Desde entonces, el nombre Mariano Matamoros dejó de ser sinónimo sólo de riego y pesca: ahora también lo es de precaución, memoria y advertencia.
Y es que hoy, el gigante de concreto se encuentra casi a reventar: 96.2 % de su capacidad, según la Comisión Nacional del Agua (Conagua). Un umbral apenas respirable.
Arribarán autoridades, organismos y expertos a un encuentro que posiciona a Tlaxcala como sede del diálogo nacional sobre agua, sostenibilidad y participación ciudadana
El convenio con GS1 México permitirá a empresas locales adoptar estándares globales, mejorar su trazabilidad y optimizar procesos logísticos, con acceso a capacitación y herramientas que impulsen su integración a mercados nacionales e internacionales
El partido político avanza en su consolidación con capacitación electoral, inauguraciones de nuevas Casas Naranja y la toma de protesta de comisiones municipales, bajo el liderazgo de Danae Figueroa
De acuerdo con indicadores nacionales, el estado avanza en un sistema de justicia más eficaz; destaca en resolución de casos y uso de mecanismos alternativos
A punto de llenarse la presa Mariano Matamoros que acusa contaminación por plásticos. Tomás Baños Islas / El Sol de Tlaxcala
El alba se filtra lentamente por los pliegues de Ixtacuixtla y con ella despierta un murmullo inquietante: el rumor de la presa Mariano Matamoros situada en el municipio de Ixtacuixtla, que, desde su silencio pétreo, parece presagiar algo.
A dos mil 370 metros sobre el nivel del mar, entre magueyes de espaldas firmes, sabino y pinos que perfilan el horizonte, la presa emerge con su cortina de adocreto de 41 metros al vacío, como un coloso que no duerme.
A sus pies, el bosque mixto de cultivos de metepantles se estira hacia los campos irregulares, salpicados de casas humildes que han aprendido, generación tras generación, a convivir con el agua, pero también a tenerle miedo.
Con los primeros rayos solares, el canto de las aves inunda la cuenca. Las golondrinas revolotean sobre el espejo de agua que refleja no solo el paisaje, sino también la amenaza. Las aves migratorias jóvenes practican el vuelo para emprender un viaje de retorno de más de tres mil kilómetros hasta América del Norte.
Entre cultivos de metepantle está situada la presa Mariano Matamoros en Ixtacuixtla. Tomás Baños Islas / El Sol de Tlaxcala
En la panorámica que se observa desde la zona alta, la presa guarda una tensión latente: la misma que en el 28 de septiembre del año pasado se desbordó como torrente incontenible y su fuerza entre el afluente de río Ajejela, anegó las orillas y desplazó a unas 250 familias en San Diego Xocoyucan, municipio de Ixtacuixtla.
Desde los montes del municipio de Españita, bajan las lluvias con mayor frecuencia, alimentando a un embalse que ya no puede contener mucho más sin riesgos.
La presa Mariano Matamoros tiene una longitud de construcción de casi 200 metros de extremo a extremo. Tomás Baños Islas / El Sol de Tlaxcala
Mientras tanto, en el despacho de los técnicos, gráficos y sensores de la Conagua, avisan lo mismo que los campesinos saben desde la intuición: el equilibrio es frágil, y un desfogue mal calculado podría llevar el agua a reclamar, de nuevo, lo que antes fue suyo.
Las cifras oficiales apuntan hacia un dilema técnico. Construida en 1987 bajo el gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado, la presa fue proyectada para contener 5.4 millones de metros cúbicos de agua y regar 350 hectáreas agrícolas de maíz y hortalizas.
Pero no había forma de prever cuánto cambiaría el clima, ni cuánto crecerían los asentamientos en sus márgenes. Hoy, los informes son claros: los embalses tlaxcaltecas están llegando al tope. Y aunque el sistema de desfogue ha sido activado, queda la pregunta abierta: ¿bastará?
Mientras tanto, la vida sigue en la orilla. Cada fin de semana, pescadores deportivos lanzan sus anzuelos en varas de carrizo en aguas que delatan descuidos: una variedad de plásticos y botellas de vidrio. La naturaleza canta, pero también se queja por la contaminación en el agua.
En San Marcos Jilotepec, municipio de Ixtacuixtla se encuentra la presa Mariano Matamoros. Tomás Baños Islas / El Sol de Tlaxcala
Ventura Zentecatl Jiménez recuerda aquella escena del 28 de septiembre cuando su casa se la llevó la fuerza del agua. “Se llevó todo el río, mis camas, mis trastes y mi estufa, dijeron que nos iban a regalar una casa y seguimos a la espera”. En Xocoyucan no olvidan que sus casas se anegaron y que más de 200 pozos artesanales se contaminaron y quedaron en desuso durante 15 días, perdieron salas, sillas pantallas y hasta vehículos, mientras que los apoyos nunca llegaron .
Más arriba, los sembradíos de maguey se alzan firmes como centinelas verdes. Entre ellos, pastizales que aún acogen el ganado vacuno al amanecer, cuando la neblina se desploma como una cortina líquida.
Pero no todo es belleza: en los bordes del terreno, pequeñas grietas y derrumbes llaman la atención de los trabajadores de mantenimiento. Vecinos de la comunidad de San Marcos Jilotec, patrullan día y noche el cuerpo de la presa, revisando cada milímetro de concreto, atentos al mínimo cambio de presión, a cualquier señal de fatiga estructural. No pueden darse el lujo de confiarse otra vez.
Al respecto, autoridades de la Conagua en coordinación con Protección Civil informaron que tienen vigilado el llenado del embalse, mientras que el alcalde Alberto Hernández Olivares exhortó a la población de las comunidades de Popocatla y Xocoyucan que se mantengan a la expectativa porque el mes de junio al igual que mayo traen mucha agua. “Estamos en coordinación con las autoridades del gobierno estatal para prevenir antes que lamentar”.