Boliche, un deporte de alto costo y grandes sacrificios
Entre gastos, entrenamientos y pasión, Verónica Hernández ha sabido mantenerse vigente a los 52 años, llevando el nombre de México a torneos internacionales pese a las dificultades
Entre gastos, entrenamientos y pasión, Verónica Hernández ha sabido mantenerse vigente a los 52 años, llevando el nombre de México a torneos internacionales pese a las dificultades

Humberto Ávila / El Sol de Toluca
Practicar boliche en México no es tarea sencilla, ni barata. En esta disciplina, cada lanzamiento cuesta más de lo que muchos imaginan. Una bola profesional puede superar los 4 mil pesos, los zapatos rebasan los 3 mil, las maletas alcanzan los 4 mil 500, y eso sin contar el pago por las líneas de entrenamiento o el mantenimiento de equipo. En total, un jugador competitivo puede invertir más de 10 mil pesos al mes solo para mantenerse activo.
En un país donde pocos apuestan por este deporte, Verónica Hernández Ordaz es un ejemplo de constancia y amor por el boliche. A sus 52 años, la atleta mexiquense no solo se mantiene vigente, sino que continúa defendiendo los colores de México en torneos internacionales, enfrentando con valentía los gastos, el esfuerzo físico y los retos personales que implica seguir en el alto rendimiento.
“Una bola aquí en Estados Unidos cuesta 120 dólares -más de 2 mil 200 pesos mexicanos-, y en México puede costarte entre 4 y 5 mil”, explicó la bolichista en exclusiva para El Sol de Toluca desde territorio estadounidense, donde participa en el Campeonato Mundial Senior.
Todo lo que se usa en el boliche viene del extranjero: aceites, máquinas, piezas, zapatos, maletas, todo se importa. Eso encarece muchísimo el deporte.Verónica Hernández Ordaz, Bolista profesional
Y no es solo el equipo. La deportista comparte que cada sesión de entrenamiento representa también un desafío. “Para mantenerte en forma tienes que jugar al menos 8 líneas por día. Cada línea cuesta entre 90 y 120 pesos, dependiendo del boliche. Si entrenas cada tercer día, el gasto mensual se dispara. Y si le sumas gimnasio, entrenador, psicólogo deportivo, nutrición y mantenimiento del equipo, la cifra crece todavía más”, agregó.
El boliche también exige precisión milimétrica y un bolsillo resistente. Un par de zapatos profesionales ronda entre los 3 mil o 4 mil pesos, una maleta especializada puede costar hasta 5 mil, y cada atleta competitivo necesita al menos 3 bolas diferentes para adaptarse a los patrones de aceitado de las pistas.
“Yo llevo 6 bolas, cada una tiene un núcleo y una superficie distinta. Según cómo esté distribuido el aceite en la pista, decides con cuál jugar. Todo eso cuesta, y mucho”, agregó Verónica Hernández.
El camino de este deporte no es fácil porque también hay que conseguir patrocinadores, apoyos privados o instituciones deportivas.

En ese especto, la deportista, asegura, ha tenido que financiar su carrera con esfuerzo personal. “Yo no tengo patrocinio de ninguna empresa. Afortunadamente, el Instituto del Deporte del Estado de México me apoya ahora por mis resultados internacionales, pero durante años todo salió de mi bolsa”, confesó.
La falta de recursos o las responsabilidades familiares han impedido a Verónica consolidarse en ese deporte. Es madre soltera, trabajadora y entrenadora.
“Se me ha complicado mucho, sobre todo cuando mis hijos eran pequeños. Había que priorizar: ellos primero. Yo entrenaba muy poco, pero tengo facilidad para el deporte, porque desde niña he sido muy activa. Eso me ha permitido mantenerme al nivel”, compartió.
Cuando Verónica se divorció, tenía 39 años y dos hijos pequeños. Lejos de rendirse, decidió retomar la universidad dos décadas después de haber abandonado sus estudios. Cursó la licenciatura en Pedagogía, obtuvo becas académica y deportiva, se graduó con el mejor promedio de su generación y recibió una medalla al desempeño.
“Si yo pude estudiar, trabajar y ser mamá al mismo tiempo, ellos también pueden”, le dijo a sus hijos.

El respaldo de su familia, especialmente de su madre, fue clave para que pudiera continuar compitiendo. Aunque el tiempo y los recursos a veces limitan sus entrenamientos, su disciplina y mentalidad la han mantenido en la élite del boliche nacional.
“Hay deportistas que nacen y otros que se hacen; a mí me tocó aprender a base de esfuerzo”, reconoció.
A sus 52 años, Verónica no solo compite, también forma y motiva a nuevas generaciones. Como entrenadora, comparte una filosofía clara: “
El amor de la mexiquense por el boliche comenzó a los 9 años, cuando su madre la llevó a probar distintas disciplinas deportivas. Practicó gimnasia, natación, atletismo y básquetbol, pero el destino la llevó por otro rumbo. “Mi papá me dijo: ‘prueba el boliche’, y desde entonces no lo solté”, recordó.
A los 17 años ya formaba parte de la selección mexicana, representando al país en el Torneo de las Américas 1990, donde obtuvo el campeonato individual. Desde entonces, su nombre ha estado ligado a los grandes logros del boliche nacional e internacional.
En la actualidad, su dominio se mantiene intacto. En el Campeonato Nacional de Boliche 2025, se consagró campeona absoluta al conquistar cuatro medallas de oro en las modalidades individual, parejas, equipos y todo evento.

Su desempeño internacional también la coloca entre las mejores del mundo: en el Campeonato Mundial Senior 2023, finalizó cuarta en el ranking global, solo detrás de las jugadoras estadounidenses, consideradas profesionales del circuito.
Ese mismo año, obtuvo bronce individual en los Juegos Centroamericanos y del Caribe San Salvador 2023 y repitió el bronce en los Juegos Panamericanos Santiago 2023, además de un destacado cuarto lugar panamericano en todo evento.
Cada medalla ha sido fruto de sacrificio, pasión y constancia. Verónica Hernández no solo representa al Estado de México y al país: representa la fuerza de quienes se niegan a rendirse, aún cuando las condiciones no son favorables.
“Me tengo que ganar a mí misma cada día. Ver qué puedo mejorar, qué puedo cambiar y qué puedo aprender”, dijo para El Sol de Toluca. Y mientras ajusta la suela de sus zapatos y toma la bola, sabe que su verdadera victoria ya la obtuvo hace tiempo: la de no dejar de creer en sí misma.