Miles de mujeres marcharon por calles del centro de Toluca
La movilización por el Día Internacional de la Mujer avanza por el primer cuadro de la capital, hay cierres de calles y comercios
Ximena García
“No estás sola”, se repetía como un mantra cuando alguna se quebraba. Se abrazaban, se sostenían. Las marchas de cada 8 de marzo son una protesta, pero también una red de apoyo que se teje entre desconocidas.
El contingente partió con el bloque negro y la batucada al frente. Luego venían las víctimas y sus familias.
Cada una tenía una razón para estar ahí. Algunas, por una amiga o una hermana. Otras, por ellas mismas.
‘Soy la maestra de las niñas que nunca vas a tocar’, decía un mensaje en letras negras. ‘Soy la madre, soy la hermana, soy todas’, se leía en otro..
‘Si alguien la ha visto, ayúdenme a que regrese a casa’, decía su voz quebrada, replicada por cientos de gargantas que hicieron suyo el grito.
Rayón, Hidalgo, Bravo, Independencia: el camino de la protesta
El contingente llegó a la Plaza de los Mártires, donde un sonidero esperaba con la bocina lista. Cuando comenzaron los primeros acordes de Canción sin Miedo de Vivir Quintana, las voces se alzaron, las lágrimas se mezclaron con la rabia.
El puño en alto, la garganta rota, el grito que dolía:
“Que resuene fuerte ‘Nos queremos vivas’, que caiga con fuerza el feminicida… Soy la niña que subiste por la fuerza, soy la madre que ahora llora por sus muertas y soy esa que te hará pagar las cuentas… ¡Justicia!”
Las miles de mujeres que estaban ahí la cantaron y la sufrieron. Algunas cerraban los ojos y apretaban los labios para contener el llanto. Otras se abrazaban entre sí, sintiendo la fuerza de todas en un solo himno.
Los nombres que el Estado de México calla
El contingente avanzó con la fuerza de quienes se niegan a resignarse. Más de cinco mil mujeres coreaban consignas, arrojaban polvo morado y verde al aire, hacían de la ciudad suya, al menos por unas horas.
En ciertos puntos, el bloque negro accionó. En algunos negocios se escucharon golpes, los vidrios cedieron, las paredes fueron intervenidas con nombres y exigencias. Ahí, donde alguna vez hubo acoso y violencia sin castigo, quedaron huellas de la furia contenida.
‘No es vandalismo, es memoria’, explicó una mujer mientras pintaba sobre la fachada de un edificio donde trabajaba un agresor denunciado en redes. “Nosotras no olvidamos”.
Violetas, no violentas
Cuando la marcha llegó a su fin, muchas se quedaron. Algunas limpiaban lágrimas que no eran solo suyas, sino de todas. Otras se sentaban en el suelo, compartiendo un cigarro, una mirada, un instante de paz entre tanto ruido.





























