Zacatecas mantendrá sin cambios los precios del gas LP del 5 al 11 de abril de 2026, conforme a la última lista publicada por la Comisión Nacional de Energía.
El Sábado de Gloria en Jerez reunió a más de 60 mil asistentes con cabalgata, quema de Judas y reapertura del jardín principal, comenzando así la Feria de Primavera.
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Al momento de compartir estas ideas con ustedes el reloj cruza el meridiano, es el 01 de junio del año 2025, una fecha que marcará la puesta en operación de una aventura institucional cuyos resultados son inciertos. La elección por voto directo de quienes habrán de integrar el Poder Judicial está en marcha.
Es una casualidad, una coincidencia, que al tiempo que México se monta en un tren sin retorno, cuyo destino nadie conoce, aunque muchos anticipan, lleguen vientos helados que golpean su territorio y su nombre: un estudio especializado en economía global, elaborado por un gabinete de expertos denominado TMF Group, responsable de desarrollar un modelo para medir el Índice Global de Complejidad Corporativa, ubica a México como el tercer PEOR país para hacer negocios, sólo después de Grecia y Francia.
Mediante una metodología que involucra 292 indicadores, agrupados en cuatro grandes grupos de: 1. Percepción comercial; 2. Bases económicas; 3. Marco institucional y, 4. Normas y políticas internacionales, México quedó al desnudo, literalmente encuerado dejando ver sus vergüenzas. Un estudio que circula a nivel global y que da cuenta cómo se ve este país desde afuera, desde el escritorio de los dueños del capital con los ojos puestos en los resultados, resultados necesarios para tomar sus decisiones de inversión. El tercer peor país en ambiente de negocios, orgulloso poseedor de una madeja inentendible e inacabable de trámites, permisos, avisos, constancias, peritajes, dictámenes, que se entregan en la ventanilla 1 y se repiten en la 2, 3, 4… 75.
Es complejo entender cómo teniendo esa mancha de realidad, México siga rompiendo récords en los flujos de inversión extranjera directa, ocupando el segundo lugar dentro de las economías emergentes, sólo después de Brasil. ¿Entonces, qué locura es ésta? ¿Es posible explicarlo? Le comparto mi opinión.
Si bien es cierto México es laberíntico en trámites burocráticos, y dueño de una fama bien ganada de corrupto, no es menos cierto que esas dantescas realidades equilibran las ventajas que también posee: posición geográfica, mano de obra calificada y barata, y una amplísima red de tratados de libre comercio, especialmente el T-MEC. Todo juega.
En el informe comentado, los especialistas destacan la complejidad del sistema tributario, la debilidad institucional y la maraña regulatoria como elementos determinantes de la vergonzosa definición como el tercer peor país para hacer negocios. Sin embargo, insisto, las malas notas deben mezclarse con las buenas para obtener un balance objetivo, sólo así puede comprometerse una opinión que explique los crecientes flujos de inversión extranjera directa. Para ello, debe añadirse la composición de la inversión extranjera directa, considerando que el flujo se determina con la suma de tres fuentes: empresas extranjeras nuevas, préstamos intercompañías y reinversión de utilidades. Ahí es donde encuentro otra rendija que construye mi análisis.
En las economías emergentes hay tres países que recogen las mayores cantidades de inversión extranjera directa, Brasil, México y Chile, en ese orden; sin embargo, la composición es distinta, mientras que Brasil y Chile meten 53 y 59.1 porciento de la vertiente “empresas nuevas”, México sólo alcanza un lejano 36.8 por ciento. En cambio, de la vertiente “reinversión de utilidades” México mete el 53.2 por ciento, mientras que Brasil y Chile tienen 32.7 y 38.3 por ciento, respectivamente. Es decir, la inversión extranjera directa en México NO representa empresas nuevas, es reinversión de las utilidades que obtienen las empresas ya asentadas aquí. Ahh, ok.
Estimados lectores, México tiene tres desafíos que ameritan urgente atención: un nuevo sistema tributario, una desregulación en serio y un combate a la corrupción que sea verdadero, no cosmético ni retórico. También necesita fortalecer sus instituciones, sobre todo las diseñadas como contrapesos al poder supremo, no debilitarlas y menos desaparecerlas. No, no quiero verme romántico ni soñador, vayamos con una a la vez, empecemos ya. Ojalá que así fuera. De no hacerlo, lo que hoy es una nueva amenaza, será una lamentable realidad.