Las Cuevas, además de ser un punto cercano y accesible, ofrece lo que muchos buscan en estas fechas:agua fresca, sombra abundante y el pretexto perfecto para mojarse de pies a cabeza.
En las piletas, niños y adultos se entregaron al tradicional “chapuzón”, así como a retar a todo aquel “intruso” que se atreviera a cruzar el corredor, quien era “castigado” con cubetadas de agua de manantial.
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El paso por las zonas de las piletas de Las Cuevas fue literalmente “castigado” con una “chapuzón” de agua. Armando Pedroza / Colaboración especial
Lo que queda del murmullo del río y el agua que brota de los manantiales, así como el aroma a carne asada y las carcajadas de los niños fueron el telón de fondo perfecto para una jornada familiar en Las Cuevas, un rincón natural donde el Sábado de Gloria se volvió una celebración de vida, unión y tradición.
Ahí, con el sol brillando alto, decenas de personas se congregaron en la reserva ecológica ubicada dentro del Parque Ecológico Público “Diego Muñoz Camargo”, un área natural protegida desde 1998 que abarca más de 48 mil metros cuadrados, en Apetatitlán de Antonio Carvajal y Contla de Juan Cuamatzi.
El esparcimiento familiar aplicó la “guerra” de pistolas de agua, para disfrutar el día de campo en Las Cuevas. Armando Pedroza / Colaboración especial
Desde temprano, familias enteras comenzaron a llegar cargadas con hieleras, mesas plegables, sombrillas y canastas de comida. La zona, conocida por su entorno arbolado, se transformó en un gran campamento improvisado lleno de color y alegría.
Empero, pese a los señalamientos de restricción, como la prohibición de bebidas alcohólicas y el uso de balones, las reglas quedaron en segundo plano para muchos paseantes que aprovecharon el día para convivir, refrescarse y romper, aunque sea por unas horas, con la rutina diaria.
Entre los visitantes estaba la familia Morales Sánchez, originaria del municipio de Chiautempan. Desde hace varios años, este rincón natural se ha convertido en su opción para disfrutar en Semana Santa. “Ir a la playa o a un balneario está fuera de nuestro alcance. Con lo que ganamos apenas alcanza para la comida, pero aquí con unas tortas, un anafre y muchas ganas de divertirnos, pasamos un buen día”, compartió la jefa de familia, mientras avivaba el carbón para preparar un asado que dejaba escapar su aroma entre los árboles.
Sábado de Gloria en la reserva ecológica Las Cuevas, con un buen “baño” con agua del río. Armando Pedroza / Colaboración especial
Mientras tanto, en el territorio que corresponde al municipio vecino de Contla de Juan Cuamatzi, el ambiente era similar, pero con un toque más liberal. Ahí, las reglas se relajaban aún más:cerveza en mano, balones volando y la música sonando alto desde bocinas portátiles. A la sombra de cualquier árbol, familias enteras extendían cobijas para descansar o simplemente dejar pasar la tarde.
El comercio no se hizo esperar: puestos improvisados ofrecían desde memelas y tacos, hasta tortillas recién hechas a mano. Las bebidas embriagantes eran parte de la oferta más popular, lo que convertía el lugar en una mezcla de feria local y pícnic familiar.
De esta manera, Las Cuevas continúa siendo un refugio para quienes no pueden permitirse lujos vacacionales. Aquí, basta algo de comida y una sombra para convertir el Sábado de Gloria en una celebración sencilla, pero llena de tradición y alegría.
“Venimos cada año, es una tradición familiar que empezó mi abuelo”, comenta doña Justina Cuamatzi, quien junto a sus hijos y nietos instaló su campamento cerca del río. “Aquí comemos juntos, los que se quieran mojar, se van al río; es un día para disfrutar”, dijo.
Para muchos, esta celebración no sólo es una oportunidad de descanso, sino también de reencuentro. Ariel y su esposa Lorena, quienes llegaron con su hijo de tres años, compartieron que después de tres años sin visitar Las Cuevas, ahora lo hacen con el primer heredero de la familia, “para que meta, al menos, los pies en el agua”, dijo el padre de familia.
Por otro lado, otros niños se correteaban para evitar ser “bañados” por el agua de los manantiales, mientras los adultos mayores disfrutaban de la naturaleza o recordaban tiempos de antaño cuando era abundante el vital líquido de los manantiales en esa zona.
Ejemplo claro fue don Calixto Tzompantzi, un hombre de 72 años que aseguró haber venido desde que era niño: “antes acompañaba a mi madre a lavar la ropa, porque mientras ella hacía su quehacer, yo disfrutaba de la naturaleza”, relató, aunque también lamentó que hoy Las Cuevas luzcan relativamente sin agua,
La tarde avanzó con un ambiente festivo, sin incidentes y con una notable presencia de limpieza y respeto por el entorno. Muchas familias recogieron su basura y dejaron el lugar tal como lo encontraron, conscientes de que preservar este espacio natural es parte de la obligación.
Así, entre el sonido de las aves y los últimos rayos de sol, Las Cuevas volvió a ser testigo de una de las tradiciones más vivas de Apetatitlán y Contla de Juan Cuamatzi: un Sábado de Gloria que, más allá del descanso, reafirmó la unión familiar.
Entre las prohibiciones en el área de las Cuevas de Apetatitlán, está el prender fuego, andar en bicicleta, uso de balones, tirar basura, llevar mascotas, dañar la flora y consumir bebidas alcohólicas, entre otras.