Localdomingo, 8 de marzo de 2026
¿El nombre siempre revela la enfermedad? Conoce el origen lingüístico de algunos padecimientos
Muchas de las enfermedades comunes en la actualidad se nombraron a partir de los síntomas que provocan
Mónica Vargas
Muchas de las enfermedades comunes en la actualidad se nombraron a partir de los síntomas que provocan
Mónica Vargas

Los padecimientos humanos muchas veces guardan en su nombre una huella lingüística que explica cómo las sociedades antiguas comprendían el cuerpo. El griego y el latín, lenguas fundamentales para el desarrollo del conocimiento científico, dieron origen a numerosos términos médicos que después pasaron al habla cotidiana. A continuación, algunos de estos ejemplos.
La palabra sarampión proviene del latín medieval sirimpio, término que hace referencia a una erupción o pápula en la piel. De acuerdo con el Diccionario histórico de la lengua española de la Real Academia Española, esta voz probablemente deriva a su vez de sinapionem, relacionado con sinapi (mostaza), una referencia al color de las manchas que aparecen en la piel de los pacientes.

El término aparece documentado en textos médicos desde el siglo XV y describe una enfermedad infecciosa caracterizada por fiebre, tos y pequeñas manchas rojizas en la piel. Literalmente, el nombre mismo del padecimiento refleja la erupción cutánea, signo propio de la dolencia.
Uno de los ejemplos más conocidos de la relación entre lenguaje y medicina es la diabetes. La palabra proviene del griego diabetes, que significa literalmente “sifón” o “pasar a través”. El médico griego Areteo de Capadocia, en el siglo II, utilizó este término para describir una enfermedad caracterizada por la eliminación excesiva de orina. Según su interpretación clínica, los líquidos parecían atravesar el cuerpo sin retenerse.

Más tarde se añadió el término latino mellitus, que significa “miel”. Este agregado hace referencia al sabor dulce de la orina de los pacientes, causado por la presencia de glucosa. La palabra completa, por lo tanto, resume las dos observaciones clínicas de la enfermedad, que son el exceso de orina y su sabor azucarado.
El origen de la palabra influenza habla de la concepción antigua de las epidemias. El término proviene del italiano del siglo XV influenza, derivado del latín influentia, que significa “influencia” o “flujo”.

En esa época se pensaba que las enfermedades epidémicas eran provocadas por influencias externas, como cambios climáticos o incluso fenómenos astrales. De ahí expresiones como influenza di freddo (influencia del frío) o influenza di stelle (influencia de las estrellas).
La palabra tétanos procede del griego tétanos, que significa “tensión” o “rigidez”. Este término deriva del verbo griego teínein, cuyo significado es “estirar”. La elección del nombre está directamente relacionada con contracciones musculares dolorosas y persistentes provocadas por la toxina de la bacteria Clostridium tetani, el síntoma más característico de la enfermedad. El vocablo llegó al español a través del francés tétanos en el siglo XVI, y con el tiempo sustituyó a la forma antigua tétano.