Del huerto a la taza: la historia del pumpkin spice, el sabor del otoño
El pumpkin spice se ha convertido en un fenómeno que conjunta tradición y marketing
El pumpkin spice se ha convertido en un fenómeno que conjunta tradición y marketing

Mónica Vargas
Cuando las hojas comienzan a dorarse y el clima se vuelve más fresco, el aroma inconfundible del pumpkin spice invade cafeterías y panaderías. Este sabor, convertido en símbolo del otoño, no siempre fue un fenómeno cultural. Su historia es mucho más antigua y compleja, que, gracias a la mercadotecnia, ha transformado una simple combinación de especias en un ícono global.
El pumpkin spice literalmente se traduce como “especia de calabaza” y tiene su origen en las recetas coloniales de Estados Unidos del siglo XVIII. En aquel tiempo, los colonos adaptaron técnicas europeas de repostería al nuevo continente con productos locales como la calabaza de invierno, que era abundante y fácil de conservar. Para endulzarla y darle aroma, agregaron canela, clavo, jengibre y nuez moscada, especias que llegaron desde Asia gracias a las rutas comerciales marítimas.
Aunque su nombre sugiere que contiene calabaza, en realidad el pumpkin spice no lleva calabaza. Se trata de la mezcla de especias que tradicionalmente se utilizaban para sazonar los pasteles de calabaza, un postre clásico del Día de Acción de Gracias estadounidense.

La popularidad contemporánea del pumpkin spice comenzó en 1950, cuando la empresa McCormick lanzó por primera vez una mezcla comercial llamada Pumpkin Pie Spice. Su objetivo era simplificar las recetas caseras de pasteles de calabaza en un frasco y añadir la combinación ya equilibrada de canela, jengibre, nuez moscada, clavo y, ocasionalmente, pimienta de Jamaica.
El producto tuvo éxito, pero fue hasta medio siglo después cuando el pumpkin spice pasó de ser un ingrediente doméstico a una experiencia cultural.
En 2003, Starbucks lanzó su famoso Pumpkin Spice Latte como una edición limitada para el otoño. La bebida combinaba café espresso, leche, crema batida y la mezcla de especias, para evocar el sabor de un pastel de calabaza líquido. El éxito fue inmediato y se convirtió en un ritual de temporada y en un símbolo del “espíritu otoñal”.
Desde entonces, el pumpkin spice trascendió las cafeterías. Hoy se encuentra en velas aromáticas, cereales, galletas, cerveza, champús, e incluso croquetas para perros. Se calcula que, desde su lanzamiento, el latte de Starbucks ha generado más de 500 millones de dólares y dado origen a toda una “estética del otoño” en redes sociales: bufandas, hojas secas, sweaters anaranjados y fotos con tazas humeantes.
En términos culturales, el pumpkin spice ha logrado trascender fronteras. Ha inspirado reinterpretaciones locales desde panqués y helados en México hasta lattes con leche vegetal o calabaza real en recetas más artesanales.
Si bien desde la Edad Media europea se registra la tradición del viacrucis, nuestro país lo adoptó con un realismo particular