Introducción:
Las políticas públicas actuales han utilizado al Derecho Penal como la vía más rápida y efectiva para responder a la presión social que exige del Estado una solución frente a la pobreza y la delincuencia, la criminalización de la pobreza se origina como la primera opción frente al manejo y contención de todas aquellas personas que; por no ser productivas para los intereses del Estado.
Desarrollo:
A pesar de ello, sigue siendo el sistema de control social más extendido y utilizado por los Estados, que ven en él la solución mágica para controlar la delincuencia, generar la pobreza, y así evadir sus responsabilidades con relación a las obligaciones sociales pendientes, que son más costosas y comprometidas, pero las únicas capaces de incidir y reducir las causas estructurales de aquellas.
Por lo tanto, es más frecuente que, para hacer frente a los problemas sociales, se verifica un notable incremento de las tasas de encarcelamiento, pues los encarcelados en su mayoría son personas que se encuentran en situación de pobreza, marginados, estigmatizados, catalogados de peligrosos expuestos constantemente a la violencia y al delito, rotulados bajo la etiqueta común de delincuentes callejeros.
Tal como lo describe Young, “vivimos en una sociedad profundamente distópica, plagada de dicotomías, en donde las estructuras se están llevando a sus máximos de tolerancia, un ejemplo de esto lo tenemos en Estados Unidos, quien tiene a su democracia al límite; el encarcelamiento de la mayoría de los jóvenes negros y personas empobrecidas es impresionante, mientras el archipiélago carcelario se va expandiendo a través del fenómeno del encarcelamiento, en realidades como la latinoamericana, el delito violento se ha convertido en parte de la vida cotidiana”.
Nuestras sociedades occidentales actuales, se debaten entre añoranzas de un pasado que se cree fue mejor y un futuro vertiginoso, marcado por los rápidos influjos del mercado, la tecnología y los medios de comunicación, que se fusionan con escenarios panópticos de control, y nos llevan a creer en un peligroso futuro, en donde todas las actividades humanas pueden llegar a ser controladas, sea por el desarrollo de dispositivos biológicos, exploración de bases de datos, cámaras en casi todos los lugares públicos y privados, o la difusión de mensajes hegemónicos que construyen enemigos, conciencias y percepciones, según dicten las necesidades del poder.
Conclusión
En sí mismo, los avances tecnológicos no son malos, tampoco los medios de comunicación ni el Derecho Penal, pues constituyen herramientas útiles que, si son bien utilizadas por el Estado, permiten mantener una convivencia armoniosa y pacífica; el problema radica en que estas herramientas respondan a políticas correctas, considerándose ante todo el respeto irrestricto de los derechos humanos.
1 YOUNG, J., La sociedad “excluyente” Exclusión social, delito y diferencia en la Modernidad Tardía, Marcial Pons, Madrid, 2003, pp. 293-294. 6