[Video] De molino y fábrica textil a Centro de las Artes, la transformación de San Luis Apizaquito es un orgullo apizaquense
El inmueble, que inició como finca y luego fue una emblemática fábrica textil, hoy es un centro artístico, símbolo de la transformación, la resistencia y la riqueza cultural de Apizaco
ÁNGEL SOLANA, EL FUNDADOR DE LA FÁBRICA DE HILADOS Y TEJIDOS SAN LUIS
Inicialmente, Solana se asentó en Oaxaca donde se dedicó, de forma exitosa, al comercio y a la ganadería. Años más tarde contrajo nupcias con doña Concepción Castillo Ramírez, con quien tuvo nueve hijos y, posteriormente se trasladó a Tlaxcala.
Así lo narró el nieto de Ángel Solana, José Luis Solana Martino, en el libro “El Centro de las Artes. Antigua Fábrica de Hilados y Tejidos San Luis”.
EL INICIO DE UN LEGADO TEXTIL
LAS VÍAS DEL TREN CONTRIBUYERON AL FLORECIMIENTO DE LA FÁBRICA DE HILADOS
El presupuesto para tal infraestructura fue aportado por la empresa Canteras de Tepeyanco, propiedad de Francisco López y Gómez. Y, además, el proyecto contó con el respaldo del presidente Porfirio Díaz.
LA PRECARIEDAD AFECTÓ A SAN LUIS APIZAQUITO
LA FÁBRICA NO SIEMPRE PERTENECIÓ A APIZACO
APIZAQUITO DURANTE LA REVOLUCIÓN MEXICANA
El levantamiento armado de la Revolución Mexicana llegó a la factoría el 9 de junio de 1912, cuando fue asaltada por “una cuadrilla de rebeldes que cometieron allí todo género de depredaciones”, se menciona en el libro antes citado.
En el resto de la entidad tlaxcalteca, las empresas textiles atravesaron por crisis similares en esa misma época de finales de los años cincuenta, derivadas de los problemas obrero patronales que se arrastraron desde los primeros años del siglo XIX.
LAS VOCES DE APIZAQUITO
Don Cheché -como es llamado por sus allegados- recuerda que el hecho que más afectó el funcionamiento de la factoría fueron las huelgas que se prolongaron por largos periodos.
DE FÁBRICA DE HILADOS A CENTRO DE LAS ARTES
El gobierno estatal y la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) signaron un convenio que hizo posible la habilitación del hoy Centro de las Artes de Tlaxcala.
“Cada etapa ha supuesto una renovación. El proyecto de restauración implicó un cuidadoso registro de materiales y sistemas constructivos, una evaluación estructural, de instalaciones, así como de elementos arquitectónicos y decorativos”.
Otra de las instituciones implicadas en el remozamiento de este lugar fue el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ya que se trató de trabajos de restauración y rescate de la estructura original.
Es por ello que la comunidad coincide en que el nuevo uso de la fábrica ha sido positivo, tanto en la derrama económica, como en la manera en que la infraestructura y el recuerdo de la industria textil en Apizaco se conserva a más de cien años.
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De acuerdo con indicadores nacionales, el estado avanza en un sistema de justicia más eficaz; destaca en resolución de casos y uso de mecanismos alternativos
La exfábrica de San Luis Apizaquito desde el año 2017 funciona como un espacio académico para las artes. César Rodríguez / El Sol de Tlaxcala
Los espacios nunca terminan su vida, se renuevan y se reinventan albergando testimonios de distintas épocas. Así es el caso de un inmueble que comenzó su historia hace 140 años como una finca, luego como una fábrica textil y hoy como un centro para la enseñanza artística. Hablamos deSan Luis Apizaquito, ícono de la historia, cultura y arquitectura apizaquense.
Todo comenzó como la finca “La Loza” cuyo dueño fue el francés C. Simón Stéffanni. Los registros históricos refieren que hacia 1894 en esta propiedad se encontraba un molino de trigo que funcionaba gracias a la fuerza del agua de la laguna que hoy conocemos como “El Ojito”. Es por eso que el agua fue el elemento fundamental para la posterior puesta en marcha de la fábrica textil, afirma el historiador Antonio Arellano. ➡️ Síguenos en nuestro canal de WhatsApp y recibe las noticias más relevantes de Tlaxcala, México y el Mundo
El principal personaje asociado a la historia de San Luis Apizaquito es Ángel Solana, español nacido en Santander en 1856, quien llegó a México a los 20 años de edad ante la crisis económica y política que atravesaba España por aquellos años.
