“Sigue siendo un mito muy fuerte el ir a la playa, abrir una ostra y encontrar una perla, aunque eso es rarísimo. La mayoría de las perlas provienen de una técnica de microcirugía muy precisa”, añadió.
Investigación y tecnología: laboratorio UABCS en Pichilingue
En su último contacto con otro grupo de la universidad, mencionó que han tenido dificultades para encontrar suficientes ejemplares naturales dentro de la bahía de La Paz.
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Pinctada mazatlanica o madre perla / Foto: Cortesía / Andrés Granados
La Paz, Baja California Sur.- Este 5 de agosto se conmemora el Día Mundial de las Ostras, y en Baja California Sur, estos moluscos no solo tienen un valor ecológico, sino también una profunda carga simbólica, histórica y productiva.
En la capital del estado, investigadores de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) llevan años desarrollando estudios en laboratorio para mejorar su aprovechamiento controlado, proteger a las poblaciones silvestres y conservar una tradición que, aunque poco visible, forma parte de la identidad local.
“Las ostras, en particular las ostras perleras, son las que tienen mayor importancia comercial por su capacidad de formar perlas de distintos **colores y tamaños”, explicó el profesor Andrés Granados Amores, responsable del Laboratorio de Producción Acuícola de la Unidad Académica Pichilingue de la UABCS.
México alberga cuatro especies principales de ostras perleras: Pinctada mazatlanica y Pteria sterna son las más comunes en las costas del Pacífico. La primera, también conocida como madreperla, puede alcanzar tonalidades que van del plateado al negro; la segunda, conocida como ostra alada, es famosa por su coloración tornasol, razón por la que también se le llama “perla arcoíris”.
Juveniles de Pteria sterna o concha nácar / Foto: Cortesía / Andrés Granados
Entre otras restricciones, la norma prohíbe la extracción directa y exige que los organismos se capten de forma controlada y no antes de los 14 meses de vida, para asegurar al menos un ciclo reproductivo completo.
El arraigo de estos moluscos en Baja California Sur no es reciente. “La historia principalmente de La Paz está marcada por la producción de perlas en Isla Espíritu Santo y por la granja de Gastón Vives”, señaló Granados. Aquel experimento pionero, a finales del siglo XIX, puso a la península en el mapa internacional de la perlicultura.
En el laboratorio de la UABCS, ubicado en la Unidad Académica de Pichilingue, se trabaja para producir semilla de calidad que no dependa de la colecta silvestre y que pueda apoyar a la industria perlera, como lo hace actualmente la empresa Perlas de La Paz. Para lograrlo, se han desarrollado protocolos de reproducción en cautiverio y experimentos de mejora genética.
En Baja California Sur, Pinctada mazatlanica y Pteria sterna son las especies nativas más comunes de ostras perleras, ambas protegidas por normas oficiales mexicanas / Foto: Cortesía / Andrés Granados
“Estamos trabajando con triploidías. Es una técnica en la que al manipular genéticamente al animal se evita que destine energía a la reproducción, y eso se traduce en mayor crecimiento y mejor resistencia a factores de estrés como la temperatura”, explicó.
Esta manipulación busca garantizar un suministro constante de semillas sin afectar los bancos naturales y, al mismo tiempo, adaptarlas mejor a las condiciones ambientales. Otra línea de investigación en curso consiste en comparar la calidad de la semilla silvestre con la semilla de laboratorio.
Una estudiante de maestría actualmente evalúa la estructura de la concha de Pteria mazatlánica para analizar diferencias morfológicas entre ambos orígenes. “El objetivo es que la industria perlera pueda nutrirse con semilla producida en laboratorio, más controlada”, dijo Granados.
Las ostras, como muchos otros moluscos bivalvos, cumplen funciones ecológicas clave: filtran el agua, aportan estructura al ecosistema y, al fijarse a las rocas o raíces, crean hábitats que benefician a otras especies. Sin embargo, también son muy sensibles a los cambios de temperatura, a la contaminación y a la presión humana.
“Cuando hay un incremento o decremento de temperatura, el animal necesita termorregularse, y eso le consume mucha energía. Si además está en reproducción, no aguanta ambos procesos y muere. Por eso producirlos en laboratorio, con ciertas modificaciones, puede ayudar a que sobrevivan mejor a estos cambios”, sostuvo el especialista.
El laboratorio de la UABCS en Pichilingue investiga cómo producir semilla de ostra perlera en condiciones controladas / Foto: Cortesía / Andrés Granados
Pero el llamado del profesor va más allá de lo técnico. “Todos los animales, no solo las ostras, deben ser manejados con respeto. Muchos de ellos están protegidos porque sus poblaciones ya fueron mermadas. No hay que extraerlos ni por curiosidad ni para consumo. Además, su músculo es tan pequeño que ni siquiera vale la pena comerlo”, advirtió.
En su opinión, la protección de las ostras es también un acto de memoria y respeto cultural. “Tienen una importancia social, cultural e histórica muy fuerte en Baja California Sur. Las historias del Mechudo, de Gastón Vives, de la Isla Espíritu Santo… todo eso forma parte de nuestra identidad. Y tenemos que cuidarlo”, concluyó.