La esclerosis no le impidió ser mayordomo del Padre Jesús del Convento, en Chiautempan
La fe inquebrantable de un mayordomo de las Pascuas de Chiautempan que venció las barreras de la ELA para deleitar con mole prieto a su comunidad
Armando Pedroza / Corresponsal
En medio del aroma del tradicional mole prieto, los rezos fervorosos y la unión de toda una comunidad, el nombre de Sergio Chumacero Paredes resonó con fuerza y emoción durante las solemnes Pascuas del barrio de Tlapacoya.
A sus 50 años y enfrentando una de las enfermedades más devastadoras del sistema nervioso, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), Sergio fue el mayordomo de esta importante festividad religiosa. Su historia, marcada por la fe, la resiliencia y el amor de su familia, conmovió a todo Chiautempan.
La ELA, también conocida como enfermedad de Lou Gehrig o de Stephen Hawking, es un trastorno neurodegenerativo progresivo que afecta las células nerviosas del cerebro y la médula espinal, provocando pérdida de la movilidad, dificultad para hablar, tragar e incluso respirar.
En el caso de Sergio, la enfermedad le ha arrebatado la voz, pero no su espíritu. Sentado en su silla de ruedas, acompañado por su enfermera, Sergio abre los ojos y con la profundidad de su mirada transmite todo lo que su cuerpo ya no puede expresar con palabras.
“LAS BENDICIONES PARA MI HIJO Y PARA NUESTRA CIUDAD”
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El testimonio de Elena es un reflejo del amor maternal incondicional, pero también del arraigo profundo que su familia tiene hacia sus tradiciones religiosas.
“UN EJEMPLO DE VIDA PARA LOS JÓVENES DE TLAPACOYA”
Juana Chumacero Paredes, hermana de Sergio, relató entre emoción y orgullo cómo su hermano ha dado un ejemplo de lucha y esperanza, incluso en medio del dolor: “Gracias al Padre Jesús, mi hermano está con vida. Ha salido adelante con una enfermedad tan difícil y dolorosa como esta”.
Sergio no está solo. Su familia ha sido su pilar en esta etapa de vida. Tiene dos hijos y dos nietos: un niño de 12 años y una niña de seis. Aunque no todos pudieron estar presentes en la festividad debido a responsabilidades laborales, su apoyo es constante y firme.
Su hijo Alfredo, quien ya dirige una pequeña empresa familiar, continúa el legado de trabajo que Sergio inició como arquitecto e ingeniero electrónico, dedicándose por años a la construcción y venta de materiales de electricidad y lámina acanalada y de diversos calibres.
FE QUE MUEVE CORAZONES
La festividad fue más que un evento religioso; fue una manifestación viva de comunidad, de unidad familiar y de fe compartida. El mole prieto, con su preparación lenta y esmerada, se convirtió en símbolo de esperanza. La figura de Sergio, serena pero presente, fue centro de atención, no por lástima, sino por admiración.
Gracias a Sergio y su familia, el barrio de Tlapacoya no sólo revivió una tradición; encendió nuevamente la llama de la esperanza y la fe en los corazones de su gente.
La siguiente Pascua le toca al barrio de Texcacoac y será el domingo 18 de mayo, es la única comunidad que realiza el mole prieto en ese día, los demás son los lunes.

























