Doña Francisca obsequió cuatro mil tlacoyos a los visitantes en el día del “Niño del Cerrito”, para agradecer que su hijo sanó hace 11 años
Todo los días el Santuario es visitado desde diferentes lugares del interior de México y del extranjero
Tomás Baños
Doña Francis, como le dicen sus más allegados, rellena tres botes grandes de masa de maíz blanco y frijol ayocote, ese que durante el verano florece de rojo entre el follaje de la milpa.
Detrás del templo instaló un tanque de gas al comal para preparar el alimento prehispánico. Con esta acción, ella muestra su generosidad hacia el Niño Jesús que hace 11 años sanó a su hijo de una enfermedad crónica.
Al mediodía, Alexis comenzó la preparación de los tlacoyos; la tarea no es fácil ante un calor veraniego en plena primavera. Su progenitora, una hermana de ella y él deberán elaborar cuatro mil piezas con ensalada de nopales y salsa.
En este lugar, muchos llegan para agradecer algún favor concedido por el “Niño del Cerrito” y obsequian a los visitantes pastel, fruta de temporada, tamales, pelotas de plástico y toda la variedad de juguetes.
Pero relata que el milagro más cercano a su corazón ocurrió con su propio hijo. “Alexis era un joven de 18 años, tenía una grave enfermedad, lo vieron cinco doctores sin hallar sanación”.
Recuerda que, entre la incertidumbre, nunca perdió la fe, por lo que acudió a un último galeno y su hijo, ahora de oficio mecánico, sanó.
EL COMERCIO, ACTIVO DESDE 2013
Desde el año 2013, cada 30 de abril se festeja el Día del Niño en el santuario de Nopalucan. René Nophal, Pedro Rubio y Ernesto Fernández son los comerciantes pioneros en asistir a esta festividad.






























