El Horizonte Sudcaliforniano / Irán… ¿y nosotros qué?
Cuando estalla una guerra en lo que solemos llamar “Medio Oriente”, en Baja California Sur la reacción más común suele ser la misma:
¿Y eso qué tiene que ver con nosotros?
Mucho más de lo que parece.
No es casual que allí se acumulen guerras, bases militares y conflictos permanentes.
El problema es que la crítica legítima al régimen iraní suele convertirse en justificación para algo más profundo: la disputa geopolítica por el control energético del sur global.
Ahí entran Estados Unidos e Israel.
Pero la energía no es lo único que se mueve.
Los metales industriales también están reaccionando:
● El aluminio subió más de 3 % ante el temor de interrupciones en rutas de suministro desde la región.
● El cobre comenzó a caer por el temor a una desaceleración industrial global.
● Las empresas del sector acero y metales han registrado caídas bursátiles por la incertidumbre en las cadenas de suministro.
¿Por qué importa esto en Baja California Sur?
Porque vivimos en una economía globalizada aunque estemos rodeados de mar.
Cuando suben el petróleo, el acero, el aluminio o el cobre, suben también los costos de construcción, infraestructura y transporte. Suben los precios de maquinaria, de barcos, de carreteras, de viviendas.
Y Baja California Sur depende profundamente de esos insumos.
La guerra en Asia Occidental no está tan lejos cuando impacta el precio del cemento, el transporte marítimo o los materiales de construcción.
Pero hay un punto más profundo.
El conflicto no sólo tiene que ver con petróleo o religión. También tiene que ver con el nuevo orden geopolítico del siglo XXI.
La disputa por Asia Occidental también es una disputa por el futuro equilibrio del poder mundial. Y ahí es donde México —y estados como Baja California Sur— deberían sacar una lección.
En un mundo donde los conflictos por energía, minerales y rutas comerciales definen la política internacional, la soberanía económica y energética vuelve a ser una cuestión central.
No basta con observar los conflictos desde lejos. Hay que entender cómo impactan nuestras economías locales. Y actuar preventivamente. Prepararnos, autosuficiencia.
Porque la globalización tiene esa paradoja:
las guerras pueden estar a diez mil kilómetros de distancia…
pero el precio de los materiales para construir tu casa puede depender de ellas. Irán puede parecer lejano.
Pero cuando el mundo tiembla en el estrecho de Ormuz, el eco también llega hasta el Pacífico mexicano.














