Contexto | Leyenda del callejón del muerto de Toluca (II)
—¿Qué hacéis? —clamó Itzel, llorando desconsolada—. ¡Por piedad, devolvedme a mi hijo!
—No es nuestro, mujer infame —sentenció él, apartándola con brutalidad—. Jamás volverás a verle.
—¡Álvaro! ¡Álvaro, devolvedme a mi hijo! ¡No dejéis que muera mi alma! ¿Dónde lo tenéis?, ¿Sufre?, ¿come mi pequeño? ¿quién cuida su sueño?
Pero el hombre, en su obstinación, solo respondía con un portazo y la sombra de su desprecio.
—Llevadla —le dijo Itzel, entregándole el pliego sellado con cera—. Es la única esperanza que me resta.
María, asintió con la cabeza.
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