Vecinos del sur mexiquense trabajan para reabrir Ixtapan–Coatepec Harinas
San Alejo, Meyuca y Zacualpan comenzaron a remover la tierra que bloquea la carretera desde el 28 de septiembre, vital para transporte y comercio.
Ximena García
El deslave que cerró el camino el 28 de septiembre, frenó la vida entera. Por esa ruta circulaban los camiones que llevaban abarrotes, fertilizantes y materiales, y que recogían las cosechas del campo.
Desde que el paso quedó bloqueado, los transportistas deben rodear por rutas que les aumentan en una hora los traslados y con ello, los costos.
Una de las consecuencias, afirmaron los vecinos, es que los agricultores no logran colocar sus productos y los pequeños comercios ven vaciarse los estantes.
“La gente de aquí vive del paso. Los de tiendas, los de camiones, los del campo, todos dependemos de esta carretera. Sin ella no entra nada ni sale nada”, aseguró Alfonso, vecino de San Alejo.
En Meluca los negocios sobreviven con lo que les queda en bodega. En Zacualpan y Coatepec Harinas los productores calculan las pérdidas de una temporada que no pudieron sacar al mercado.
Cuando el pueblo decidió hacerlo solo
La decisión de actuar surgió de una asamblea. El domingo pasado se reunieron los representantes de las comunidades y al día siguiente comenzaron los trabajos.
Cada quien aportó lo que pudo; unos diésel, otros comida, otros maquinaria. Desde entonces, las excavadoras no se han detenido.
“Empezamos el lunes después de la reunión. No esperamos a nadie. Todo ha sido por cuenta de la gente, los que tienen máquinas, los que ayudan con efectivo o con alimentos. Así le estamos haciendo”, cuenta Alfonso.
El avance ronda 70 por ciento, afirmaron y esperan que en unos días más, puedan volver a circular sin pagar peajes.
Dos excavadoras y tres camiones de volteo trabajan de sol a sol, con un gasto diario cercano a los 100 mil pesos. les apoyaba un rotomartillo, pero por las marchas, deben repararlo.
La maquinaria grande, lamentaron, cobra 20 mil pesos al día y la más pequeña ochocientos por hora, sin incluir el combustible.
Es por ello que, 30 metros antes del tramo, jóvenes de las comunidades reciben aportaciones voluntarias de los automovilistas. No es una cuota, aclararon, sino la forma de mantener encendidos los motores.
Una brecha que no resuelve
El gobierno municipal de Ixtapan de la Sal habilitó una vía alterna, pero sólo para vehículos ligeros, por lo que los camiones no pueden pasar. Para los transportistas, la medida no resuelve el problema de fondo.
“La brecha que abrieron no sirve para camiones. Tengo volteos y ahora tengo que irme a las minas de Calimaya, pagar tres casetas de ida y tres de regreso. Cada vuelta cuesta 700 pesos, y los clientes no aceptan subir el precio. Estamos trabajando a pérdida”, explicó uno de los transportistas de materiales afectados.
El aumento en los costos del traslado encarece los alimentos y frena la actividad comercial. En los pueblos, reconocieron, los precios cambian cada semana y las ventas disminuyen. Incluso el combustible escasea.
Un mes de espera sin respuesta
El 28 de septiembre, el deslave dejó cinco personas heridas y cortó la comunicación hacia el sur. En los primeros días llegaron brigadas de la Junta de Caminos, Protección Civil y el Ejército. Después se fueron con la promesa de realizar estudios que tardarían meses.
“Nos dijeron que iban a tardar cuatro meses, pero ya pasó uno y no han vuelto. Cuando vieron que empezamos a trabajar, entonces sí quisieron venir. Pero ya no queremos que se cuelguen el crédito”, dijo Alfonso.
En tanto, las comunidades costean los trabajos. El esfuerzo principal recae sobre los pobladores, que trabajan en turnos y se organizan para alimentar a los operadores.
Entre el riesgo y la necesidad
Pese al riesgo que hay en la zona, en la que la Junta Local de Caminos detectó otros puntos vulnerables, nadie se retira.
“Sabemos que hay riesgo, pero si esperamos nos quedamos aislados”, dijo uno de los operadores mientras acomodaba el terreno.
Los pueblos del sur no piden reconocimiento, buscan recuperar el paso que sostiene su economía y su vida cotidiana.
San Alejo, Meluca, Llano Grande, Zacualpan, Pilcaya, Almoloya y las comunidades vecinas dependen de esa carretera para mover lo que producen y para seguir en pie.
Es por ello que entre el polvo y el ruido de las máquinas, el sur mexiquense vuelve a abrirse camino, esta vez con sus propias manos pues la Junta Local de Caminos no continuó con la rehabilitación de la carretera.

































