Causales del retraso de Zacatecas han sido el aislamiento, la ausencia de voluntad colectiva y la permanente exclusión de los otros, sean amigos, compañeros, correligionarios o adversarios y, arrinconados en el conformismo por vivir sin alteraciones en esta Suave Patria, por décadas se ha impedido la inserción en el ritmo del desarrollo regional y evitado que sean generados escenarios progresistas y de modernidad, que a éstas alturas, serían verdaderos impulsores del bienestar que ahora se promueve y de la construcción de la paz y tranquilidad que gradualmente se alcanza, para que sean reabiertos los cauces a la corresponsabilidad en el crecimiento económico y desarrollo social.
Éstos nuevos tiempos se sacuden hacia la transformación con fuertes dosis de modernidad, no se puede negar que en éstos momentos la histórica megamarcha del lunes 24 de febrero mantiene la continuidad de impactos trascendentes, repercusiones muy positivas para revertir las imágenes negativas que han desgastado al estado por la violencia, inseguridad, la desigualdad, el estancamiento y la pobreza de amplios sectores de la población, y por lo pronto, la gran cobertura informativa nacional a través de los medios impresos, las redes sociales, la radio y televisión, han colocado a Zacatecas en una vigorosa dimensión de participación ciudadana, movilización sindical y conquista de derechos laborales con reafirmación de la libertad de expresión, una panorama que traduce una nueva cultura democrática y cultural.
Diez sexenios y un irrelevante quinquenio han transcurrido y en esos 65 años de vida política y sindical, el corporativismo era dominante y no se había registrado un acontecimiento de movilización magisterial con innegable esencia política y social, como la multitudinaria, estruendosa, combativa y ordenada marcha y concentración liderada por los maestros de las Secciones 34 y 58 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, ahora más identificados con la potencialidad de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.
A muchos zacatecanos y mexicanos atentos al acontecer aquí, sobre todo a la clase política, llamó la atención que la sorprendente, emotiva y organizada gigantesca marcha que desbordó las calles, callejones y avenidas hasta la Plaza de Armas, que resultó colmada por insuficiente ante la caravana de más de 40 mil personas, no motivó una mención o referencia del inquilino del Palacio de Gobierno ni del líder en la Cámara de Diputados, porque se quiera o no admitir, no hacerlo con respeto y reconocimiento, ha sido un desperdicio de la maravillosa oportunidad para acercamiento, hasta enlazarse con la participación docente y ciudadana, gesto que nada les quita y mucho les fortalece.
Las condiciones de conflictividad han quedado atrás, el diálogo y el consenso han sido productos alentadores para las fuerzas magisteriales y el gobierno estatal, se ratifica la unidad de las secciones magisteriales y de sus adherentes y aliados en el mismo sistema educativo, que ahora es otro, más renovado, más comprometido con la sociedad y con los alumnos, y cuyas luchas reivindicatorias acatadas y respetadas por los poderes, han conformado un episodio que materializa la inserción del estado en la modernización por las vías de la educación y que reorienta a los gobiernos a que sean incluyentes, integradores y reunificadores de los esfuerzos de todos por el progreso de Zacatecas.