Fernando Solís
La comercialización de la flor de Cempasúchil durante la celebración del Día de Muertos generará una derrama económica aproximada de un millón de pesos, según estimaciones de la presidenta municipal de Tecámac, Rosi Wong Romero.
La autoridad destacó que esta vocación agrícola no se extingue, sino que es activamente promovida por el gobierno local. Para 2025, la cosecha de Cempasúchil se proyecta en 40 hectáreas.
Comunidades y tradiciones
Los floricultores de San Pedro Atzompa, San Lucas Xolox y Los Reyes Acozac continúan pintando sus campos de los característicos colores amarillo y naranja. La flor, conocida en náhuatl como “flor de veinte pétalos”, se utiliza en altares y tumbas durante los festejos del Día de los Santos Difuntos.
Esta flor no es solo un adorno: su intenso color amarillo, asociado al sol, ilumina el camino de los difuntos, guiándolos hacia los altares, un puente simbólico entre la vida y la muerte.
Leyenda prehispánica
La tradición se sostiene en una leyenda prehispánica que narra cómo el Dios del Sol transformó a una mujer llamada Xóchitl en la flor de veinte pétalos. Al posarse sobre ella un colibrí, que representaba a su amado, la flor abrió sus pétalos y liberó su aroma intenso, simbolizando el amor eterno.
Comercialización y herencia cultural
La “flor de los muertos” se vende directamente en los panteones locales y en las Centrales de Abasto de Ecatepec y Tecámac, asegurando que llegue a cada hogar. Esta cosecha no solo adorna el Día de Muertos, sino que también preserva una parte invaluable de la herencia cultural y económica de Tecámac.