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Localviernes, 7 de marzo de 2025

Lya: Rompiendo barreras en la ciencia y la sociedad

La joven de 27 años tiene el Síndrome de Apert y cursa una especialidad en el hospital donde pasó su infancia en quirófanos

Ximena García

La joven de 27 años cursa una especialidad en el hospital donde pasó su infancia en quirófanos, su historia demuestra que la voluntad puede romper paradigmas.

Su trayecto no ha sido fácil. Cuando decidió estudiar medicina se enfrentó a obstáculos que no tenían que ver con sus conocimientos, sino con las percepciones que otros tenían sobre sus capacidades.

En su ingreso a la facultad le dijeron que debía poder hacer suturas para ser aceptada, sin considerar que la práctica médica no depende solo de una habilidad manual. 

Más tarde, ya como médica general, comprendió que su lucha no era solo demostrar que podía, sino encontrar el equilibrio entre el deseo de desafiar los límites y la responsabilidad con sus pacientes. 

El acceso a la especialidad y el desafío en la academia

Convertirse en genetista no fue solo una elección vocacional, sino un paso en la construcción de conocimiento sobre las enfermedades raras, como el Síndrome de Apert, que aún tienen vacíos en la investigación. 

En el Estado de México, de cada mil recién nacidos vivos, siete padecerán algún defecto congénito que marcará sus vidas, en la mayoría de los casos pudo ser prevenido.

No solo su padecimiento fue un obstáculo constante; acceder a la especialidad fue un reto mayor, pues en todo el país solo existen 45 plazas para médicos mexicanos.

Las opciones también son limitadas en términos de ubicación, ya que solo se ofrecen en la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Puebla. 

A esto se suman los filtros rigurosos del Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas (ENARM), que deja fuera a la mayoría de los postulantes. “Es bastante complejo”, afirmó.

El camino estuvo lleno de desafíos, pero también de redes de apoyo. Contó con el respaldo de su familia, lo que le permitió enfocarse en sus estudios sin preocupaciones económicas. 

Pero en genética encontró un ambiente donde la comunicación fluyó sin necesidad de explicaciones.

Concientizar sin provocar lástima

Desde su experiencia, la discapacidad suele asociarse a la inspiración, pero en un sentido que invisibiliza el esfuerzo y el talento. 

Su lucha es demostrar que puede trabajar, estudiar y convivir como cualquier otra persona, y que sus logros no deben ser admirados solo por el hecho de existir.

El reconocimiento, afirmó, debe venir de quienes conocen su esfuerzo y comprenden el contexto en el que se desenvuelve. 

“Mis compañeros de la universidad saben lo que implica estudiar, aprobar el examen y lograrlo. Eso se agradece”, mencionó. Sin embargo, recibir elogios en la calle sin que la conozcan solo refuerza el paradigma que busca derribar.

El verdadero reto no es cambiar la admiración, sino generar espacios reales de inclusión. “Nosotros tenemos derecho y la posibilidad de estar con todos en sociedad, trabajar, estudiar y prepararnos”.

Mujeres con discapacidad: la doble discriminación

En el marco del 8 de marzo, Lya reflexionó sobre los desafíos que enfrentan las mujeres en la medicina y en la sociedad. Lograr un espacio en la especialidad que deseaba ya fue un reto, pero como mujer con discapacidad, el camino ha sido aún más complicado.

Más allá de la infraestructura, las mujeres con discapacidad enfrentan otros riesgos, como el acoso y la violencia. 

Para ella, la seguridad debe ser un derecho garantizado, pero no existe un esfuerzo real por incluir a las mujeres con discapacidad en las políticas de movilidad y seguridad.

Discriminación de las mujeres con discapacidad en México

Además, las mujeres con discapacidad reportaron una mayor frecuencia de discriminación por su sexo (19.4%) que los hombres con discapacidad (5.8%), lo que refleja una diferencia significativa de 13.6 puntos porcentuales.

El mensaje a la sociedad y las autoridades

Lya hizo un llamado a las autoridades para generar cambios estructurales que garanticen la seguridad y accesibilidad para todas las personas. También pidió que la sociedad tome conciencia del papel que juega en la inclusión.

El reto no es solo modificar la infraestructura, sino transformar la cultura. 

“Sé que es difícil que quienes no están en nuestros zapatos se pongan en ellos, pero es necesario impulsar desde el gobierno la idea de que también tenemos derecho de estar ahí”.

El reconocimiento no debe basarse en la compasión, sino en la igualdad de oportunidades. Lya ha demostrado que los límites que la sociedad impone pueden ser superados, pero su historia no debería ser la excepción. 

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