Migran desde el sur del Edomex por falta de empleo
El factor económico es la principal causa para cambiar de un lugar a otro dentro de la misma entidad, comparten los pobladores mientras que las zonas urbanas se convierten en atractivos para los migrantes.
De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 442,442 personas cambiaron su lugar de residencia dentro del Estado de México durante ese año.
Zonas desarrolladas, las principales receptoras
"En la Zona Metropolitana del Valle de Toluca hay mucha gente del sur que se salió justamente por no encontrar oportunidades allá", mencionó el economista.
Historias detrás del cambio
Turismo, otra vía de empleo y migración
El turismo también funciona como imán laboral. Habitantes de Donato Guerra e Ixtapan del Oro migran a Valle de Bravo para trabajar en restaurantes, hoteles y servicios turísticos, donde los ingresos suelen ser mayores que en sus comunidades de origen.
Poblamiento y despoblamiento: pros y contras
"Desafortunadamente el modelo de desarrollo que aplican países como el nuestro son excluyentes, es decir incluye a unos y excluye a otros", agregó.
La Secretaría de Finanzas del Estado de México promueve estímulos fiscales, incluyendo hasta 100% de condonación en licencias municipales, para empresas que se instalen en 26 municipios del oriente y noreste del Edomex, en el marco del Plan México.
Toluca, Metepec, Zinacantepec, Lerma y San Mateo Atenco refuerzan seguridad con filtros viales, cierres de calles y restricciones para evitar accidentes y mantener el orden durante las celebraciones.
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Tejupilco es un municipio de migrantes, no solo hacia Estados Unidos sino también dentro del Edomex / Foto: Daniel Camacho / El Sol de Toluca
Despedirse de la tierra que los vio nacer es una decisión frecuente entre los habitantes del sur del Estado de México. Ante la falta de oportunidades laborales, muchas familias migran dentro del propio estado en busca de empleo y servicios, un fenómeno conocido como migración interna o intraestatal, explica el economista y demógrafo Juan Gabino González Becerril.
"En la región sur hay municipios representativos de la migración tanto interna como internacional entre ellos están Tejupilco, Coatepec Harinas, Tonatico, Almoloya de Alquisiras, Temascalcingo, por mencionar algunos", mencionó en entrevista con El Sol de Toluca.
Las zonas metropolitanas con mayor desarrollo urbano, empresarial y de inversión atraen a más migrantes por su mayor oferta de empleos formales. En este sentido, Toluca y Metepec se consolidaron como polos de atracción: en 2020 ambos municipios figuraban entre los 10 con mayor población foránea, al sumar casi 6,000 nuevas personas, según cifras del INEGI.
Los pobladores que migran, aseguran, lo hacen con la esperanza de mejorar su estabilidad financiera, que les permita cumplir sus metas y mantener una vida con los recursos materiales suficientes. "En municipios tan pequeños a veces las opciones de trabajo son muy pocas así que no queda de otra más que salir y buscar para salir adelante", comentó Mónica Sevilla, habitante de Donato Guerra, municipio ubicado al sur del Edomex.
Toluca y Metepec se consolidaron como polos de atracción / Foto Ilustrativa: Carlos Sánchez / Cuartoscuro
Por ejemplo, hay habitantes que decidieron migrar desde su juventud porque sus lugares de origen, no les ofrecían el crecimiento académico y profesional que anhelaban, como la historia de Omar, oriundo de Tejupilco, quien desde hace casi dos décadas vive en la capital mexiquense, donde estudió y encontró trabajo. "Me vine a Toluca cuando termine la preparatoria; estudie la carrera de Ingeniería Mecatrónica en una universidad de la ciudad y después me contrataron en una empresa de piezas para automóviles. Allá en Tejupilco nunca hubiera encontrado ese trabajo", compartió Omar Torres.
"Muchas personas de Donato se van a Valle a trabajar a los restaurantes, cafeterías, hoteles donde llega mucho el turismo, también trabajan ofreciendo tours y es mucho más lo que pueden conseguir económicamente", comentó Enrique, habitante de Donato Guerra.
Gabino González advierte que en destinos turísticos como Valle de Bravo ocurre un proceso de gentrificación: la llegada de poblaciones de mayor poder adquisitivo eleva el valor del suelo y demanda nueva fuerza laboral, pero también desplaza a residentes originarios. En zonas receptoras las clases altas frecuentemente se trasladan a fraccionamientos exclusivos, generando segregación espacial y limitado acceso a servicios públicos para la población tradicional.
La migración interna trae crecimiento poblacional (poblamiento) en áreas urbanas y efectos negativos como la urbanización de suelos agrícolas y escasez de empleos de calidad. Por otro lado, provoca despoblamiento en municipios rurales: baja natalidad, envejecimiento de la población y pérdida de dinamismo económico. “En la comunidad de Bejucos, en Tejupilco, casi no hay gente joven; si pasan por el parquecito solo encontrarán adultos mayores”, apunta González.
Además con la llegada de los migrantes en estás zonas, las clases sociales altas buscan conjuntos habitacionales exclusivos para evitar compartir espacios con personas que no sean de su estrato social, propiciando la edificación de éstos. En ese sentido, detalló que en los años 80, los llamados ricos vivían en la zona centro de Toluca, luego se movieron a Metepec y actualmente se están mudando a residenciales construidos en Lerma.
El turismo también funciona como imán laboral. / Foto Ilustrativa: Omar Martínez / Cuartoscuro
Lo anterior también genera exclusión y desigualdad para acceder a servicios básicos, como áreas verdes que fomenten la recreación y un ambiente saludable, o seguridad mediante luminarias que en ocasiones son exclusivas de quién puede pagarlas, aunque sean consideradas derechos, expresó González.
El campo, la ganadería, el comercio, la docencia y un puesto en el ayuntamiento son las alternativas que tienen los que se quedan en los municipios sureños para conseguir ingresos monetarios, que llegan hasta sus hogares mediante esfuerzos, cansancio físico y desvelos, comentan. "Aquí o trabajas la tierra o tienes a tus animales o estás en la presidencia, no hay más y las personas sabemos que tenemos que hacer muchos esfuerzos para poder llevar el pan a la casa porque andar en el campo o tener un negocio no es fácil", dijo Mónica.
Las personas que cambian su lugar de origen por necesidad, coinciden que sus pueblos conservan lo que en la ciudad se ha ido perdiendo, tranquilidad ya que la vida puede ser más complicada económicamente pero el placer de disfrutar la naturaleza y un aire limpio, aún persiste, expresan. Además al migrar y volverse han dado cuenta de la prosperidad de alimentos que existen en su tierra.
"Aquí aunque no tengas mucho dinero, no te quedas sin comer, vas al campo y cortas unos quelites, agarras unos huevitos de las gallinas y con eso tienes. Somos afortunados todavía de poder salir a nuestros patios y ver lo que nos da la tierra", agregó Enrique. Difícil es la palabra que describe el cambio pero la valentía es lo que acompaña el proceso porque los migrantes dejan a su familia y sus sueños para construir nuevas metas que les permitan avanzar.
Encontrar el equilibrio entre los territorios receptores y salientes de los migrantes puede ser una labor complicada ya que se trata de un proceso que involucra factores económicos, sociales y políticos, por lo que modificarlos, tardaría varios años, compartió Juan Gabino. Por lo anterior, consideró viable permitir la circulación e implementar proyectos de impacto en los municipios a fin de volver a atraer la atención de los habitantes que salieron, aunque destacó, existen grupos de adultos mayores que retornan a dónde nacieron para vivir en paz su vejez.