De acuerdo con información publicada por la Secretaría de Salud Federal, la parálisis cerebral agrupa distintos trastornos que afectan de manera permanente la movilidad y la coordinación del cuerpo.
El Día Mundial de la Parálisis Cerebral busca que la sociedad reconozca la condición, comprenda sus particularidades y contribuya a que niñas, niños y adultos con esta discapacidad tengan acceso a oportunidades y derechos en igualdad de condiciones.
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Un menor con parálisis cerebral recibe apoyo para trasladarse en silla de ruedas, un ejemplo de la atención y acompañamiento que requieren en su vida diaria. / Foto: Cortesía / IMSS
Esto ocurre cuando el cerebro sufre una lesión o no se desarrolla de manera adecuada antes,durante o poco después del nacimiento. La dependencia federal explica que, aunque la condición no empeora con el tiempo, algunos problemas pueden volverse más evidentes a medida que los niños crecen.
La principal dificultad radica en que el cerebro no siempre logra enviar correctamente las señales a los músculos. Esto puede afectar la postura, el equilibrio y la capacidad de realizar movimientos voluntarios. La Secretaría de Salud advierte que, además de estas limitaciones motoras, algunas personas presentan alteraciones en la percepción sensorial, la comunicación o el desarrollo cognitivo.
Entre los factores que pueden originar la parálisis cerebral se encuentran complicaciones durante el embarazo o el parto, lesiones cerebrales en los primeros años de vida, infecciones como meningitis o encefalitis, y problemas en el flujo sanguíneo hacia el cerebro.
Los síntomas y su gravedad dependen del tipo de lesión cerebral y la zona afectada. Pueden incluir rigidez o debilidad muscular, movimientos involuntarios, dificultades para hablar o tragar, y problemas para coordinar acciones precisas. Los especialistas clasifican la parálisis cerebral en cuatro tipos:
Espástica: rigidez muscular y control limitado de movimientos; es el tipo más frecuente.
Discinética: movimientos lentos e incontrolables de brazos, piernas, manos o rostro.
Atáxica: afecta el equilibrio y la coordinación, provocando marcha inestable y dificultades para movimientos precisos.
Mixta: combina síntomas de varios tipos, con rigidez en algunas zonas y flacidez en otras.
La Secretaría de Salud Federal señala que existen factores de riesgo que aumentan la probabilidad de que un bebé nazca con parálisis cerebral. Entre ellos están los nacimientos prematuros o con bajo peso, embarazos múltiples, infecciones durante la gestación, exposición a sustancias tóxicas, complicaciones en el parto y convulsiones en los primeros días de vida.
El diagnóstico suele realizarse antes de los dos años de vida, aunque en casos leves puede retrasarse hasta los cuatro o cinco años. Para confirmar la condición, los médicos utilizan herramientas como ultrasonido craneal, tomografía computarizada o resonancia magnética, que permiten observar posibles alteraciones en el cerebro.
Aunque no existe un tratamiento que cure la condición, la atención temprana y constante puede mejorar la movilidad, la fuerza muscular y la calidad de vida de los niños. Según la Secretaría de Salud, los planes de tratamiento se diseñan de manera individual e incluyen fisioterapia, terapia ocupacional, del habla y del lenguaje, actividades recreativas y apoyo en la alimentación y la salivación. La intervención temprana es clave para favorecer la independencia y el desarrollo de habilidades.
Sesión de fisioterapia enfocada en mejorar la movilidad y coordinación muscular de niñas y niños con parálisis cerebral. / Foto: Cortesía / IMSS.
En La Paz, Gabriela Jiménez, madre de Karol, de 13 años, relató cómo fue recibir el diagnóstico de su hija y cómo ha sido el camino para adaptarse a la vida cotidiana. Karol tiene afectación motora en el lado izquierdo de su cuerpo y discapacidad intelectual, pero con terapias constantes ha logrado movilidad, autonomía en actividades diarias y comunicación efectiva.
“Cuando nos dieron el diagnóstico fue un camino de dudas e incertidumbre. En el centro de rehabilitación nos guiaron para crear un plan de vida y establecer metas alcanzables”, explicó Jiménez. La madre añadió que su hija puede realizar muchas actividades por sí misma, como desplazarse dentro de la casa, asearse, vestirse y manejar utensilios, aunque todavía requiere apoyo en algunas tareas.
Uno de los mitos más comunes que enfrenta la familia, señaló Gabriela, es la percepción de que las personas con parálisis cerebral no comprenden lo que sucede a su alrededor. “Sí entiende y puede responder a órdenes. La condición limita funciones físicas y, en algunos casos, cognitivas, pero no significa que no pueda aprender ni participar en la vida cotidiana”, aclaró.
Karol, en una foto de su infancia, participa en actividades recreativas mientras recibe apoyo de su familia y terapeutas, lo que le ha permitido desarrollar movilidad y autonomía a lo largo de los años. / Foto: Cortesía / Gabriela Jiménez
En cuanto a los retos sociales, Jiménez comentó que la infraestructura y la sensibilización de la sociedad representan un desafío. Trasladar a Karol en silla de ruedas por banquetas o aeropuertos a veces resulta complicado, y la ayuda de terceros no siempre está disponible.
Para otras familias que enfrentan un diagnóstico similar, Gabriela recomienda constancia y seguimiento profesional: “El diagnóstico no es una sentencia. Siempre se puede trabajar para mejorar la calidad de vida de nuestros hijos. La constancia y la búsqueda de apoyo son fundamentales”, concluyó.