Tendenciasdomingo, 11 de mayo de 2025
Amor que deja huella: el duelo por una mascota
Ante el fallecimiento de una mascota la recomendación es vivir el duelo como cualquier otra pérdida
Karla González

En la sala de una casa que antes vibraba con juegos, patitas corriendo y un amor incondicional, ahora reina un silencio abrumador. La camita sigue en su sitio, el plato aún conserva huellas de comida, y los paseos terminaron. Ha muerto un miembro de la familia: una mascota. Con su partida llega un duelo que muchos no comprenden, pero que pesa como cualquier otra pérdida.
Nuestras mascotas se han convertido en miembros de la familia, por lo que su fallecimiento, ya de causas naturales o por accidente, suele ser un dolor como la muerte de cualquier otro ser querido, de tal modo que el tratamiento del duelo debe ser similar.
La tanatóloga Lidis Macías Rivera explica que no sólo la pérdida de un ser humano ocasiona profundas secuelas emocionales, pues con una mascota existe un apego de cariño, fortalecido al paso de los años de compañía, por lo que su partida provoca profunda tristeza que debe ser manifestada para superar la pérdida.

Solemos minimizar el fallecimiento de una mascota, pero la realidad es que es normal atravesar por todas las etapas del duelo como enojo, negación e incluso depresión, explicó la especialista.
“Un día Dalilah -una french poodle de 12 años de edad- dejó de caminar con sus patas traseras y comenzó a arrastrarse por la sala para dirigirse a su platito de comida. El veterinario nos dijo que la vejez ya había llegado y que su condición empeoraría, así que decidimos “dormirla”. Su fallecimiento me causó una tristeza indescriptible; pensaba en ella todo el día y me preguntaba si hice lo suficiente para que no sufriera tanto sus últimos días; no decía nada a mi familia o a mis compañeros de trabajo por temor a verme ridícula por sufrir de esa manera por mi perrita, pero la pasé bastante mal durante meses”, es el testimonio de Teresa Vázquez.

La especialista recomienda que ante estos casos no minimicemos lo que sentimos por temor a la opinión de los demás, pues reprimir las emociones sólo hará más tortuoso y largo el duelo, por lo que es válido y necesario buscar contención del dolor en nuestros seres queridos.
Otra de las recomendaciones que pueden funcionar en algunas personas es realizar una especie de ritual que puede ser desde la cremación del cuerpo de tu mascota, hasta la reunión de la familia para despedirla. Depende del sentir de cada persona y su manera de honrar la memoria de su pequeño compañero de vida.
El duelo por una mascota merece respeto. No es exagerado, no es infantil. Es una expresión del lazo profundo que se forma entre humanos y animales. Perder una mascota es perder una parte de casa, de la rutina, de uno mismo, y como toda pérdida significativa, duele.