Tianguis de Villa Cuauhtémoc, 208 años de historia viva en Otzolotepec
Desde hace más de dos siglos el tianguis dominical no sólo impulsa la economía local sino que también preserva tradiciones como el trueque y el encuentro comunitario.
Desde hace más de dos siglos el tianguis dominical no sólo impulsa la economía local sino que también preserva tradiciones como el trueque y el encuentro comunitario.

Paola Montoya / El Sol de Toluca
Cada domingo, bajo las lonas de colores, decenas de comerciantes se colocan en el centro de Otzolotepec, en la comunidad de Villa Cuauhtémoc, para instalar el tradicional tianguis, uno de los más antiguos de la región, que este 26 de enero cumplirá 208 años de acompañar la vida de generaciones.
“El tianguis de Villa Cuauhtémoc nos hace sentir la identidad como otzolotepenses, una tradición que se ha mantenido, de acuerdo con la información de archivos históricos, desde hace 208 años”, comentó en entrevista con El Sol de Toluca el cronista de Otzolotepec por la Asociación Mexiquense de Cronistas, Francisco Hurtado Cisneros.
Su origen data de 1818, a partir de una negativa que, paradójicamente, permitió su permanencia en el municipio. En ese año, el entonces cura de la parroquia, José Miguel Pérez, solicitó a la autoridad virreinal su desaparición, tras su reciente instalación frente a la iglesia, pues argumentó que alteraba la tranquilidad del pueblo.
Tras la petición, la autoridad ordenó al subdelegado de Tenango del Valle —jurisdicción a la que pertenecía Otzolotepec— verificar el caso. Luego de realizar la visita, concluyó que los señalamientos eran falsos y, por el contrario, el tianguis resultaba benéfico, ya que los lugares más cercanos para adquirir productos básicos se encontraban en Toluca, relató Hurtado Cisneros.
Fue así que el 31 de diciembre de 1818 se decretó su permanencia, decisión que respaldó el virrey conde del Venadito al firmar un documento el 26 de enero de 1819, con lo que su continuidad quedó definida, señaló el cronista.
Para los vecinos de Otzolotepec es imposible imaginar a Villa Cuauhtémoc sin los tianguis dominicales. Cada fin de semana, las calles centrales del municipio se llenan de colores, sabores y texturas de las frutas, verduras y alimentos que se ofertan.
Son cientos de familias las que acuden a comprar lo que tradicionalmente se conoce como “mandado”, pero también para degustar un tradicional taco de plaza con chicharrón, aguacate, salsa y pápalo quelite.
A través del tiempo, distintas generaciones han caminado por el tianguis: primero como niños, degustando un helado; luego como adultos, en busca de productos básicos; y finalmente como abuelos, acompañados de sus familias. La nostalgia y la alegría se combinan en un mismo sitio.

En 2020, durante la pandemia de COVID-19, las lonas de colores desaparecieron y las calles lucieron desoladas. En el ambiente se percibía una combinación de extrañeza y tristeza, pues jamás imaginaron que el tianguis desaparecería; hoy, esos días son recordados con amargura.
“Jamás imaginé un domingo sin tianguis y cuando ocurrió por la pandemia fue feo no ver a las familias caminar y a todos los comerciantes. Es que sin el tianguis este pueblo no es igual”, comentó don Francisco.
Al caminar por el tianguis, amigos de la infancia, familiares y hasta exparejas vuelven a encontrarse. Para quienes hace tiempo no ven a sus amistades, se trata de un reencuentro acompañado de memorias y conversaciones que las reavivan.
Entre los pasillos también se fortalece la economía local de Otzolotepec, pues algunos de los comerciantes son originarios de la demarcación, lo que incentiva la compra y beneficia los ingresos de distintos sectores, como el de alimentos, ropa y comida preparada, entre otros.
Además, se mantiene viva la tradición del trueque, un intercambio que no requiere dinero. En su mayoría son mujeres otomíes quienes continúan con esta práctica y acuden al tianguis para intercambiar principalmente frutas y verduras que cosechan, aunque también las ofrecen a los visitantes.
El orgullo es lo que todos los otzolotepenses deben sentir por su tianguis, refirió el cronista, pues recuerda que en estos espacios sociales existe una historia y ancestros que lo hicieron posible.