Ponciano Rodríguez enfatizó que la nicotina es una sustancia altamente adictiva, especialmente peligrosa para niñas, niños, jóvenes, adultos y mujeres embarazadas.
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Investigaciones han detectado que algunas de estas bolsas contienen nitrosaminas, compuestos químicos contaminantes / Foto: Cortesía / UNAM
Aunque algunas personas consideran que las llamadas bolsas de nicotina pueden funcionar como un reemplazo para dejar de fumar, en realidad no son una alternativa segura, ya que existe el riesgo de generar una nueva adicción debido a su alto contenido de nicotina y otras sustancias químicas, advirtió Guadalupe Ponciano Rodríguez, académica de la Facultad de Medicina de la UNAM.
La especialista, quien también coordina el Programa de Investigación y Prevención del Tabaquismo de dicha entidad universitaria, explicó que el uso crónico de las bolsas de nicotina provoca diversas afecciones a la salud. Subrayó que, en México, los únicos tratamientos que han demostrado seguridad y eficacia para dejar de fumar son los parches de nicotina, la goma de mascar, así como los tratamientos no nicotínicos como el bupropión y la vareniclina, que se administran en tabletas.
En este contexto, detalló que las bolsas de nicotina, también conocidas como productos modernos de nicotina oral, son de tamaño reducido —aproximadamente uno por dos centímetros— y están rellenas de fibras, generalmente vegetales, impregnadas de nicotina, que en la mayoría de los casos es sintética.
Investigaciones han detectado que algunas de estas bolsas contienen nitrosaminas, compuestos químicos contaminantes con alto potencial cancerígeno, además de aromatizantes, saborizantes y metales pesados como el cromo.
Su apariencia es similar a la de una pequeña bolsa de té. Para su consumo se colocan entre el labio superior y la encía, donde la nicotina es absorbida a través de la mucosa bucal y pasa a la circulación sanguínea, distribuyéndose por todo el organismo, explicó la académica.
Guadalupe Ponciano señaló que los estudios científicos disponibles muestran un aumento sostenido en el uso de bolsas de nicotina, especialmente entre jóvenes. Actualmente, Europa del Norte, el Reino Unido y Estados Unidos (EUA) concentran gran parte del mercado, aunque su presencia crece en América Latina.
En los países nórdicos se reportan prevalencias de hasta 20 por ciento en adultos jóvenes, mientras que en EUA el consumo en adolescentes continúa en ascenso.
Las bolsas de nicotina surgieron en Europa a principios de la década de 2010, como una derivación del snus sueco, impulsadas por empresas tabacaleras que buscaban nuevas formas de expansión ante las restricciones al tabaco combustible. Su crecimiento se aceleró a partir de 2017, con la entrada de marcas globales.
La experta calificó como preocupante su consumo, ya que, dependiendo de la marca, contienen concentraciones que van de tres a 50 miligramos de nicotina. “Es una locura, porque seis u ocho miligramos ya es demasiado cuando se administra vía oral”, afirmó.
En entrevista, explicó que la nicotina no tiene el mismo efecto cuando ingresa al organismo por el aparato respiratorio que cuando lo hace por vía oral. Recordó que su toxicidad es ampliamente conocida, al grado de que el extracto de tabaco se ha utilizado históricamente como insecticida natural.
Al mantener las bolsitas de nicotina en la boca durante un promedio de 30 minutos, pueden provocar aftas, úlceras, abscesos periodontales, pérdida de dientes, gingivitis e inflamación de las encías, además de alterar la microbiota bucal y la composición de la saliva.
Cuando la nicotina llega al cerebro, estimula la liberación de dopamina, un neurotransmisor asociado con sensaciones de placer y bienestar. En este caso, explicó la especialista, el efecto adictivo se intensifica por la combinación de nicotina y saborizantes.
La saliva que se deglute durante su uso pasa por el aparato digestivo, lo que puede ocasionar inflamación estomacal, dolor abdominal, gastritis, colitis y erosión de la mucosa gástrica. Además, existen repercusiones cardiovasculares graves, como el riesgo de infarto al miocardio o un evento vascular cerebral.
La universitaria indicó que las empresas tabacaleras emplean una gran cantidad de saborizantes y sustancias químicas para hacer estos productos más atractivos y ocultar el olor desagradable de la nicotina. Se comercializan en sabores como menta, hierbabuena y mora azul, lo que reduce la percepción del riesgo entre las personas consumidoras.
Desde el punto de vista jurídico, no se clasifican como productos de tabaco, al contener nicotina sintética, lo que ha permitido a la industria aprovechar un vacío legal. A diferencia de las cajetillas de cigarros, carecen de advertencias sanitarias y pictogramas, lo que genera la falsa idea de que son inofensivas.
Ponciano Rodríguez advirtió que violan la ley y no existe una instancia reguladora, situación que provoca que, principalmente jóvenes, las perciban como productos no nocivos y atractivos. Al no estar reguladas, pueden adquirirse en tiendas de conveniencia, colocadas junto a dulces y golosinas, sin restricción para menores de edad.
Finalmente, alertó que si un niño o niña de cuatro o cinco años las ingiere al confundirlas con un dulce, puede sufrir unaintoxicación por nicotina, con síntomas como náuseas, vómito, convulsiones, depresión respiratoria e incluso la muerte.
“Desafortunadamente, en la clínica hemos atendido a pacientes que consumen bolsas de nicotina en el trabajo, vapean al salir a comer y fuman cigarros tradicionales al llegar a casa. Esto es, literalmente, una bomba de tiempo para su salud”, concluyó la especialista de la UNAM.