La escalofriante historia de un taxista en San Pablo del Monte
Los viajes nocturnos esconden historias que hielan la sangre. Este es el relato de Joaquín Gutiérrez
Karla González
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Tuve oportunidad de conocer a muchas personas y hacerlos mis clientes; unos siguen siendo vecinos de Santa Ana, San Luis, La Magdalena y San Pedro, otros ya fallecieron, pero recuerdo uno en forma particular; nunca regresé a ese lugar ni volví a ver esas personas.
A diferencia de los novios peleoneros, tuve que apagar mi estéreo pues la plática de la muchacha era agradable; me platicó que había tenido mucho trabajo, me contó de su niñez y de su familia que era gente de campo y que ella era la primera en tener una profesión.
Total que el tiempo no se sintió y, cuando menos nos dimos cuenta, habíamos llegado a su casa. “-Por favor tóquele a mi papá para que le pague. Se me cayeron unas cosas y las estoy alzando”…”-Sí señorita, voy; hace mucho frío tápese bien”.
No me espanté, regresé sorprendido y con ganas de llorar, pues pensaba en mis propios hijos, pensaba en el amor de un padre, en el amor de una hija y en eso que dicen sobre los que se van que, gracias al amor y al recuerdo, a veces regresan.



























