El diablito que sostiene al mercado: historia de un estibador de la Central de Abasto de Toluca
Don Juan, con más de dos décadas en el oficio, asegura que no basta la fuerza: la experiencia y la técnica hacen la diferencia. Más de 700 estibadores mantienen en movimiento a este mercado situado en la capital mexiquense; con esfuerzo, experiencia y maña cargan hasta una tonelada de mercancía al día
Rodrigo Miranda
Aunque su vida siempre ha estado ligada al comercio, relata que durante muchos años trabajó en la construcción, hasta que a los 37 años decidió cambiar la cuchara y la pala por el ‘diablito’.
“Desde niño me iba los viernes al mercado Juárez a ayudar a comerciantes de todo tipo. Después trabajé como albañil y a los 37 años agarré el diablito para cargar. Y aquí sigo”, cuenta.
Un oficio de técnica y resistencia
Con el paso de los años, explica, no solo ha ganado fuerza, sino también conocimientos y habilidades que le permiten realizar su trabajo de manera más eficiente.
Ser estibador, dice, implica combinar inteligencia, técnica y fuerza, pues incluso un buen amarre de la mercancía puede marcar la diferencia entre un traslado exitoso o una pérdida.
Sin embargo, también es un trabajo lleno de riesgos. Los accidentes pueden provocar desde fracturas hasta lesiones en la columna, y la situación se complica porque la mayoría de los trabajadores no cuenta con seguridad social.
Cuando ocurre un percance, la mesa directiva organiza apoyos económicos con aportaciones de los propios agremiados, aunque reconoce que muchas veces resulta insuficiente para cubrir los gastos médicos.
Cargar hasta una tonelada
Para convertirse en estibador es necesario realizar un trámite ante la mesa directiva en funciones, además de contar con buena condición física y compromiso con el trabajo.
“Nosotros no tenemos horario. Podemos trabajar día y noche, porque en la Central de Abasto siempre hay algo que cargar. Algunos vienen en la madrugada, otros en la noche y otros durante el día”, explica.
La condición física es clave, pero también lo es la experiencia. En ocasiones deben transportar media tonelada o incluso una tonelada completa, equivalente a unos 20 bultos de azúcar.
A esto se suman largas caminatas con el diablito cargado: entre 300 metros y hasta medio kilómetro, sorteando subidas, bajadas y el constante paso de personas.
“Manejar un diablito no es para cualquiera. Aquí puede venir el hombre más fuerte del mundo y le va a costar trabajo, porque se necesita mucha maña”, insiste.
Un oficio poco reconocido
Reconoce que nadie se hace rico con este trabajo, pero asegura que les permite salir adelante. “De cargar no se hace uno rico, pero sí alcanza para sobrevivir, y eso ya es ganancia en estos tiempos”, afirma.
Finalmente, considera que su oficio ha sido poco valorado, tanto por la sociedad como por las autoridades.
“Muchos vienen en tiempos electorales y traen algún apoyo porque quieren el voto, pero no hay un respaldo constante. Lo ideal sería crear un fideicomiso que ayude a enfrentar los problemas del estibador”, concluye.



























