua, su arte y tradiciones
Karla González

Con las grandes transformaciones culturales y territoriales que trajeron consigo periodos históricos como la caída de Tenochtitlán, la Conquista y la Independencia de México, los pueblos originarios modificaron sus estructuras e incluso su presencia en el territorio; sin embargo, los otomíes son una población que aún se mantiene viva en Tlaxcala.
De acuerdo con la investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Centro Tlaxcala, Fabiola Carrillo Tieco, en nuestro estado se contabilizan 70 comunidades indígenas dentro del Catálogo Nacional de Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicana, correspondiente al año 2024, de las cuales 69 son nahuas y sólo una otomí, es por eso que se asegura que Ixtenco es el último bastión de esta cultura.
Estas raíces otomíes son las que hacen que la región de Ixtenco tenga rasgos particulares, como lo es la lengua, las tradiciones y las expresiones culturales que son diferentes a otros pueblos originarios de Tlaxcala.

De acuerdo con el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), con información censal del año 2020, la población total de la comunidad otomí de Ixtenco es de siete mil 504 habitantes, quienes se asientan principalmente en la cabecera municipal y de ahí se dispersan entre los parajes Los Álamos, La Era, El Rancho, El Desmonte, El Encino, Los Sabinos, San Juan, El Cerrito y la Ranchería de Pilares.
Anita Velázquez Durán, habitante de Ixtenco señala que la comunidad ha encontrado formas de mantener vigentes las raíces indígenas incluso entre las nuevas generaciones; es el caso de proyectos artísticos como el Coro de Voces Yumhu, que ha tenido un gran éxito en la localidad e incluso fuera de ella, pues por esta agrupación han pasado decenas de infantes que han aprendido la lengua yumhu y la han llevado por todo México e incluso hasta la Ciudad del Vaticano.

Otra de las formas de preservación de las raíces otomíes es la defensa del maíz nativo a cargo de los campesinos de la región. Ejemplo de ello es Simón Angoa, quien recientemente obtuvo el reconocimiento como “Líder de la Ruralidad de las Américas”, por parte del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, ya que desde hace décadas siembra y cosecha de maíz de colores y de variantes como “maíz ajo”, semillas que se remontan a sus antepasados indígenas. Con su trabajo ha llevado a cabo una incansable lucha contra el maíz transgénico que constantemente amenaza con introducirse en estas tierras.
Otro de los tesoros de las raíces indígenas de Ixtenco es su gastronomía, a base evidentemente de la riqueza del maíz criollo que hay en esta región; por lo que cocineras como Teresa Solís se encargan de compartir y preservar las recetas tradicionales como el mole de matuma o el atole de maíz agrio. Platillos que han deleitado a los comensales del Complejo Cultural Los Pinos e incluso han obtenido premios como en la edición 2021 del concurso “A qué sabe la Patria” que organiza la Secretaría de Cultura federal, donde este atole —elaborado por doña Teresa— obtuvo el primer lugar.

Otro rasgo distintivo de la cultura indígena de Ixtenco son sus artesanías, como los cuadros elaborados con semillas con las que recrean imágenes religiosas o iconografías prehispánicas o bien, el famoso bordado de pepenado de artesanas como doña Norma Gutiérrez, quien a través de los hilos plasma complejos paisajes inspirados en la flora y fauna que encontramos en la Malinche; sus bordados han llegado a importantes recintos culturales del país, como el Museo de Arte Textil de Oaxaca y el Complejo Cultural Los Pinos.
La historia de Ixtenco es la prueba viva de que las raíces pueden resistir al paso del tiempo y a los embates de la modernidad. Cada canción en lengua yumhu, cada mazorca de maíz nativo, cada platillo tradicional y cada bordado hecho a mano son un recordatorio de que el pueblo otomí no sólo permanece, sino que también se reinventa para seguir transmitiendo su identidad.