Ximena García
La violencia económica es una de las principales barreras que impiden la autonomía de las mujeres en el Estado de México. A pesar de los avances en materia de equidad, persisten la brecha salarial, la precarización laboral y la dificultad para acceder a puestos de toma de decisiones.
Así lo señalan especialistas quienes destacan que estos obstáculos tienen su origen en estructuras que históricamente han relegado a las mujeres a la informalidad y a los trabajos de cuidado no remunerados.
Al respecto, la especialista en Género y docente de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex), Yenifar Carina Gómez Madrid, explicó que el techo de cristal es una de las principales barreras que aún enfrentan las mujeres en el ámbito laboral.
‘Estas barreras no escritas dificultan que las mujeres accedan a puestos de alta dirección, especialmente en el sector privado. Aunque hemos avanzado en el ámbito público gracias a la paridad de género, todavía persisten obstáculos en las organizaciones privadas, donde la cultura sigue favoreciendo a los hombres en posiciones de liderazgo’.
Las brechas laborales en el país
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó que en 2024 los hombres recibieron en promedio 34.2% más por hora trabajada que las mujeres.
A nivel nacional, la participación laboral femenina se mantiene en 45%, mientras que la de los hombres es de 78%.
Además, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) señala que 54.3% de la población ocupada trabaja en el sector informal, donde las mujeres tienen menor acceso a seguridad social y derechos laborales.
En ese sentido, Gómez Madrid destacó que la brecha salarial está directamente relacionada con la falta de políticas laborales que permitan a las mujeres acceder a empleos estables y bien remunerados.
‘Muchas trabajan en condiciones precarias. Se les contrata con sueldos más bajos y en empleos inestables. Además, enfrentan una doble jornada, porque después de su empleo remunerado continúan con el trabajo de cuidados en casa’.
La doble jornada, invisibilizada
El trabajo de cuidados es otro factor que limita la independencia económica de las mujeres. La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) reportó que las mujeres dedican 76.8 horas semanales a labores de cuidado, frente a las 70.7 horas que destinan los hombres.
Gómez Madrid explicó que el cuidado es visto como una responsabilidad individual y no como un derecho colectivo.
‘Necesitamos un sistema de cuidados que permita a las mujeres acceder al mercado laboral sin que esto signifique abandonar a las personas que dependen de ellas’.
La especialista subrayó que las mujeres que acceden a cargos de toma de decisiones suelen pagar un costo alto.
Esto porque cuando una mujer llega a un puesto directivo, enfrenta una mayor exigencia social. Se espera, dijo, que demuestre su capacidad constantemente y que ejerza un liderazgo distinto al de los hombres.
‘Muchas terminan asumiendo cargas laborales excesivas y renunciando a su tiempo personal para cumplir con estas expectativas’.
Mujeres, a la cabeza y con menos oportunidades
El crecimiento de hogares encabezados por mujeres refleja otra dimensión de la desigualdad económica. Aunque 40% de las mujeres en México son económicamente activas en el mercado formal, muchas enfrentan condiciones laborales inestables.
La docente de la UAEMex explicó que el modelo de familia tradicional ha cambiado, pero las políticas públicas aún no lo reflejan.
Destacó que es urgente que los programas de apoyo y los esquemas de seguridad social reconozcan las nuevas estructuras familiares y generen mecanismos para garantizar el acceso de las mujeres a empleos formales.
8M: Un día de reflexión y lucha
El 8 de marzo es un momento clave para reflexionar sobre los avances y pendientes en materia de igualdad de género, afirmó la especialista en Género. Aunque se han logrado cambios importantes en términos de paridad política y acceso a la educación, la desigualdad estructural sigue presente.
‘Quizá no veamos la igualdad sustantiva en nuestra generación, pero cada avance que logremos hoy marcará la diferencia para las próximas décadas. La clave está en impulsar políticas que transformen la realidad de las mujeres y garanticen que la equidad de género sea una práctica cotidiana y no solo un ideal’.
Cabe destacar que, aunque ya es un derecho constitucional, especialistas en materia de Género proyectan que tomará 100 años para que la igualdad sustantiva y el acceso a los derechos sea una realidad para todas las mujeres en el país.