Ciencia y Saludlunes, 1 de diciembre de 2025
Mal uso de IA reduce actividad cerebral: UNAM
Según diversas investigaciones, las personas que utilizan ChatGPT presentan un menor procesamiento cognitivo
Héctor Román / El Sol de Zacatecas

La atrofia por desuso puede provocar que el cerebro se vuelva hipoactivo, generando una “mente delegada” a la que “le da flojera pensar”. Esta situación incluso podría derivar en una involución de la inteligencia, un riesgo real que fue expuesto durante la conferencia “El costo cognitivo de la conveniencia: Cómo la IA impacta nuestro cerebro”.
Por ello —advirtió la especialista— es fundamental comprender que, bien utilizada, la inteligencia artificial funciona como un multiplicador de productividad, pero debe asumirse únicamente como una herramienta de asistencia, no de autoría. Estas reflexiones fueron compartidas durante el Noveno Festival de Neurociencias, Neurofest 2025, organizado por la Dirección General de Divulgación de la Ciencia.
De acuerdo con diversas investigaciones, las personas que utilizan ChatGPT presentan un menor procesamiento cognitivo y reducen su capacidad de raciocinio, lo que afecta su habilidad para razonar, tomar decisiones y mantener una ideación crítica. En comparación, quienes emplean buscadores como Google muestran mayor actividad cerebral, pues “no dependemos completamente de ellos”.
Ante esta situación, la especialista exhortó a los asistentes reunidos en el Foro de Química del Universum, Museo de las Ciencias de la UNAM, a evitar que la IA realice su trabajo académico. “Al final, la que aprende es ella, no nosotros”, enfatizó.
Explicó que, cuando el cerebro pierde conexiones, las neuronas mueren, por lo que es esencial estimular al sistema nervioso para generar nuevas redes y prevenir alteraciones a largo plazo. La IA, subrayó, implica un costo cognitivo y un riesgo considerable para el desarrollo cerebral, pues disminuye habilidades fundamentales y afecta la profundidad conceptual necesaria para comprender procesos complejos.
Otro punto crítico es la disminución de la escritura a mano, ya que esta actúa como un catalizador neurobiológico para el aprendizaje profundo, mientras que la escritura digital se limita a optimizar la comunicación y la productividad. “La evidencia sugiere que sustituir lápiz y papel por el teclado modifica profundamente los procesos de aprendizaje y las conexiones cerebrales”, advirtió.
La especialista señaló que existe una preocupación creciente por la posible atrofia cerebral derivada del uso inadecuado de las nuevas tecnologías. Recordó que los primeros homínidos ya poseían un cerebro inteligente capaz de crear herramientas y sobrevivir en entornos adversos, generando conectomas, es decir, conexiones entre distintas áreas cerebrales que permiten un aprendizaje más efectivo.
A esta capacidad la llamamos inteligencia: la facultad de resolver problemas, procesar información y desarrollar actividades específicas mediante el aprendizaje. Aunque los humanos primitivos tenían un cerebro conectado, el gran salto en los procesos cognitivos superiores llegó con el Homo sapiens moderno, cuyos avances se han heredado generacionalmente.
Durán Hernández recordó que, desde la era digital iniciada en la década de 1980, la aparición de internet revolucionó la comunicación. Hoy en día, las generaciones millennial y Z son nativas digitales y no imaginan un mundo sin asistentes como Alexa, Siri o Gemini.
La científica destacó la importancia de fomentar el lenguaje matemático desde la infancia, ya que crea conexiones cerebrales esenciales para el pensamiento abstracto y crítico. Añadió que las aplicaciones de la IA están presentes en la industria, salud, finanzas, transporte y ciencia, donde ha permitido avances que antes requerían años. Sin embargo, insistió en la necesidad de evaluar críticamente sus resultados.
En la vida diaria —dijo— recurrimos a la banca electrónica, a las compras en línea y a dispositivos como el reloj inteligente, que han mejorado la calidad de vida. No obstante, la experta insistió en que, ante el acelerado desarrollo de la IA en los últimos cinco años, quienes no son nativos digitales deben alfabetizarse tecnológicamente, mientras que las nuevas generaciones deben aprender a utilizar estas herramientas de manera ética para mantener un cerebro activo y conectado.