Tianguis vs plazas: la lucha que sigue en las calles del Edomex
El Edomex es la entidad con más establecimientos comerciales de México, este modelo de venta en la calle sigue siendo refugio laboral y punto de encuentro comunitario.
En otras palabras, una de cada dos unidades económicas mexiquenses vive de vender directamente al consumidor final. El comercio minorista no es un actor secundario: es uno de los pilares de la economía estatal.
Porque mientras los centros comerciales ofrecen comodidad, los tianguis siguen ofreciendo algo más difícil de replicar: cercanía, comunidad y una economía que, aunque frágil, continúa poniendo comida en la mesa de miles de familias mexiquenses.
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Para miles de familias, el tianguis no es solo tradición, es una estrategia de ingreso ante la alta informalidad. / Foto: Alán Jimenez / El Sol de Toluca
Entre vitrinas relucientes, promociones de temporada y pasillos climatizados, el consumo parece tener domicilio fijo en las plazas comerciales. Pero, a unos metros de esos lugares de retail, otro comercio resiste sin reflectores ni campañas millonarias: el de los tianguistas.
En calles, explanadas y colonias del Estado de México, miles de comerciantes levantan cada semana una economía que no aparece en los espectaculares, pero que sostiene hogares, tradiciones y redes comunitarias. No compiten solo por precio; compiten por sobrevivir y por mantener vivo un modelo de comercio popularque ha sido, durante décadas, columna vertebral de la vida barrial.
La escena se repite en municipios del valle de México y del valle de Toluca: mientras los centros comerciales abren sus puertas con horarios extendidos y estacionamientos amplios, los tianguis comienzan a montarse desde el amanecer. No hay aparadores de lujo ni marcas internacionales en cada esquina, pero sí mercancía diversa, trato directo y una lógica de cercanía que todavía hace sentido para miles de familias.
En esos pasillos improvisados no solo se vende fruta, ropa, calzado o herramientas; también se conversa, se pregunta por la familia, se regatea y, en algunos casos, hasta se fía. Ese tejido social es parte de la ventaja que aún les permite resistir frente a una competencia cada vez más agresiva.
Tampoco se trata de un fenómeno menor. De acuerdo con la minimonografía estatal de los Censos Económicos 2024 del INEGI, en el Estado de México existían 749 mil 365 unidades económicas del sector privado y empresas paraestatales, de las cuales 381 mil 485 correspondían al comercio al por menor, es decir, 50.9 % del total.
Ese peso también se refleja en el empleo. El comercio al por menor concentró 881 mil 283 personas ocupadas en la entidad, equivalentes a 31.5 % del total estatal, además de generar 234 mil 771 millones de pesos de valor agregado censal bruto (20.3 % del total). Bajo ese contexto, hablar de tianguistas no es hablar de un sector marginal o decorativo, sino de una expresión cotidiana de una economía amplia, dinámica y profundamente arraigada en la entidad más poblada del país.
Además de vender, en el tianguis se regatea, se conversa y se fortalece la vida barrial. / Foto: Alán Jimenez / El Sol de Toluca
Sin embargo, permanencia no es sinónimo de estabilidad. Para un tianguista, la jornada depende del clima, la temporada, el flujo de personas, los permisos y los operativos. Las ventas se juegan prácticamente al día. Mientras una plaza comercial cuenta con infraestructura, seguridad y estrategias permanentes de promoción, el comerciante popular trabaja con márgenes reducidos y alta incertidumbre.
La vulnerabilidad se acentúa en un contexto de informalidad persistente. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en su tercer trimestre de 2025, reportó que en el Estado de México la tasa de informalidad laboral fue de 57.2 %. Con una población ocupada de 8.1 millones de personas, alrededor de 4.6 millones trabajaban en condiciones informales. El dato ayuda a dimensionar por qué el tianguis sigue siendo refugio para miles de familias: no es solo tradición, es una estrategia de supervivencia.
El comercio, además, continúa creciendo como salida laboral. En el primer trimestre de 2024, el INEGI reportó que el sector concentró 22.8 % de la población ocupada en el Estado de México y registró un incremento anual de 100 mil 999 personas. Vender —en un local establecido, una tienda de barrio, un mercado o un puesto sobre ruedas— sigue siendo una de las principales puertas de entrada al trabajo.
A ello se suma otro dato revelador: los Censos Económicos 2024 ubicaron al Estado de México como la entidad con más establecimientos del país (12.7 % del total nacional) y la segunda con mayor participación en personal ocupado (9.9 %). En valor agregado censal aportó 7.4 % del total nacional. La economía mexiquense se mueve en grande, pero el dinamismo no se distribuye de manera equitativa. Mientras las grandes cadenas concentran capital e infraestructura, miles de comerciantes populares compiten desde la calle, el mercado y el tianguis.
Ante esa presión, muchos tianguistas han optado por reinventarse. Algunos ya aceptan transferencias electrónicas; otros promocionan sus productos en redes sociales o combinan el puesto físico con entregas por encargo. La resistencia no pasa solo por instalarse cada semana en el mismo sitio, sino por adaptarse a un modelo comercial que vende comodidad y entretenimiento en un solo espacio.
Lo que está en juego va más allá de la nostalgia. Se trata de dos formas de entender el comercio. De un lado, la lógica de la gran plaza y el consumo como experiencia empaquetada; del otro, la economía de calle, del esfuerzo diario y del trato cara a cara. En esa tensión cotidiana, los tianguistas siguen resistiendo entre franquicias y concreto. Y en su permanencia se cruzan historias de desigualdad, trabajo informal, identidad barrial y supervivencia económica.