Rosa Pimentel, pionera de la industria de la quesadilla en Nopalucan
Su historia marcó el sustento de un municipio y hoy continúa en la Ciudad de México bajo la dirección de su hija Leticia
Ruth Padilla
En ese proceso se escribe la historia de Rosa Pimentel Popocatl, quien durante 45 años sostuvo a su familia con su actividad frente a un comal.
Doña Rosa abrió las puertas de su casa en Nopalucan para compartir su historia, y condujo este recorrido hasta la cocina tradicional de su hogar, donde apoya a su hija en la preparación de los guisos.
“En la cocina familiar se formó la técnica: el manejo de la masa, el control del fuego y la preparación de guisos consistentes”, dijo doña Rosita, como de cariño la llaman.
Siendo joven, tomó una decisión que definió su vida: acudió a la fiesta de la Virgen de Ocotlán, en Tlaxcala capital, con un brasero, masa y guisos.
Ofrecía quesadillas de chicharrón, flor de calabaza y champiñón, además de tlacoyos. Cada una costaba 10 pesos. La necesidad económica fue el punto de partida; la constancia sostuvo el proyecto.
Con seis hijos y un esposo que trabajaba en la capital del país, decidió ampliar su campo de venta, pues encontró un espacio en la Ciudad de México y comenzó a trasladarse desde Apizaco en transporte de pasajeros.
Entre semana vendía en Tlaxcala; los domingos viajaba a la capital del país. Trabajó en el mercado La Perla, en la zona de Cuarta Avenida y, más adelante, frente al mercado de Las Palmas, sobre Pantitlán.
Leticia inició en el negocio a los 15 años. Hoy, a los 52, dirige el puesto Quesadillas El Niño Jesús del Cerrito del Estado de Tlaxcala.
Su jornada comienza los jueves a las cinco de la mañana, cuando se traslada a la Central de Abastos de Puebla para adquirir insumos.
El domingo se levanta a las tres de la mañana para cargar la camioneta y conducir hacia la capital del país. La producción alcanza alrededor de 500 quesadillas por jornada, que se venden en un solo día en el mercado de Las Palmas.
La historia de Rosa Pimentel refleja el tránsito de una economía basada en el petate y el nopal hacia una actividad que hoy define al municipio.
A sus 85 años, observa cómo el trabajo iniciado en una fiesta patronal continúa activo en la capital del país y sostiene a nuevas generaciones. En Nopalucan, el comal no solo alimenta; también construye futuro.
Doña Leticia viaja todos los domingos de Nopalucan a Ciudad de México para ofrecer sus quesadillas de diferentes guisos al estilo tlaxcalteca.





























