En cuanto a las razas de abejas utilizadas, la más común es la abeja italiana (Apis mellifera ligustica), elegida principalmente por su temperamento dócil, lo que facilita su manejo.
“No es la más productora, pero equilibra miel y temperamento”, explica el especialista. También se encuentran en menor proporción razas como la carniola y la caucásica.
¿Cuánto cuesta el litro de miel en Baja California Sur?
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Especialistas recomiendan no intervenir ni destruir estos grupos de abejas, ya que suelen permanecer solo un par de días antes de continuar su ruta. / Foto: Alberto Cota / El Sudcaliforniano
La Paz, Baja California Sur. – Con una producción anual que ronda las 220 toneladas, la apicultura en Baja California Sur sobrevive entre retos cada vez más complejos: sequía, uso desmedido de pesticidas, urbanización creciente y una preocupante disminución de abejas.
Mauricio Guadalupe Castro Cosio profesor investigador adscrito al departamento académico de agronomía de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), explica que las lluvias irregulares condicionan directamente la floración y, por ende, la producción de miel en el estado.
“Dependemos mucho de la lluvia; cuando falla, la producción es más baja”, señala. En años secos, muchas colmenas no producen y los apicultores, sobre todo los pequeños, enfrentan pérdidas económicas considerables.
Según datos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), Baja California Sur se ubica dentro de la región Norte, que aporta apenas el 7.4% de la producción nacional de miel. Aunque marginal a nivel país, la actividad tiene un valor ambiental y económico significativo en la región.
Mario Castro, investigador de la Universidad Autónoma de Baja California Sur. / Foto: Emilio Avendaño / El Sudcaliforniano
La mayor parte de la producción estatal se concentra en los municipios de Los Cabos y La Paz, donde la vegetación más diversa y la cercanía con zonas turísticas favorecen la venta directa. Les siguen, aunque en menor medida, Comondú, Loreto y Mulegé.
El aislamiento geográfico de la península no ha limitado la propagación de la llamada abeja africana o africanización, característica que se le dio por una creación coordinada por la intervención humana con el fin de hacer una raza más eficiente en términos de producción.
Se dice que es más agresiva pero en realidad tiene métodos de defensa un poco más masivos que otras razas pero Mauricio recuerda que no se les tiene que tener miedo y tratar con respeto pues si no se les molesta no son violentas. La situación de la apicultura sudcaliforniana se complica por factores que han ido mermando la salud de las colmenas. Uno de los más preocupantes, indica Castro, es el uso intensivo de plaguicidas agrícolas, que representa la principal causa de muerte para las abejas.
A ello se suma la pérdida de cobertura vegetal ocasionada por la expansión urbana, lo que reduce significativamente las fuentes de néctar disponibles. La escasez de agua, con precipitaciones que apenas superan los 200 milímetros anuales, limita aún más las floraciones.
Además, la falta de organización entre productores impide acceder a apoyos o incidir en la regulación del mercado. A esto se añade la competencia desleal que representa la comercialización de miel adulterada, una práctica que afecta gravemente a los productores que trabajan con miel pura. “Se mezcla alta fructosa y se vende al mismo precio; es un fraude”, afirma el investigador.
Respecto al valor comercial, Castro indica que el litro de miel sudcaliforniana se vende en mercados locales a precios que oscilan entre los 180 y 200 pesos.
La producción anual en Baja California Sur se estima en alrededor de 220 toneladas, con una variación de ± 20 toneladas según las condiciones climáticas del año. Este volumen se destina casi en su totalidad al consumo interno, especialmente en los sectores turístico y comercial. La exportación es muy reducida y se limita a pequeñas partidas artesanales.
Frente a este panorama, el especialista propone acciones simples pero efectivas que pueden emprenderse desde la ciudadanía para proteger a estos polinizadores. Una de ellas es evitar destruir enjambres en tránsito.
“Si ves una bola de abejas posada en tu árbol, déjalas descansar uno o dos días; seguirán su viaje sin problema”, recomienda y agrega que un envase con agua y un poco de azúcar puede ser un buen gesto para estos polinizadores por excelencia.
También sugiere mantener patios limpios y sellar huecos en muros para evitar que las abejas formen nidos dentro de las viviendas. Desde el entorno doméstico, se puede contribuir plantando especies como bugambilias, mezquites y huizaches, que ofrecen floración en temporadas secas.
Reduce el uso de insecticidas convencionales y opta por alternativas orgánicas. Otro consejo importante es adquirir miel local, preferentemente cristalizada, ya que esta condición indica pureza. “La cristalización es señal de calidad”, afirma Castro.
El riesgo de perder a las abejas, advierte el investigador, no es menor. Si no se revierte la disminución de sus poblaciones, se vería comprometido un tercio de los alimentos que consumimos, especialmente frutas, nueces y hortalizas que dependen de la polinización.
Para evitarlo, considera urgente fomentar prácticas agroecológicas, exigir regulaciones más estrictas sobre las mieles adulteradas y fortalecer la organización de los productores. “La mejor defensa de las abejas es nuestra propia conciencia: respetarlas hoy, garantiza frutas, flores y vida mañana”, concluye.