El último viaje de Pedro Lozada, el pescador de Atlangatepec
Entre música y flores lo despiden cerca del embalse que fue su segunda casa
Tomás Baños
En sus tiempos libres instruyó a su hija Evelia en el comercio y la gastronomía de los recursos pesqueros. Luego, sus nietas Fernanda y Fany conocieron el arte de la pesca, transmitiendo no solo la técnica, sino el respeto por el embalse.
Cada 24 de junio, en la Feria del Pescado y el Día de San Juan, era de los primeros en ofrecer sus productos. Sonriente, bromeaba con los visitantes mientras pesaba las carpas recién sacadas del agua.
El fin de semana, su cuerpo recorrió por última vez el embalse. Amigos, familiares y compañeros pescadores lo acompañaron con flores, entre lágrimas y silencio.
El agua, su eterna compañera, pareció guardar respeto. Luego fue sepultado en el panteón de Atlangatepec, el lugar que lo adoptó y al que dedicó su vida.
Hoy, su yerno Fernando, esposo de Evelia, continúa con el legado de don Pedro, revisando las redes al amanecer, cumpliendo las faenas que él dejó organizadas.



