En 1897, Ángel Solana -en asociación con José María Quintana y Juan Marqués- adquirió la finca “La Loza” así como el molino de trigo que ahí se encontraba, instalaciones que se convirtieron en la Fábrica de Hilados y Tejidos San Luis, que empezó operaciones en 1899.
La factoría inició sus actividades con 50 telares, 65 operarios y un consumo de 50 mil kilogramos de algodón para la elaboración de 25 mil piezas anuales. Hacia 1913, la fábrica llegó a contar con 240 telares y 262 obreros para la producción de manta, gabardina y popelina que se exportaba incluso a países como Francia, detalló el historiador apizaquense, Antonio Arellano.
Al igual que otras fábricas textiles de la misma época, el aprovechamiento del agua fue crucial para echar a andar esta industria. San Luis Apizaquito no fue la excepción pues desde sus inicios se utilizaron las instalaciones hidráulicas que ya se encontraban en la propiedad para el molino de trigo. De hecho, las piedras originales del molino se encuentran a la vista del público en el hoy Centro de las Artes.
Con el paso de los años, el crecimiento de la factoría requirió de infraestructura más moderna y sofisticada, por lo que en 1909 se construyó una presa que acumulara las aguas del riachuelo llamado “El Batán”, así como las del río Zahuapan. De hecho, en 1912, el gobierno de Tlaxcala cedió de nueva cuenta los derechos otorgados a Solana para el uso del agua del Zahuapan, explican los investigadores Raquel Beato King y Rodrigo García Manzano, en su texto “San Luis Apizaquito”.
Ángel Solana y su esposa Concepción Castillo. Tomada del libro "Memoria y Olvido. San Luis Fábrica de Hilados y Tejidos de Algodón". Karla González / El Sol de Tlaxcala
En diciembre de 1910, Solana obtuvo el permiso del Congreso del Estado para la construcción de un vía de ferrocarril entre la estación de Apizaco y la fábrica San Luis Apizaquito, con lo cual la distribución de la mercancía pasó a ser a gran escala, pues anteriormente se llevaba a cabo a lomo de burro.
Recalcar que don Ángel Solana fue compadre de don Porfirio Díaz, quien vino a Apizaco muchas veces. Es por eso que se habilita la vía del ferrocarril...Antonio Arellano, historiador
Al igual que en gran parte de otras fábricas textiles en el país, en San Luis Apizaquito también se vivió un descontento generalizado entre los trabajadores que derivó en huelgas, lo cual fue provocado por “la pretensión de los inversionistas españoles de pagar lo menos posible, además de las excesivas y agotadoras jornadas laborales de 14 o 15 horas; los obreros prácticamente eran considerados ‘esclavos industriales’”, explica Virginia Polvo en su investigación “Entre revolución y rebelión: obreros de San Luis Apizaquito”.
En 1906, trabajadores de San Luis Apizaquito participaron en una huelga en oposición a la firma de un reglamento de trabajo signado por 33 dueños de fábricas textiles de Tlaxcala y Puebla integrantes del Centro Industrial Mexicano.
“El 5 de diciembre se dio aviso al coronel Próspero Cahuantzi (gobernador de Tlaxcala) de la suspensión de los trabajos, situación que se prolongó hasta el 26 de diciembre, fecha en que se entrevistaron con el presidente Porfirio Díaz en busca de mediación. Aunque la huelga se levantó el 4 de enero de 1907, la solución al conflicto por medio del laudo presidencial resultó en realidad adversa en algunos puntos a los intereses de los trabajadores de la industria textil”, así lo manifiesta el libro “El Centro de las Artes. Antigua Fábrica de Hilados y Tejidos San Luis”.
La intervención del presidente Porfirio Díaz en los conflictos de las empresas textiles en varios estados del país tuvo un efecto mayormente negativo, lo que derivó en revueltas suscitadas en el año 1907 alrededor del país. En respuesta, los dueños de las empresas decidieron un paro patronal para evitar el levantamiento obrero. El efecto fue contrario y las huelgas obreras se extendieron aún más, alcanzado también a factorías tlaxcaltecas.
Al descontento de los trabajadores por las condiciones precarias y las huelgas, se sumaron otras problemáticas relacionadas con los trámites administrativos, pues originalmente la fábrica perteneció a la municipalidad de Tetla del distrito de Morelos, con cabecera en Tlaxco, lo que ocasionaba demora en los procesos internos y en los propios negocios.
Por ello, la Fábrica de Hilados y Tejidos San Luis pasó a ser parte de la municipalidad que años más tarde se convertiría en Apizaco.
