Arranca segunda búsqueda intermetropolitana en el Ajusco
Familias buscadoras de distintos estados llegaron al Edomex para rastrear entre la tierra y la basura, restos de sus seres queridos
Familias buscadoras de distintos estados llegaron al Edomex para rastrear entre la tierra y la basura, restos de sus seres queridos

Ximena García
La segunda búsqueda intermetropolitana comenzó este sábado en la zona del Ajusco, Ocoyoacac y Xalatlaco, con la participación de más de medio centenar de familias buscadoras provenientes de distintas entidades del país.
Palas, varillas, guantes y cubrebocas se convirtieron en herramientas de esperanza para quienes cargan sobre sus espaldas el peso de la ausencia y el dolor que deja la desaparición de un ser querido.
En esta jornada, marcada por la solidaridad y la incertidumbre, las historias de desolación se reconocen en todas las miradas, entre ellas, las de la familia de Gerardo Vargas Vargas, desaparecido hace tres años.
Sus hijos, aún pequeños, se sumaron a la brigada acompañando a su abuela, Victoria Cecilia Vargas, quien desde Calimaya ha recorrido cada búsqueda con la esperanza de volver a abrazar a su hijo.
Con sus manos infantiles que apenas llenan los guantes de trabajo, los menores removieron tierra junto a las familias buscadoras, convencidos de que podían hallar a su padre.
Elizabeth Machuca, integrante del colectivo Flores en el Corazón, relató que esta segunda brigada da continuidad a la primera jornada realizada hace seis meses en la misma región, donde se localizaron restos humanos que podrían pertenecer a cuatro personas.

Incluso, durante la prospección de puntos de rastreo que se realizó hace 20 días, localizaron un cráneo.
Es por ello que, durante ocho días de trabajo, se revisarán al menos cinco puntos de prospección en parajes apartados de la carretera.
‘Hoy damos inicio a la segunda brigada metropolitana en donde estamos esperando alrededor de 50 o 60 familias de diferentes estados. Venimos con la esperanza de volver a tener positivos, de poder regresar alguien a casa. No buscamos culpables, buscamos personas, buscamos que vuelvan nuestros seres queridos’, explicó Machuca.
La activista lamentó que los resultados de genética de los restos localizados en la primera brigada aún no han sido entregados.
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En ese sentido, lamentó que la identificación forense en México enfrenta un rezago histórico y que muchas familias viven un calvario adicional al esperar meses o años para conocer si los restos corresponden a sus seres queridos.
Para Victoria Cecilia, madre de Gerardo Vargas, cada búsqueda representa una mezcla de esperanza y dolor. Su hijo desapareció en octubre de 2022, cuando dejó de comunicarse con ella.
‘El último mensaje que tengo de él es del 8 de octubre, sólo me dijo: ‘Mamá, estoy bien’. Desde entonces no sé nada más’, compartió.

Gerardo tenía 30 años, trabajaba vendiendo tanques de gas y era padre de cuatro hijos. Aunque se había separado de su pareja, mantenía contacto y apoyo con su familia.
‘Mi hijo era muy humano, se preocupaba mucho por nosotros y nunca dejó de atender a sus hijos. Para mí no está muerto, todavía tengo la esperanza de volver a encontrarlo vivo’, dijo su madre.
A su lado, los pequeños participan en las jornadas, conscientes de que la tierra que remueven puede acercarlos a su padre.
‘Ellos saben que buscamos a su papá. Siempre quieren venir, aunque a veces me cuesta traerlos porque es muy doloroso, pero también es importante que entiendan lo que hacemos y que crezcan sabiendo que no dejamos de buscarlo’, relató.
Uno de los niños levantó la voz durante la brigada para expresar que a sus 10 años de edad, no pensó en convertirse en parte de las familias que recorren el país en búsqueda de sus seres queridos.
‘Lo bueno es que yo tengo la esperanza de volver a ver a mi papá porque yo lo quiero muchísimo. No quería, lo quiero ver otra vez. No puedo vivir sin él’.
Las familias reconocen que cada jornada es emocionalmente devastadora. Caminar entre barrancas, revisar fosas clandestinas o acudir a los servicios médicos forenses se convierte en una experiencia desgarradora.

‘Cuando vamos a los Semefos sales como atontada, ves tantos cuerpos y piensas que en cualquier momento te darán un positivo. Es un miedo constante, pero al mismo tiempo una esperanza’, narró Victoria Cecilia.
En este esfuerzo de la segunda Búsqueda Intermetropolitana participan colectivos de la Ciudad de México, Estado de México, Veracruz y Baja California, entre otros. También se sumaron elementos de la Marina, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Guardia Nacional, la Policía Estatal, antropólogos y peritos de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, la Comisión de Búsqueda mexiquense así como su homóloga capitalina, además de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas de la Ciudad de México (CEAVI) y buscadores solidarios.
A pesar de las limitaciones económicas, lograron organizarse con colectas, donaciones y el apoyo de las comisiones de búsqueda y de víctimas, que facilitan traslados y algunos alimentos.
Machuca subrayó que estas brigadas son también una forma de visibilizar la magnitud de la crisis de desapariciones en el país.
‘Pasas por el Ajusco y en cualquier paraje alejado de la carretera puede haber un cuerpo. No sabemos dónde están porque los mueven, porque los llevan a trabajar o los levantan los grupos criminales. Lo que esperamos es poder encontrar y regresar alguien a casa, como sea’, dijo.
Mientras las familias avanzaban con varillas y palas sobre la tierra húmeda, la imagen de los hijos de Gerardo llamó la atención de todos.
Sus manitas apenas alcanzaban a sostener las herramientas, pero su voluntad de ayudar estaba cargada de fuerza.
Ese gesto condensó el drama de miles de niñas y niños en México que crecen sin la presencia de su padre o madre, víctimas de desaparición forzada o de la violencia criminal.

Para Victoria Cecilia, el dolor de no saber es incluso más insoportable que la certeza de la muerte.
‘He dicho muchas veces que para mí es más fuerte que si estuviera muerto, porque si lo supiera al menos sabría dónde llevarle una flor. Pero así, uno se hace mil preguntas: ¿comerá?, ¿lo estarán maltratando?, ¿estará vivo? Es un dolor que no se le desea a nadie’, confesó.
Con esas preguntas sin respuesta y la esperanza intacta, las familias se adentraron en los parajes del Ajusco para iniciar ocho días de búsqueda. Entre ellas caminan los hijos de Gerardo, con guantes que les quedan grandes, pero con un amor aún más grande que los impulsa a cavar en la tierra para intentar encontrar a su padre.
Al cierre del primer día de búsqueda, se contabilizaron decenas de huesos que tendrá que ser analizados para verificar su origen y prendas de vestir como zapatos, chamarras y blusas. También se localizó un casquillo percutido.
Lo anterior sólo enciende la esperanza de que podrían ayudar a una familia a encontrar al integrante que el silencio, la omisión y la delincuencia, les arrancó.