Porque en Chiautempan, cada jueves no es solo un día más. Es el día en que los recuerdos se visten de gala, las penas se quedan en la puerta y los cuerpos, sin importar la edad, se rinden al compás de un danzón.
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El danzón es una excelente opción para bailarines adultos mayores, debido a que ofrece beneficios tanto físicos como mentales. Armando Pedroza / Corresponsal
En Chiautempan hay una tradición que se niega a morir. Cada jueves por la tarde, cuando el sol comienza a descender y la brisa acaricia las calles, el tiempo parece detenerse en un rincón muy especial: el salón Acuario. ahí, entre pasos cadenciosos, miradas cómplices y notas nostálgicas, los adultos mayores mantienen vivo un ritual de identidad, memoria y alegría: el danzón.
Lo que antes vivían en el parque Juárez, hoy se transforma y renace a unos metros de la antigua estación del ferrocarril. El salón Acuario no es sólo un lugar físico, es un refugio donde el alma se sacude la rutina y el cuerpo se rinde al ritmo de una música que ha acompañado generaciones enteras.
La elegancia y los pasos suaves y contenciosos distinguen a los bailarines de danzón. Armando Pedroza / Corresponsal
Por una cooperación de 50 pesos, no sólo se paga el uso del salón o el talento de los músicos, se paga por seguir soñando de pie, bailando. Las puertas del salón se abren a las 16:30 horas, y en cuanto suenan los primeros acordes de la Orquesta Santa Cecilia o del Santanero y Compañía, los asistentes -muchos de ellos con décadas de baile en la piel- se preparan para lo que más aman: moverse con gracia, elegancia y pasión por la pista.
No importa la edad, el cuerpo se transforma, rejuvenece. No bailan sólo danzón, también chachachá, sones, boleros… cualquier género que evoque los años dorados de los salones y las radios de bulbos.
Ahí, Rosendo Flores Meneses, de 80 años, camina con porte impecable. Viste de blanco, su sombrero plateado lleva una pluma que ondea con distinción. Llega solo, como siempre, pero no tarda en recorrer las mesas en busca de una pareja de baile. Es un caballero de otra época. “He bailado toda mi vida”, dice, “y cada vez es como si fuera la primera. Esto me da vida”. Y se le nota: no se sienta, no se cansa, su alma danza incluso cuando la música calla.
Los jueves de danzón no sólo es disfrute, sino un lugar de convivencia en pareja o con los amigos. Armando Pedroza / Corresponsal
Asimismo, Alvino Corte Rodríguez, de 79, originario de Zacatelco, encontró en el baile su forma de habitar el mundo. Durante sesenta años vivió en la Ciudad de México, donde recorrió salones emblemáticos. Ahora, en su tierra, acude cada jueves con su pareja, Virginia Santacruz, de 68 años. “Esto es más que baile, es salud, es alegría, es compañía”, afirma mientras toma la mano de Virginia y se prepara para otra pieza.
La pista también se llena de risas y abrazos entre amigos. Como Rosa Paredes Cruz, que asiste en grupo, feliz de poder seguir bailando en un ambiente cómodo y seguro. “El parque Juárez ya no es lo mismo”, confiesa, “aquí todo está mejor: la música, el espacio, la vibra. Y sobre todo, el danzón no falta”.
El salón Acuario ha logrado algo más profundo: convertirse en un espacio intergeneracional. No es raro ver a jóvenes acompañando a sus abuelos, compartiendo el gusto por la música y aprendiendo a deslizarse por la pista. Es un puente entre generaciones, una forma de honrar la historia familiar y cultural a través del baile.
Con el baile, los adultos mayores encuentran un espacio de esparcimiento y activación física, que según dicen, los rejuvenece. Armando Pedroza / Corresponsal
Por otro lado, Pedro Ahuatzi, con el grito: “fuera polilla del cuerpo”, y una sonrisa en su rostro, indicó que su juventud mental tiene más fuerza que el “cuero arrugado” por la vejez, y es que, a sus 83 años de edad, baila como un “querubín en las nubes”, dijo antes de ir a buscar pareja para bailar.
El próximo ocho de mayo, el salón recibirá a un grupo musical que rendirá homenaje a la icónica Sonora Santanera. Será una fiesta llena de emoción y memoria, donde cada nota recordará que el danzón no es solo un género musical, es un símbolo de resistencia cultural, de identidad colectiva y de amor por la vida.
También en el parque Juárez hay jueves de danzón a la misma hora, aunque es gratuito, ahora prefieren cooperar para seguir la tradición que comenzó desde hace poco más de tres años con los grupos que amenizan el baile.