Con nostalgia recuerda doña Enriqueta a su hijo, el ciclista Julio Alberto Pérez Cuapio
Primer mexicano en ganar tres etapas en el Giro de Italia en 2001 y 2002
Tomás Baños
“Hijo, muchas felicidades. Julio Alberto, no te veo, pero aquí nos han venido a entrevistar y, por medio del periodista, te envío estos saludos. Y muchas felicidades. Espero que sigas consiguiendo ese anhelo, ese deseo que tanto has querido obtener en tu vida. Y muchas felicidades para tu esposa y mi nieto”.
Doña Enriqueta recuerda cada rasguño, cada sonrisa. “Desde chiquito, Julio se la pasaba en la bicicleta. Se metía por veredas y a veces venía raspado, pero con una sonrisa. Yo siempre le decía que tuviera cuidado”.
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En 2001 y 2002, Julio Alberto levantó los brazos tres veces al cruzar la meta del Giro. Las noticias llegaron a Tlaxcala como un vendaval que cambió para siempre la percepción del pueblo: ¿cómo un muchacho de Ocotelulco -uno de los Cuatro Señoríos de la antigua Tlaxcala- había logrado semejante hazaña?
La emoción titila en sus ojos cuando menciona a Isaac del Toro, mexicano que brilló en esta justa internacional, antes de recibir la bendición del Papa León XIV.
Pero, como madre, su orgullo sigue estando en su hijo. “A veces hay que salir de México, como él, para triunfar en la vida”, confiesa, con un dejo de resignación. Sabe que las llamadas telefónicas no reemplazan los abrazos, ni las entrevistas sustituyen la cercanía.
-¿Qué mensaje le envía usted a su hijo?
“No es lo mismo escucharlo que tenerlo en persona para mi cumpleaños el 30 de junio; me gustaría abrazarlo, decirle que lo extraño”.
Mientras las nubes se arremolinan sobre Ocotelulco y la tarde se despide, la figura de Enriqueta queda sola en el patio, rodeada de fantasmas de ciclistas que alguna vez soñaron con pedalear hacia el horizonte.
Su hijo, desde Italia, le habla a través de la televisión, y ella responde desde el corazón, con el eco de cada recuerdo. “Con ese amor y ese anhelo, él sigue adelante. Y eso es lo que quiere para los niños de aquí: que encuentren un motivo para esforzarse y triunfar”, puntualiza.
Así, entre piedras, lluvia y recuerdos, la historia de Julio Alberto Pérez Cuapio no sólo sigue pedaleando sobre la carretera, sino también en los corazones de Ocotelulco.




