La fábrica San Luis Apizaquito mantuvo durante toda su existencia a su mismo dueño, Ángel Solana. César Rodríguez / El Sol de Tlaxcala
A pesar de las dificultades sociales y económicas, la factoría continuó en operaciones. En 1927 daba trabajo a 300 empleados de Apizaco y Apizaquito, de un total de siete mil habitantes entre ambas poblaciones.
Los historiadores coinciden en que se tienen muy pocos documentos o testimonios que den cuenta de la historia de la empresa luego de los años posteriores a la Revolución, lo que sí es una certeza es que -a diferencia de otras fábricas, la de San Luis Apizaquito mantuvo durante toda su existencia a su mismo dueño, Ángel Solana.
“Se sabe que los problemas internos de la fábrica, aunados a las exigencias laborales, fueron en aumento. Para 1955 la negociación fue embargada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, lo que generó un paro de labores. No fue sino hasta 1957 que se retomó la producción aunque a menor escala. A partir de 1959, los dueños pagaron a sus empleados con el producto de la fábrica, lo que provocó que el estado de las cosas fuera insoportable y se cerraran las puertas definitivamente”. ➡️ Suscríbete a nuestro Newsletter y recibe las notas más relevantes en tu correo
La piedra del antiguo molino de trigo aún se conserva en San Luis Apizaquito y forma parte de su ornamentación. César Rodríguez / El Sol de Tlaxcala
A pesar de que las factorías sobrevivieron gracias a fenómenos económicos ocasionados por la Segunda Guerra Mundial -como la mayor demanda de tela para los uniformes militares estadounidenses- hacia finales de dicha década fue imposible para varias fábricas, pioneras en Tlaxcala, mantenerse abiertas; fue el caso de El Valor, La Tlaxcalteca, La Trinidad, La Estrella, San Manuel, al igual que San Luis Apizaquito.
José Hernández Castillo, de 99 años de edad y quien es en la actualidad un personaje icónico del municipio de Huamantla, fue uno de los trabajadores de San Luis Apizaquito, desempeñándose como tornero.
“Mi padre fue herrero y manejaba un torno convencional, y nos enseñó a sus tres hijos a manejarlo. En ese año (1946) me invitó a trabajar el señor José Hernández Díaz, él era de Huamantla y era líder de la CROM, de la sección del sindicato que estaba en Apizaquito y trabajaba en la fábrica. Había cierta amistad entre nuestras familias y por eso me invitó a cubrir una vacante de tornero o fresador”, compartió don José en el libro “Memoria y Olvido, San Luis Fábrica de Hilados y Tejidos de Algodón”, del antropólogo Cornelio Hernández Rojas.
“Se fueron a la huelga por cuestiones económicas pues los dueños debían bastante dinero por consumo de energía eléctrica, y como la producción no era constante, también faltaba limpieza en las máquinas, todo eso originó que cerrara la fábrica”, compartió José Hernández en este libro de memorias.
Durante más de 50 años, el inmueble quedó en el abandono tras el cierre de la producción. Pero fue en el año 2012 que el gobierno del estado -conMariano González Zarur, como gobernador- emprendió la restauración y acondicionamiento de la exfábrica como un centro para la educación artística.
Xavier Cortés Rocha, coordinador del proyecto de restauración y quien fue director de dicha facultad de la UNAM, explicó en una publicación de 2016 -año de la inauguración del Centro de las Artes- el trabajo exhaustivo que requirió una obra de esta magnitud.
Luego de años de abandono, el inmueble es un espacio vivo dedicado a las artes. César Rodríguez / El Sol de Tlaxcala
Actualmente, el Centro de las Artes de Tlaxcala es un espacio donde se imparten licenciaturas en música y artes plásticas, además de unacartelera permanente de talleres de profesionalización.
Luego de años de abandono, el inmueble es un espacio vivo en el que no sólo se reúne población tlaxcalteca, pues la oferta académica ha atraído a estudiantes foráneos de sitios como Ciudad de México, Oaxaca, Estado de México, Puebla entre otras entidades, quienes ahora radican en la zona.
El edificio de San Luis Apizaquito es un símbolo vivo de la capacidad de adaptación y transformación de los espacios y de quienes los habitan. Pocos lugares logran sintetizar tanto la historia, la cultura, los sueños y las luchas de una comunidad como lo ha hecho este inmueble que ha presenciado 140 años de cambios, desafíos y renacimientos.
Desde su origen como finca agrícola y molino, pasando por su transformación en una próspera fábrica textil -cuyo trajinar marcó la vida social, económica y laboral de varias generaciones apizaquenses-, hasta el abandono y posterior renacimiento como un centro para la enseñanza y la expresión artística, San Luis Apizaquito se ha negado a quedar en el olvido.