Riesgo en avenida Lerdo: fachadas frágiles y banquetas colapsadas
Vecinos reconocen como problemática el deterioro de inmuebles históricos, el tamaño de las banquetas y la saturación vehicular
Ximena García
En esta vía, que atraviesa la ciudad de oriente a poniente, conviven banquetas estrechas, muros con riesgo de colapso y el paso constante de más de mil unidades del transporte público cada día, lo que agrava la contaminación y el deterioro urbano.
Entre Isidro Fabela y Rayón, las banquetas del lado derecho miden menos de 50 centímetros y están interrumpidas por postes que obligan a los peatones a descender al arroyo vehicular.
En este mismo costado se concentran las paradas de autobuses, de modo que quienes esperan el transporte deben mantenerse pegados a los muros cuarteados o moverse entre los vehículos que circulan a centímetros de distancia.
A esto, dijeron, se suma la exposición constante a partículas PM10 -emitidas por los motores de combustión- que afectan la calidad del aire en toda la zona.
En ese sentido, reconocieron que la mayoría de residentes de la zona han reportado afecciones respiratorias desde agudas hasta crónicas, en especial adultos mayores y niños que viven en los alrededores.
Para los habitantes, la llegada del Mexibús podría representar una mejora en la calidad ambiental, al sustituir parte del transporte convencional.
Sin embargo, advirtieron que la modernización de la avenida no puede limitarse a una nueva imagen urbana.
“El problema aquí no es sólo visual, sino estructural. Hay muros que se están cayendo y banquetas por donde apenas se puede pasar”, señaló Patricia, vecina de la avenida.
Fachadas con valor histórico, pero sin mantenimiento
La intención, dijo, es avanzar en un programa de rehabilitación de fachadas antes de la entrada en operación del Mexibús.
El proyecto contempla acciones de embellecimiento en corredores patrimoniales como Lerdo y Bravo, aunque especialistas advierten que estas medidas no resolverán el riesgo estructural ni la falta de planeación urbana que enfrenta la zona.
El académico y consultor en gestión integral de riesgos, Hugo Antonio Espinoza Ramírez, explicó que las restricciones legales y la limitada capacidad operativa del INAH han frenado durante años cualquier intervención profunda.
Riesgo inminente y limitaciones legales
Espinoza detalló que las unidades municipales de Protección Civil pueden declarar un riesgo inminente, acordonar y apuntalar, pero no tienen facultades para ejecutar obras mayores sin autorización federal.
“En términos de protección civil la prioridad es la vida, pero en la práctica se topan con una pared burocrática. Se notifican los riesgos, se colocan cintas o maderas, pero no se puede hacer más”.
Espinoza Ramírez, quien también es ex coordinador de Protección Civil y Bomberos de Toluca, recordó que, durante su paso por la administración pública, las peticiones al INAH para reforzar o demoler fachadas con daño severo solían permanecer sin respuesta durante meses.
“Es una ejecución anquilosada, muy reducida en su capacidad técnica. Hemos llegado a esperar hasta seis meses para una simple verificación, y mientras tanto los inmuebles siguen en riesgo”.
Patrimonio frágil y propietarios ausentes
El académico consideró que en el centro histórico de Toluca existen al menos entre 30 y 35 edificaciones que requieren intervención urgente, muchas de ellas sobre Lerdo.
Algunas permanecen apuntaladas desde hace años y otras fueron abandonadas por completo.
“En algunos casos, los dueños prefieren dejar que el inmueble se deteriore porque saben que su restauración es costosa y que no pueden hacer modificaciones sin permiso del INAH. Mientras tanto, el peligro lo enfrentan los peatones que caminan junto a esos muros”.
Esta cadena de limitaciones ha dejado sin atención un corredor donde el patrimonio histórico y la seguridad pública coinciden en su deterioro.
Las fachadas históricas más vulnerables
Entre los más vulnerables se encuentra el inmueble ubicado en Instituto Literario 408, cuya fachada colapsó parcialmente el año pasado y mantiene restricciones de paso.
Lerdo, entre la movilidad y el deterioro
La avenida Lerdo fue por décadas uno de los principales ejes comerciales de Toluca. Hoy, su trazo se mantiene saturado por el transporte público y el tránsito local, lo que agrava el desgaste de la carpeta asfáltica y las vibraciones que afectan las estructuras.
En el tramo de Isidro Fabela a Rayón, los cables aéreos, los muros pintados en capas superpuestas y las cortinas metálicas corroídas muestran la huella del tiempo y la falta de mantenimiento.
El gobierno municipal prevé que con la entrada del Mexibús se reduzca la circulación de autobuses, lo que podría mejorar la calidad del aire y disminuir la exposición a partículas contaminantes.
Aun así, los vecinos insisten en que es necesario un proyecto integral que contemple no solo la restauración de fachadas, sino la reconstrucción de banquetas, la regulación del transporte y la atención a los inmuebles en riesgo.




































