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Localsábado, 14 de marzo de 2026

El fenómeno alucín: jóvenes que imitan al narco sin pertenecer al crimen

La influencia de la narcocultura, las redes sociales y la búsqueda de identidad durante la juventud han contribuido para que algunos adopten símbolos de poder, lujo y violencia asociados al crimen organizado, aún sin pertenecer a estos grupos

Humberto Ávila / El Sol de Toluca

¿Qué significa ser “alucín”?

El término “alucín” se utiliza para referirse a personas que adoptan la estética, discursos o símbolos asociados al crimen organizado —lujo, poder, dinero o violencia— sin formar parte realmente de estas estructuras delictivas.

En muchos casos se trata de una apropiación simbólica alimentada por imaginarios sociales, reforzados por la cultura popular y las redes sociales.

Para especialistas, este fenómeno está relacionado con los procesos de construcción de identidad juvenil, en los que los jóvenes buscan referentes que les permitan diferenciarse, obtener reconocimiento social o proyectar una imagen de poder.

De acuerdo con el especialista, estas conductas suelen presentarse principalmente entre adolescentes y jóvenes que atraviesan una etapa crucial de desarrollo personal, en la que buscan pertenencia y referentes sociales.

“Si este fenómeno aparece como una alternativa que promete dinero o poder, algunos jóvenes pueden omitir los grandes riesgos que implica”, explicó en entrevista.

Falta de oportunidades y búsqueda de pertenencia

El especialista señaló que factores como carencias económicas, violencia o escasas oportunidades educativas y deportivas pueden influir en que algunos jóvenes busquen reconocimiento en otros grupos o identidades.

“Cuando pensamos en necesidades emocionales podemos asumir que hay cierta ausencia de cuidados o de atención tanto en casa como en el contexto social. En ese escenario, algunos jóvenes adoptan estas identidades para sentirse parte de algo”, indicó.

Narcocultura y la ilusión del poder

Otro elemento que influye en este fenómeno es la expansión de la narcocultura, que a través de la música, redes sociales y ciertos productos culturales difunde narrativas relacionadas con el lujo, el dinero rápido y el poder.

“Forma parte de la base de la narcocultura: promover estilos de vida asociados con riqueza, consumo y excesos. La música, por ejemplo, tiene una gran capacidad de quedarse en nuestra memoria y reforzar estas narrativas”, explicó el especialista.

A esto se suma un factor biológico: el desarrollo del cerebro durante la juventud.

De acuerdo con Revueltas Mira, el cerebro humano termina de madurar aproximadamente a los 25 años, particularmente el lóbulo prefrontal, región asociada con el pensamiento crítico y la toma de decisiones.

“Cuando el cerebro aún está en desarrollo, los jóvenes pueden ser más vulnerables a ciertos contenidos o a la influencia de estas narrativas”, explicó.

Señales de alerta en jóvenes

Adoptar ciertos estilos de vestir o escuchar determinada música no necesariamente implica un problema. Sin embargo, existen señales que pueden indicar riesgos más profundos.

Entre ellas destacan: aislamiento social, conductas violentas, consumo problemático de sustancias, cambios drásticos en la conducta, crueldad hacia animales.

“El problema no es la música o la ropa. La alerta aparece cuando el joven se aísla, presenta conductas violentas o consumo problemático de sustancias”, advirtió el especialista.

Ante este panorama, consideró necesario fortalecer las intervenciones psicosociales en escuelas y comunidades, para brindar información y herramientas que permitan a los jóvenes desarrollar pensamiento crítico.

“El paradigma educativo actual no es prohibicionista; busca ofrecer información para que los jóvenes desarrollen criterio”, señaló.

Un fenómeno ligado a los imaginarios sociales

Desde la sociología y la comunicación, el fenómeno también puede entenderse como parte de los imaginarios colectivos que influyen en la construcción de identidades juveniles.

El profesor investigador Ismael Colín Mar, de la Universidad de Ixtlahuaca y catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAEMex, explicó que el término “alucín” funciona como una etiqueta social.

“El concepto surge como una asignación o estigma que se coloca a personas desde la percepción colectiva”, explicó.

En algunos contextos, añadió, la figura del narcotraficante ha evolucionado hasta convertirse en un símbolo aspiracional, especialmente en entornos marcados por la exclusión social.

Redes sociales y construcción de identidades

El investigador César Augusto Suárez Ramírez, también de la Universidad de Ixtlahuaca, señaló que el fenómeno debe analizarse también desde la forma en que las personas construyen identidades en entornos digitales.

“El imaginario social del ‘alucín’ tiene que ver con la percepción colectiva sobre quienes adoptan esa identidad”, explicó.

Las redes sociales han amplificado este fenómeno al permitir que muchas personas proyecten identidades aspiracionales basadas en símbolos de poder o reconocimiento.

“En internet construimos una especie de biografía digital. Mostramos lo que queremos que los demás vean. El problema es qué identidad estamos proyectando y qué tanto corresponde con la realidad”, señaló.

El investigador advirtió que cuando estos imaginarios se normalizan sin reflexión crítica, pueden contribuir a que estas narrativas sigan reproduciéndose en la cultura.

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