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Localmartes, 1 de julio de 2025

“Soy libre, gracias”: Longino Celestino sale del penal tras 14 años y medio

Se reencontró con los suyos y dejó atrás el uniforme caqui; ahora quiere volver al campo y con su esposa

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Ximena García

Longino Celestino Zetina Reyes salió del penal de Tenango del Valle la tarde este martes. Dejó atrás el uniforme caqui que lo identificó como interno durante más de 14 años y cruzó el portón con un suéter verde, pantalón café y chamarra negra. 

Esa figura penal contempla una condena máxima de 10 años. Para cuando se dictó la resolución, Longino ya había pasado más tiempo del que legalmente correspondía.

Soy libre, gracias, gracias por todo el apoyo, por todo el apoyo que le dieron a mi esposa, a mis compañeros. No se desanimen, también hay ley, hay justicia… Le doy gracias a mi esposa más que nada.

Una vida interrumpida sin pruebas ni defensa adecuada

La revisión del expediente judicial evidenció fallas en el debido proceso. Durante su juicio, Longino no contó con una defensa que comprendiera su contexto indígena ni con las garantías mínimas que deben acompañar a toda persona en situación de vulnerabilidad. Tampoco se valoraron las condiciones en que ocurrieron los hechos.

Tenía 45 años cuando fue detenido. Ahora tiene 60. En todo ese tiempo permaneció alejado de su familia y del trabajo en el campo. La tierra que solía sembrar lo esperó año con año mientras él pasaba los días entre talleres, rutinas carcelarias y silencios prolongados.

Tras respirar fuera del penal como un hombre libre, reconoció que durante su encarcelamiento concluyó la secundaria, por lo que ahora tiene la intención de terminar la preparatoria, aunque su principal deseo es otro.

‘Soy un hombre de trabajo, nací en una familia pobre. Mi papá murió cuando yo tenía siete años, por eso no tuve estudios. Pero aquí en el penal terminé la secundaria. Quiero seguir, terminar la prepa… pero ya tengo mi edad. Lo que quiero es estar con mi esposa, trabajar, volver a ver los campos verdes’.

Una causa que no es individual

Entre las personas liberadas hay 15 mujeres y cuatro hombres, todos procesados por delitos graves bajo condiciones cuestionables, sin acceso a defensa idónea o con omisión del contexto social y cultural en sus juicios.

El acompañamiento del colectivo Haz Valer Mi Libertad ha sido clave para visibilizar los casos de personas indígenas, de escasos recursos o sin alfabetización legal que permanecen tras las rejas sin pruebas contundentes. La lucha no termina con una resolución favorable.

Afuera del penal, Lady Plácido, integrante del grupo de las mujeres que luchan de Haz Valer Mi Libertad, señaló que el caso de Celestino es uno que buscará reconstruir una vida truncada por la injusticia, pero aún hay más presos inocentes.

‘No son números, son personas. Las sentencias que se emiten transforman y cambian vidas para siempre, las destrozan. Pero hoy se puede reconstruir lo que por mucho tiempo se perdió. Aquí seguiremos luchando por la libertad de nuestros presos inocentes.

Tiempo perdido, vida por reconstruir

Longino vuelve a casa con 60 años. No guarda rencor. Sabe que no puede recuperar los años de encierro, pero tiene claro lo que quiere hacer ahora, quiere sembrar, trabajar, caminar entre maizales y compartir sus días con la mujer que lo esperó.

La libertad de Longino representa una reparación parcial, un inicio. Para él, la vida vuelve a empezar entre el verde de los campos.

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