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Localsábado, 15 de marzo de 2025

La Presa José Antonio Álzate: entre la sequía y la contaminación

Según datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), en mayo de 2024 la presa se encontraba al 13% de su capacidad. Tras las lluvias, en agosto alcanzó el 50%, pero para enero de 2025 había vuelto a descender al 30%

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Paola Montoya / El Sol de Toluca

Falta de acciones efectivas

A lo largo de los años, las autoridades locales han anunciado programas para sanear y recuperar la presa, pero ninguno ha logrado resultados tangibles. Los residuos sólidos continúan acumulándose y los esfuerzos de limpieza han sido insuficientes.

Los ciudadanos han exigido en reiteradas ocasiones una solución. En 2020, comuneros de Temoaya pidieron un proyecto para eliminar la acumulación de desechos y lirio acuático. Sin embargo, los vecinos aseguran que sus peticiones no han sido escuchadas y que las respuestas han sido prácticamente nulas.

Actualmente, hay zonas donde el agua ha desaparecido por completo, dejando al descubierto el fondo seco y manchado de la presa. Su aspecto es el de una infraestructura olvidada, y los pobladores acusan a las autoridades responsables de haber abandonado su mantenimiento.

Una presa cubierta de basura

De la poca agua que aún queda en la presa, aproximadamente el 50% está cubierta por basura. La capa de residuos es tan densa que, a simple vista, parece tierra firme. Botellas de plástico, bolsas y otros desechos flotan atrapados en el lodo.

En las orillas, la situación no es mejor. La vegetación ha sido eclipsada por montones de papel, plástico, cartón, madera e incluso prendas de ropa.

Además, la acumulación de basura ha provocado la proliferación de insectos como mosquitos, moscas y zancudos, lo que representa otro problema para los habitantes cercanos.

De fuente de riego a depósito de desechos

Construida entre 1960 y 1962, la presa José Antonio Álzate tiene una capacidad de 36 millones de metros cúbicos y fue diseñada para aprovechar las aguas residuales del río Lerma con fines de riego.

Sin embargo, más de 60 años después, este propósito ha quedado en el olvido. Los campesinos de la región han optado por no utilizar su agua, temiendo que su contaminación afecte sus cultivos.

Lo que alguna vez fue un recurso vital para la agricultura local, hoy es un espejo de la crisis ambiental y la falta de acción gubernamental. La presa José Antonio Álzate se enfrenta a un futuro incierto, y su recuperación parece cada vez más lejana.

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